viernes, 8 de abril de 2016

Hallazgos Inesperados: El Fuerte Invisible

Entrada Actualizada: 7/10/2016

En varias de las entradas del blog he reflejado la idea que las estructuras defensivas del XIX no siempre han sido tratadas con la “suficiente delicadeza por parte de la Arqueología o de la conservación del patrimonio”.

Ruinas del fuerte de Arraiz sobre Bilbao
Con ello no pretendo generalizar, porque siempre hay excepciones, pero es cierto, que aún siendo elementos que acaparan, o pueden llegar a acaparar, una importante atención mediática, ya sea por sus componente estético de ruina romántica o ya sea por su componente histórico; en muchas ocasiones comprobamos como languidecen, en un estado de invisibilidad, bajo el paraguas de un desconocimiento generalizado que les condena a un olvido paulatino. 

Únicamente así podemos entender la construcción de pistas forestales que cruzan sobre fuertes de las guerras carlistas o la eliminación de elementos bélicos en desarrollos urbanísticos cuyos trabajos previos nunca contemplaron la posibilidad de dotar o comprender el “valor patrimonial” de esas estructuras; o algo mucho más común en nuestro territorio: el olvido soterrado al que hemos sometido a todos aquellos elementos, independientemente de su cronología, que han quedado bajo la cubierta arbórea de nuestras plantaciones forestales. Pueden ser dólmenes, castros del hierro, fuertes napoleónicos o fortificaciones carlistas. No importa. En función de la agresividad de los trabajos de plantación y saca de madera, nos podemos encontrar que acabamos de eliminar una parte tangible de nuestra historia.

Y si hay algo que llama la atención, es que entrados ya en el siglo XXI, todavía encontremos elementos que han permanecido invisibles para la gran mayoría de nosotros. Es cierto que empiezan a despuntar estudios de corte histórico y arqueológico que tratan este tipo de fortificaciones, y en otras entradas ya he citado a autores como Juan Antonio Saenz Garcia, Alfredo Moraza Barea, Javier Buce Cabello, Iban Roldan Bergaratxea o Antxoka Martinez Velasco, que en nuestro ámbito de territorial más cercano se han encargado, y se encargan, de dejar constancia de su existencia y relevancia.

El Hallazgo

Retomo al concepto de Sistema de Información Geográfica (SIG) como elemento central para la generación de inventarios patrimoniales y, lo que no es menos importante, como elemento para el establecimiento y localización de nuevos hallazgos. 

Las nuevas tecnologías han puesto en nuestras manos la posibilidad de observar nuestro territorio a vista de pájaro; comparar viejas ortofotos con visiones modernas; superponer minutas cartográficas de principios del XX, sobre cartografía actual… y todo ello cómodamente desde el ordenador de nuestra casa. Geoeuskadi, Instituto Cartográfico Nacional, el propio GoogleEarth, nos permiten, con una facilidad pasmosa estudiar la evolución de nuestro espacio.

Y es en este ámbito de trabajo, cuando hace pocas semanas mi hermano Jon me remitió un mail con un escueto mensaje y un adjunto con una foto: “Mira esto”. Abro la foto y.... he localizado otras estructuras con infinito menos detalle, necesitando del cotejo de varias ortofotos y el uso de la capa de sombras que genera el LIDAR, y sin embargo, en aquel "pantallazo" se contemplaba con una claridad absoluta la silueta de un fuerte. 

Rápidamente comienzo una nueva sesión con mi propio GIS y me dirijo a la zona de localización: Monte Kurutzetxiki (Kurtzetxiki) sobre Arrasate…. . Coloco la última ortofoto disponible, la del 2015. Y allí están las forma poligonales que definen la planta de fuerte decimonónico ocupando un área aproximada de unos 3.000 m2, con un perímetro de más de 200 metros y con una bonita pista forestal que lo cruza de parte a parte. Sorpresa e incredulidad porque es un elemento del que desconocía completamente su existencia.
Perfil del fuerte de Kurtzetxiki sobre la ortofoto de 2015
El Fuerte Invisible

El primer paso está cumplido, la fortificación queda inventariada dentro mi propia capa shape del SIG relacionada con elementos patrimoniales bélicos y me pregunto cómo ha podido pasar desapercibida. La respuesta me la transmite la propia sucesión de ortofotos disponibles: hasta el año 2007 el fuerte estaba sepultado bajo la masa arbórea de una plantación de pinos. En el 2008 se procedió a la tala y matarrasa del pinar dentro de un plan del Consistorio de Mondragon con el objetivo de “recuperar la zona como entorno natural y paisajístico de alto valor”. 

Evolución del paisaje del Kurtzetxiki en los últimos años 
Trascurridos algunos años de cuidados del terreno, no solamente se ha recuperado el componente herbáceo que define a una pradera de montaña, sino que se ha perfilado el sistema de fosos que remataban el fuerte. Una estructura completamente invisible resurge 100 años después.

Nuevas Incógnitas y Pasos Lógicos

Por el momento desconozco que asociación cronológica tiene este elemento: Convención, napoleónico, carlista… . Se abre un abanico estupendo para realizar estudios históricos (y arqueológicos). Las primeras búsquedas sobre bibliografía de corte carlista de la última guerra no dan ningún fruto; es muy posible que sea anterior… de ser así se aleja de mi ámbito de trabajo.

He puesto en aviso a Alfredo Moraza arqueólogo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi de su ubicación. Puede que ya este catalogada, puede que no; pero nunca esta de más que los profesionales sepan de su existencia.

Puesta en Valor

El Consistorio de Mondragón ha invertido mucho esfuerzo y recursos en recobrar el uso comunal de la cima del Kurtzetxiki, con un claro objetivo de disfrutar de “sus valores naturales, paisajísticos y etnográficos”. Varias son las noticias que se suceden la hemeroteca referentes a las actividades de puesta en valor de la zona:
Desconozco si el Consistorio municipal sabe lo que hay bajo la actual capa herbácea del Kurtzetxiki, pero en ningún momento dentro de las actividades que se mencionan en las noticias periodísticas se contempla la posibilidad de visitar los fosos de un viejo fuerte y conocer la historia bélica que desembocó en su construcción y en su posterior abandono; sin duda, un valor añadido de notable interés.

Visita Guiada "Montes de Otañes:
 Escenarios Bélicos" (Foto cortesía
 de Mamutours)
Este fuerte ha permanecido invisible varias décadas (¿siglos?) y únicamente dotándonos del conocimiento necesario podemos establecer cauces para posibilitar que sus ruinas perduren. No se trata de hablar de reconstrucción, bastaría con contemplar una “consolidación” y paralelamente a la misma, comprender que esos elementos constituyen por sí solo un foco de atracción, con un elevado interés mediático y didáctico en la medida que son reflejos tangibles y directos de nuestra historia.

Ejemplo reciente de este tipo de consideraciones son los trabajos que se están promoviendo desde varias asociaciones, apoyadas por corporaciones municipales de las Encartaciones de Bizkaia, en relación con el monte Celadilla. Esta elevación presenta un innegable interés dada la combinación de elementos paisajísticos, ecológicos, arqueológicos e históricos que hacen del paraje un elemento singular; donde las guerras carlistas y especialmente los hechos ocurridos en el mismo entre enero de 1875 y 1876, pueden constituirse como un elemento adicional de eminente valor social, en la medida que suponen la recuperación de “una memoria histórica” cercana y tangible en el tiempo, pero a todas luces, olvidada.

En resumen: soy de la opinión que los factores de "patrimonio bélico" completan de forma eficiente cualquier puesta en valor de corte naturalístico, etnográfico o histórico, añadiendo una nueva potencialidad a los recursos existentes de una zona. Esperemos que futuros trabajos en este "fuerte invisible" nos permitan conocer y admirar su historia.

Actualización del 12/04/2016: La Corporación Municipal de Arrasate ha procedido a dar comienzo inmediato a trabajos de estudio y catalogación del hallazgo, así como a la planificación de posibles acciones arqueológicas a corto-medio plazo para determinar el alcance del mismo.

Actualización de 07/10/2016: A comienzos de octubre se han iniciado los trabajos arqueológicos  en el fuerte, promovidos por el ayuntamiento de Arrasate y dirigidos por Alfredo Moraza de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Geografía de las Desdichas I: Las Grandes Explosiones

El recientemente fallecido historiador Julio Arostegui (1939 – 2013) publicó en 1976 un artículo relacionado con el estudio del diario de campaña del voluntario carlista alavés Telesforo Saenz de Ugarte y Goñi (1848). La lectura y posterior análisis de este diario llevaba a Arostegui a realizar las siguientes reflexiones respecto al carácter de la última guerra carlista:

“Reduciéndonos de nuevo a la letra del Diario, se observa que son muy escasas las acciones de guerra de importancia, las verdaderas confrontaciones armadas en las que Ugarte estuviera presente en la campaña. Y es que realmente no las hubo; sólo el sitio de Bilbao en el invierno y primavera de 1874 tuvo verdadera resonancia. Los demás encuentros reflejados en el Diario están tan espaciados en el tiempo, entre la maraña de las marchas y contramarchas, son de tan escasa entidad por el número de los combatientes, que no constituyen ni con mucho el hecho que defina la peculiaridad de un Diario que es precisamente de guerra”.

Para Arostegui, el diario establecía que Telesforo participó en “una guerra regionalizada, localista y rural”. Y puede que razón no le faltase a Arostegui a la hora de concretar algunas de las peculiaridades, que rayando lo anecdótico, definieron este conflicto armado y que le llevaron a titular su artículo como “La Guerra sin Batallas”.

Familias desplazadas por la guerra
Sin embargo la falsa imagen de ausencia de calamidades inherentes a la guerra, sumada a una extendida descripción sesgada y romántica del conflicto, supone que a ojos del espectador actual, el acontecimiento bélico que se vivió en las postrimerías del siglo XIX sea catalogado como un elemento pintoresco y aséptico, y no como una auténtica guerra civil. 

Pero lo cierto es que el combatiente vivió las penurias de las heridas, enfermedades y muerte; mientras que la población civil cohabitó con el hambre, el miedo y los desplazamientos, por no hablar de fusilamientos, represalias, desmanes y toda la retahíla de elementos de penuria que lleva implícito el término “guerra”.

Os propongo realizar un recorrido geográfico e histórico por algunos lugares que se vieron afectados por “elementos de desdicha”, tomando como referencia algunos ejemplos ilustrativos, en este caso, “las grandes explosiones”.

19 de Marzo de 1874: Iglesia de San Juan de Muskiz (Bizkaia)

Nos encontramos en las postrimerías de la que sería una de las batallas más sangrientas de la Guerra Carlista. El impresionante despliegue de fuerza y medios que había realizado el ejército liberal para levantar el asedio de Bilbao, había quedado abruptamente detenido en los campos de Somorrostro. 

La derrota en el intento fallido de asaltar la cima del monte Montaño había tenido un eco internacional, así como drásticos cambios en la jefatura de oficialidad liberal. El anteriormente aclamado Domingo Moriones, cesaba “por voluntad propia” como general al mando de este Cuerpo de Ejército y desde Madrid partía el mismísimo Presidente del Poder Ejecutivo de la efímera I República, el general Francisco Serrano y Domínguez - Duque de la Torre-, para hacerse cargo de las operaciones.

Iglesia de San Juan de Muskiz. Cortesía de J. Mesa
Cualquier idea preconcebida del nuevo general en relación con un “éxito fácil” se fue al traste al contemplar el campo atrincherado que estaba construyendo el ejército carlista en Somorrostro, con fortificaciones a lo largo de la línea de montes y colinas que iban desde las alturas del monte Montaño hasta las faldas de Triano, destacando en el centro de su línea las iglesias de San Pedro de Abanto y Santa Juliana, convertidas en dos fuertes reductos. 

El Presidente-General se dedicó entonces a solucionar los problemas de intendencia que generaba una acumulación de tropas que llegan a los 30.000 efectivos con unas 50 piezas de artillería, así como a definir un plan estratégico que contentase a una opinión pública que clamaba por una victoria rápida y contundente. Con corresponsales extranjeros cubriendo la evolución del frente, Serrano no se podía permitir fallo alguno que hiciera peligrar, no sólo su reputación, sino también el gobierno que encabezaba.

El 19 de febrero de 1874 se encontraba el ejército liberal ocupando la orilla izquierda del río Barbadun, desde su desembocadura hasta las estribaciones del monte Corbera que formaba la derecha de su línea, extendiéndose el ejército por retaguardia siguiendo la carretera hasta la villa de Castro Urdiales que servía como base de sus aprovisionamientos. La actividad era frenética, ya que se estaba gestando un desembarco anfibio que debería flanquear la línea carlista de Somorrostro y lograr el objetivo de liberar Bilbao.

Esa misma mañana Serrano había dado órdenes para subsanar un grave error táctico: el almacenamiento de la municiones y pólvora estaba localizado en la iglesia de San Juan, demasiado cerca del frente y demasiado expuesta. En un comunicado al Ministro de la Guerra en Madrid, Serrano contaba así lo ocurrido:

Momento de la explosión. Tomado de la "Ilustración Española y
Americana"
“Habiendo hecho el enemigo, durante la pasada noche, cinco disparos de artillería sobre la iglesia de Somorrostro situada sobre el Puente, y en la que como edificio el más sólido del pueblo y de mayor cabida se hablan establecido los parques de municiones y provisiones para el ejército, dispuse que después del amanecer se trasladasen la pólvora y municiones a otra casa sólida y más retirada del río y del alcance de los fuegos enemigos. Estando trayendo los carros para el cambio de localización, sin duda por alguno de esos frecuentes e imprevistos descuidos, se ha volado la pólvora de uno de los carros, causando la explosión hasta unos 70 heridos de las clases de tropa, siendo milagroso que el fuego no comunicara a la iglesia. De los heridos hay algunos muy graves y otros leves. De los primeros, y desgraciadamente, morirán algunos”. 

Destaca el comentario, “…frecuentes e imprevistos descuidos…”; es decir, el Duque de la Torre mostraba su malestar por el relajamiento de las conductas marciales, posiblemente fundamentado en la baja moral de su ejército en esos momentos. A ello contribuía la dolorosa derrota del 28 de febrero, sumada a un clima adverso y cambiante, típico del norte en la primavera, así como a la rápida propagación de enfermedades entre las tropas como la disentería o la viruela.

Una descripción más extensa y humanizada la encontramos en el relato periodístico que se realizó para el periódico liberal “La Política”, del cual se hicieron eco otros diarios como “La Discusión”, que en su rotativo del 25 de marzo de 1874 publicaba lo siguiente:

“[…] Sí, amigo mío; hemos tenido una terrible desgracia, que ha causado una penosa, pero de no desalentadora  impresión en todo el ejército. Ya he dicho en una de mis primeras cartas que la iglesia de Somorrostro, situada en la misma orilla del río, estaba destinada a parque y almacén de víveres. Allí se encontraban todas las municiones del ejército, y cerca de aquel inmenso depósito de pólvora, cartuchos y granadas, había caído una de las bombas de los carlistas, que afortunadamente no llegó a estallar. El duque la Torre que desde el amanecer se había trasladado a la orilla del puente, comprendiendo la inminencia del peligro que corríamos todos continuando el parque en aquel punto, dispuso en cuanto ceso el fuego que fuera trasladado todo a un lugar más seguro, puesto que lo había sudo mientras los carlistas no han podido disponer de su mortero, cuya existencia se ha revelado hoy, dejando de serlo desde este instante.

Oficial Mahrueda (o Martienenda).
"Ilustración Española y Americana"
A las ocho, se empezó a trasladar a otro punto las municiones. Ya iban sacados siete carros cuando a punto de marchar el octavo y en el momento en que acudía la brigada de vanguardia del primer cuerpo a hacer su provisión de víveres, sonó una terrible explosión: el carro había volado. Describir lo que paso entonces seria cosa imposible. El carro desapareció por completo, un centenar de soldados fueron lanzados por el aire, y desde luego se comprendió lo horrible de aquella catástrofe.

Pero el estupor que tal desgracia produjo despareció bien pronto al comprender que amenazaba un peligro mayor. El toldo del carro había ido a caer ardiendo sobre el tejado de la iglesia y este comenzaba a arder también. Un momento que se perdiera podía producir la voladura del edificio, con los cientos de quintales de pólvora en él almacenados. Felizmente, el abanderado del batallón de Barbastro, D. Jose Mahrueda con un valor que ha sido la admiración del ejército, subió al tejado, y arrojando tierra el toldo que seguía lanzando llamaradas, evito que el incendio se comunicara al edificio y desapareciera cuanto le rodeaba en algunos kilómetros a su derredor.

El duque de la Torre premió este rasgo de arrojo del alférez Mahrueda concediéndole en el acto el empleo de teniente, y todo el mundo se consagró al remedio de aquella deplorable desgracia. Los muertos eran solo 2; pero los heridos llegaban a los 70, de ellos 26 muy graves. Todos fueron conducidos inmediatamente al hospital montado ya, no lejos de la casa que habitaba el Duque de la Torre, y curados inmediatamente; pero ¡que cuadro tan horroroso el que aquellos infelices presentaban!

Tendidos en colchones colocados en el suelo, aquellos hombre medio carbonizados se hallaban envueltos en lienzos, de tal modo que a algunos de ellos no se les descubría no tan siquiera los ojos y la boca; una abertura practicada en aquella especie de sudarios que los envolvía dejaba paso a la respiración, y era lo único que hacia comprender que aquellas masa inmóviles no era masas de piedra. […]”

Por su parte, la revista “La Ilustración Española y Americana” en su número XII, incluía diversos apuntes y grabados tomados por su corresponsal José Luis Pellicer Feñé (1842 – 1901), añadiendo algunos detalles, cómo el que indica que el carro llevaba “dos grandes cajones de pólvora y no pequeña cantidad de espoletas cargadas y estopines”. También se produce una variación en la transcripción del nombre del abanderado del batallón de Barbastro, que pasa a ser “Sr. Martienenda”.

Más específico en relación con el origen “accidental” de la explosión es la noticia que aparece en el diario “La Correspondencia” del 23 de marzo: “[…] no se sabe si por imprevisión, porque alguno estuviese fumando o por cualquier otra causa, se incendió uno de los carros […]. Un soldado que estaba sobre el carro voló hasta una gran distancia saliendo heridos o contusos de más o menos gravedad 78 […]”.

Extracto del Diario Carlista"Cuartel Real"
del 26 de marzo de 1874
Por su parte el general Jose lopez Dominguez (1829 – 1911), que según indica la anterior noticia, se libró “milagrosamente” de la deflagración, dejó constancia en su libro “Operaciones militares del ejército del Norte (1876)" que las bajas fueron de 8 muertos y 72 heridos.

Por supuesto, también la prensa carlista recogió el accidente, aumentado el número de víctimas. En el “Cuartel Real” del 26 de marzo se cita: “[…] Ellos confiesan que tuvieron setenta entre muertos y heridos, pero persona que lo presenció, dice, que pasaron de ciento cincuenta”.

Esa misma tarde del 19 de marzo, la escuadra y los transportes zarparon en dirección a las playas de Algorta: 27 buques y 9.500 infantes. El 20 de marzo el mal tiempo abortó el desembarco, retornado las tropas a sus bases. Este nuevo contratiempo supuso que los nuevos planes para imponerse a los carlistas pasaran de nuevo por una embestida directa a su línea defensiva en Somorrostro.

Los daños en la iglesia de San Juan de Muskiz no fueron importantes, siendo días después utilizada como hospital tras la sangría originada por este nuevo plan estratégico.

6 de Octubre de 1874: Fábrica de Pólvora de Malkorra (Azpeitia)

Una de las necesidades básicas del entramado político-militar del carlismo en el ámbito vasco-navarro, fue dotarse herramientas suficientes para crear y organizar un “gobierno carlista” en las zonas bajo su control, en conformidad con las tradiciones y pretensiones por las que combatía. Paralelamente a la génesis de este gobierno alternativo, se fueron colocando los pilares para sustentar las necesidades de su ejército, excesivamente dependiente del material extranjero. El control del territorio permitió al ejército carlista hacerse cargo de diversos elementos fabriles, que fueron dotando de armas, proyectiles, cartuchos y pólvora a sus huestes.

Aspecto actual de la ferrería de
Atxubiaga (GoogleMaps)
En no pocas ocasiones se adaptaron algunas de las muchas instalaciones ferronas con las que contaban los territorios históricos a los “quehaceres” bélicos; siendo reformadas bajo la supervisión de ingenieros y militares, y amparadas bajo la cobertura económica de las diputaciones forales carlistas que pagaban a los trabajadores. 

Entre las localidades gipuzkoanas de Azkoitia y Urrestilla, a orillas del Ibaieder, se modificaron las instalaciones de la existente fererría de Malkorra para establecer en ella la primera fábrica de pólvora que funcionó en el territorio histórico; siendo el carismático, Miguel Ignacio Dorronsoro Ceberio (1812 – 1880), a la cabeza de Diputación Foral carlista de Gipuzkoa, el instigador de dicha actividad. Jose Beristain, encargado de llevar los sueldos a los trabajadores de esta fábrica, la describía de esta forma:

“Antiguos sistemas de trabajo. Tres locales dentro de la casa. Seis u ocho grandes recipientes de piedra, para mezclar los polvos. Otros tantos grandes mazos, movidos por máquinas, para hacer las mezclas. Prensa hidráulica, para endurecer los polvos y hacerlos una piedra. Luego se rompía esa piedra, se cernía en cedazos y se separaba lo grande y lo fino. El tercer local, el almacén”.

Dorronsoro no tardó en poner en funcionamiento una segunda instalación destinada a crear pólvora para la artillería, reutilizándose las infraestructuras de la ferrería de Atxuriaga (Atxubiaga) que se situada a escasos 900 metros aguas abajo de Malkorra. Jose Beristain afirmaba que esta segunda fábrica funcionaba con “sistemas nuevos y mejores”.
Circular de la Diputación de Gipuzkoa.
Sistema Nacional de Archivos de Euskadi

Sin embargo, en la tarde del 6 de octubre de 1874 de produjo un grave accidente. Beristain relataba así lo sucedido:

“El sábado (realmente era un martes), a la hora de pagar, fui a Atxuri (Atxubiaga) y que no fuera a Malkorra. Volvía, pues, hacia casa y, estando junto a la Casa de la Misericordia, un estampido terrible. En seguida el segundo, más fuerte, y en seguida el tercero, más fuerte que los otros. La fábrica de Malkorra había explotado. Me acuerdo bien. Fueron tres explosiones. Una mujer que estaba en una ventana de la vecindad dio tres gritos, uno por cada explosión”.

En el momento de la detonación Jose Beristain se encontraba junto la Casa de Misericordia de Azpeitia (antiguo hospital de San Martin de Bustinzuri), distante de Malkorra unos 2 km en línea recta. Jose añadía: “Yo opino que primero se incendió una de las salas, y que luego ardieron las otras dos. No sabemos cómo fue, pues murieron todos los obreros que estaban dentro”.

Extracto del "Estandarte Real"
22 de octubre de 1874
La explosión segó la vida de 13 operarios, muchos de ellos padres familia, dejando un elevado número de huérfanos y viudas. Tres días después se imprimió una Circular por parte de la Diputación firmada por Dorronsoro, relativa a la necesidad de socorro de las familias afectadas por la catástrofe.

Semejante desastre trascendió rápidamente a la prensa de época. Sin bien, en un primer momento los diarios liberales se hicieron eco de una explosión asociándola a la entonces ya operativa fábrica de artillería de Arteaga (Bizkaia), donde algunas fuentes no dudaron en hacer referencia a la posibilidad de un “sabotaje interno”.

No será hasta el 22 de ese mismo mes, cuando la publicación propagandística carlista “El Cuartel Real”, presente una escueta entrada haciendo hincapié en las falacias que se ha vertido sobre la explosión, pero sin aportar más datos sobre la misma.

Aspecto actual de la ferrería de
Malkorra (GoogleMaps)
Posiblemente Malkorra fue reconstruída, al menos parcialmente, ya que a mediados de la década de los 50 todavía se mantenían en buen estado de conservación la presa y canal de derivación, así como una zona ruinosa, que bien podría corresponder a la zona de almacenes. Actualmente, únicamente se conserva la presa que abastecía de agua a la ferrería, que ha sido transformada en un bonito caserío en una planicie vegetal al borde el Ibaieder.  Por su parte, en las últimas décadas del XX, Atxubiaga perdió su presa y su cámara de carga fue transformada en una huerta. El edificio que permanece en pie no cuenta con ninguna señal que indique su viejo uso ferrón o molinero. Ambas estructuras se encentran inventariadas y protegidas como "zonas de presunción arqueológica".

16 de Septiembre de 1875: Villa de Hernani (Gipuzkoa)

Al contrario de Tolosa, que fue evacuada en marzo de 1874, la población de Hernani resistió el asedio carlista siendo defendida por el ejército y voluntarios afines al ideario liberal. A ojos de los carlistas, la villa se transformó en un “molesto centinela avanzado” de Donostia, que imposibilitaba un cerco efectivo sobre la capital del territorio foral, a la vez que impedía a la intendencia carlista trasladar con comodidad mercancías y pertrechos bélicos que llegaban (las más de las veces de contrabando) a la frontera con Francia. 

No tardó en convertirse en un objetivo primordial, especialmente tras la retirada de la línea de Somorrostro y el levantamiento del Sitio de Bilbao el 2 de mayo, que permitió al ejército del Norte carlista disponer de nuevo de material y hombres para acometer este tipo de empresas. El 29 de mayo de 1874, Hernani estaba sitiada y sometida al fuego discontinuo (en función de la provisiones de proyectiles y pólvora disponibles) de la artillería carlista que sitúa sus baterías en los altos de Santiagomendi, Oriamendi, así como tropas destacadas en todas las zonas estratégicas que rodeaban la villa.

Plano de las fortificaciones de Hernani en la última Guerra
Carlista según Juan Antonio Saez Garcia. Tomado de "ingeba" 
Juan Antonio Saez Garcia, experto en el patrimonio militar guipuzcoano, indica que el casco antiguo de la villa, de origen medieval y que mantenía reminiscencias de su pasado amurallado, fue fortificado a conciencia, generando un cierre completo del núcleo urbano antiguo que comprendía las actuales Kale Nagusia y Kardaberaz kalea. Los trabajos de defensa incluyeron muros de mampostería aspillerados y sin aspillerar, diversas baterías artilleras, zonas fuertes, con el aprovechamiento de edificios para formar la cerca mediante el tapiado de puertas y ventanas. Ya en el interior de la población existían algunas calles dotadas de barricadas y tres “tambores.” Además, la iglesia contaba con otros espacios aspillerados, uno en el ábside y otro junto a la Casa Consistorial, que hacía las veces de polvorín. 

El gobernador militar de la plaza era el coronel Jose Braulio Crespo de la Rubia (1820 –  1877), el mismo que se había visto en la obligación de acatar la orden de realizar un “abandono táctico” de la población de Tolosa, dejándola en manos carlistas. 

Jose Crespo de la Rubia. Fondos del
museo de San Telmo
Según se indica en el libro “Refutación que hacen el Ayuntamiento y voluntarios de la invicta villa de Hernani, de las falsas y calumniosas aseveraciones que del señor Peris Mencheta” al comienzo de la contienda la defensa de la villa estaba encomendada a una fuerza de 400 hombres, que aumento sus efectivos hasta los 1.500 en 1875. Entre ellos, 170 “Voluntarios por la Libertad” a las órdenes del industrial hernaniarra reconvertido en militar, Ruperto Erice Murua (Hernani 1845). 

Los soldados se alojaban en las distintas casas de la vecindad, siendo necesario talar, tanto los árboles de las inmediaciones de la villa, como los de los paseos públicos para suministrar leña a las necesidades de la población y de la soldadesca. El asedio, lejos de ser completo, permitía que con cierta periodicidad llegaran convoyes fuertemente protegidos, cuyo avance era duramente hostilizado por las fuerzas carlistas.

A medida que las granadas y bombas iban lloviendo, la villa fue adoptando un paisaje de destrucción. La población “encajó” un total de 8.584 proyectiles carlistas entre el 30 de mayo de 1874 y el 20 de enero de 1876. Este volumen de explosiones afectó de forma notable al casco de la villa; de hecho, se hace constar que de las 174 casas que formaban el núcleo urbano, únicamente 10 permanecieron intactas. Dentro de las tropas regulares se cita la muerte de 45 individuos, 9 “voluntarios”, así como la de 16 civiles, de los cuales 4 eran niños. El total de víctimas, entre muertos y heridos a lo largo de todo el asedio sumaban 357, entre ellos numerosos heridos graves y varios amputados.

En el libro “Memorias para la Pacificación” (1877) del corresponsal Saturnino Gimenez Enrich se hace la siguiente descripción:

Bombardeo carlista a la villa de Hernani. Tomado de "The
Illustrated London News"
“En la habitación en que escribo estos apuntes penetra el aire por todos lados. El techo tiene dos grandes agujeros, por los cuales, á través del piso superior y de las guardillas, se descubre el azul del cielo. Los postigos de las ventanas cuelgan, hechos astillas, que un proyectil los atravesó, llevándose también un trozo de tabique, y después de romper un ángulo de la mesa, que ahora me sirve de escritorio, fué á estallar sobre el pavimento, sobre el cual es difícil hallar un ladrillo sano. Vuelvo la vista hacia otra brecha, y veo enfilando con ella la batería enemiga de Basaun. La casa de enfrente tuvo peor suerte que esta: la mitad de su fachada no existe ya, y sus habitaciones están por completo descubiertas: los individuos de tropa allí alojados, duermen al aire libre como en campo raso”.

[…]Exteriormente no se notan grandes destrozos en la población. Pero por el interior apenas hay casa que no esté perforada de arriba abajo. En la casa de don Manuel Sanchez Salvador, plaza Mayor, núm. 4, solo quedan las paredes exteriores, la escalera y fragmentos de pisos. La recorrí con gran precaución y contemplando, triste e indignado a la vez, tamaños desperfectos. Me asomé con mi amable cicerone el oficial de carabineros señor Usunariz, ayudante del gobernador militar, á la espaciosa terraza del edificio, y mirando desde ella las posiciones de Santiagomendi y Basaun, los carlistas ocultos en las trincheras de Orcolaga nos propinaron una descarga cerrada, obligándonos á retirarnos de aquel sitio.

La casa de Lizárraga es una verdadera criba y esta inhabitable. La Casa de Otaños edificio solariego antiquísimo no se puede visitar sin sentir el corazón oprimido. Sus sólidas y labradas puertas; su altos artesonados; sus robusta crujías; sus espaciosas escaleras; su tradicional hogar, todo está hecho astillas y pedazos, y lo que existe aún en pie, amenaza ruina. 

He visitado una serie de casas y me he cansado de ver ruinas. Entre aquellas citaré las de Cardan, Lizar y Paulada, con la fachada por el suelo y las habitaciones delanteras al raso. Debo hacer mención especial de la del cura Goicochea, presbítero liberal que hizo la guerra de África con los tercios vascongados; en su residencia se han tenido que lamentar tres desgracias: la de un asistente que fué muerto de un casco de granada, en la cocina, y la de dos soldados que fueron heridos en la escalera. El coronel gobernador militar se aloja en la casa del general Barrenechea, construida al estilo moderno y decorada con lujo. Exceptuando dos o tres viviendas las restantes están desmanteladas. El despacho del gobernador permanece por ahora ileso. En el edificio del casino han caído 39 granadas. El lindo palacio de Murúa, en las afueras de la población, al borde del río Urumea, entre un bosquecillo de álamos, tiene por únicos desperfectos huellas de balas de fusil en la fachada. El puente de fábrica sobre el Urumea está cortado y por la noche se sitúa en él una avanzada carlista, que se ocupa en insultar á las nuestras del lado opuesto.

[…] La iglesia principal de Hernani, titulada de la Concepción, está cerrada al culto y convertida en fuerte. La notable y artística portada principal, ocúltase bajo un tambor aspillerado, cuyo techo agujereó una bomba. Los miqueletes, que perennemente se hallan en la torre, no cesan un punto de hostilizar á los carlistas de las infinitas trincheras abiertas en derredor de la villa.

[…] La excelente casa del señor Lopez Tegui destinase á hospital provisional, con 30 camas. Los heridos son enviados a San Sebastian en los convoyes. Al presente no tiene más que uno, que es el asistente del médico militar encargado del hospital, don Antonio Rodríguez. Este dignísimo joven no se ha movido de la villa desde que empezó el bombardeo, pasando instantes de verdadera prueba para atender con verdadera solicitud las múltiples y dolorosas necesidades que se ofrecen”.

Añadía a su descripción de la villa añadía un comentario adicional:

“Otro de los detalles significativos de Hernani es la campana de alarma. Los migueletes apostados en la torre de la iglesia dan la señal, y un vigilante es el encargado de trasmitirla á la población, haciendo tañir la campana que cuelga de una viga ó travesaño en el centro de la calle de Urumea. Algunas gentes cuando oyen la campana, se ocultan por pura fórmula nada más, porque aquí no hay paraje seguro. En un balcón vecino a la campana he visto al celebérrimo loro de Hernani del que tanto han hablado los periódicos”.

En este sentido es de destacar la figura de Manuel Domingo Olaizaola Tellechea, alias “Arano” (1848 -1937) cuya biografía se puede consultar gracias a la labor de recopilación de información de uno de sus bisnietos, Iñaki Garcia de Bikuña Olaizaola. “Arano”, un carpintero por aquel entonces incorporado a los “Voluntarios por la Libertad” de Hernani, se hizo un hueco en la prensa de la época como vigía de la torre del campanario y por sus valerosas acciones por la que fue condecorado en dos ocasiones. Como él mismo indica en una carta manuscrita: 

“Al establecer la Guardia de la Torre fui destinado a aquel penoso puesto y desde el 18 de enero de 1874 presté ese servicio un día sí y otro no sin interrupción hasta el 2 de enero de 1876 en que fui herido de bala al cumplimentar una orden del Sr. Coronel Comandante Militar de la plaza.”

A este teatro de desolación en el que se había convertido Hernani llegó en septiembre de 1875 el soldado Jose Mateo, oficial liberal adscrito al Batallón de Cazadores de Puerto Rico Nº 19. Estas tropas se habían movilizado en relación con las operaciones militares que había desplegado el ejército liberal para liberar de su asfixio a Hernani, y que culminaron con un éxito parcial con la toma del fuerte de Urkabe a principios de septiembre de 1875.  

Estado el batallón ya establecido en la villa, Jose describía así lo ocurrido el 16 de septiembre de 1875:

Ruinas del ayuntamiento de Hernani tras la explosión
 “ […] y a las cinco, ¡hora fatal! Una certera granada, dirigida de Santiago Mendi, entró por una ventana a la Casa Consistorial donde se hallaba el depósito de municiones y la guardia del Principal, reventó en el mismo sitio, donde había varios artilleros cargando proyectiles por lo que voló el edificio quedando sepultados 21 soldados del Batallón, 5 artilleros y algunos paisanos. Entre los escombros de la parte de afuera quedarían también una mujer dos hombres con un buey y un asistente que llevaba la comida a su amo que se hallaba de guardia en Santa Barbara. Todos los habitantes quedamos aterrorizados y sin poder prestar auxilio a los desgraciados; porque los carlistas, oyeron la explosión y vieron las consecuencia y considerando que la plaza estaría llena de gente, no cesaban de enviarnos los proyectiles a pares, de las diferentes baterías que tenían enfiladas a la plaza de manera que estábamos resguardados en los portales de las casas, desde donde oíamos los lastimeros ayes de los que aún quedaban con algún resto de vida, que demandaban auxilio, y sin poder nosotros socorrerlos; hasta que anochecido cesó el fuego, y con mucho peligro, se pudieron sacar algunos cadáveres y otros con vida, aunque mutilados de los más próximos que hallaban a la entrada, durando 6 días esta operación extrayendo miembros de los desgraciados, en descomposición. Otra heroicidad de los defensores de la religión (como ellos decían).

Los primeros cadáveres que se sacaron se les fue a dar sepultura al siguiente día acompañando a este acto el Capellán del Batallón D. Juan Laporta, revestido con la ropa que el acto requería, pero en cuanto salimos por la puerta de la carrera de Urnieta, se apercibió el enemigo del cortejo fúnebre, rompieron el fuego de cañón, contra nosotros; por lo que horrorizados tuvimos que refugiarnos sobre una tapia, y a la desfilada volver al pueblo, suspendiendo aquel acto; hasta que protegidos por la sombra de la noche, pudimos verificarlo. Dios en su infinita bondad, tendrá piedad de tantos desgraciados”.

Reconstrucción del ayuntamiento y estado actual
La prensa de época describió lo ocurrido de manera diferencial en función de su afinidad por lo contendientes. Para los rotativos liberales la explosión se trató de un “incidente casual”, mientras que los carlistas daban respuesta a esas noticias ironizando con la relación entre “incidente casual” y “granada con espoleta”. 

En cualquier caso la explosión dejó un elevado número de muertos y heridos: 27 muertos y 17 heridos, tanto militares, “voluntarios”, como civiles; quedando reducido a escombros el edificio, cuya imagen de destrucción, constituye una de las fotos más impresionantes de la Guerra Carlista.

Tras la finalización de la guerra, la ya “invicta” villa de Hernani fue reconstruida. En 1886 comenzó la reedificación del ayuntamiento siguiendo las directrices del afamado arquitecto hernaniarra Joaquín Fernández de Ayarragaray (1821 – 1900), “que renunciará a cobrar su trabajo aduciendo que se sentía suficientemente honrado con haber tenido ocasión de erigir el nuevo ayuntamiento de su pueblo natal” . 

Actualmente, resulta complicado encontrar algún vestigio de los duros meses que sufrió Hernani bajo el asedio de las granadas; si bien, destacan por su singularidad y por su relevancia simbólica de un episodio fundamental en la historia de Hernani, los proyectiles Whitworth engarzados en la fachada de la casa 41 de la calle Atzietas, cuya localización e historia se describen en el "blog sobre Hernani"

Epílogo

Las tres explosiones produjeron un total aproximado de 130 víctimas entre muertos y heridos, sin distinguir entre militares o civiles, ya fuera almacenando, fabricando o transportando pólvora.

La "Guerra sin Batallas" de la que hablaba Arostegui está sustentada en la falta de confrontaciones directas de relevancia en las que se vio envuelto Telesforo Saenz de Ugarte en su periplo por la última guerra carlista. La "geografía de las desdichas" que aquí se presenta se fundamenta en la toma de conciencia de una realidad que escondimos tras una pátina de romanticismo y épica. "Guerra" con o sin batallas, pero guerra... a fin de cuentas.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Somorrostro 1874: Viejas Guerras, Nuevas Tecnologías

¿Son las "guerras" susceptibles de ser estudiadas con métodos arqueológicos? La respuesta es una indudable y tajante afirmación, siempre que se tengan en consideración aspectos específicos de los conflictos bélicos. De hecho, ya hemos comentado en anteriores entradas que la Arqueología ha desarrollado una nueva rama de conocimiento denominada "Arqueología del Conflicto" en su término global, o "Arqueología de los Campos de Batalla", en su término más específico.

¿Precisan las guerras del XIX o del XX de estudios arqueológicos? Si asumimos una definición simple de "Arqueología" como aquella disciplina científica que permite la reconstrucción de la "Historia" a través del estudio de restos materiales, nos encontramos con un severo problema. Hasta fechas bien recientes, se daba por hecho que las fuentes documentales y bibliográficas reflejaban con suficiente claridad el "desarrollo de los hechos", en ausencia de lagunas históricas que precisaran de trabajos arqueológicos. Y siguiendo este mismo hilo argumental, se puede concluir que los restos materiales de estos conflictos carecen de interés de preservación, análisis, estudio, catalogación, etc. ya que no sirven en el objetivo de "reconstrucción del conocimiento histórico" y en el mejor de los casos, la Arqueología puede aportar una descripción física de los vestigios. Así de fácil... y así de desolador. 

Por suerte, este panorama esta cambiando. Los estudios específicos en la "Arqueología del Conflicto" se han incrementado de forma exponencial, con una creciente sensibilidad social en relación con estos "elementos patrimoniales". Y sin más preámbulos os presento el artículo de corte científico "Somorrostro 1874: Viejas Guerras, Nuevas Tecnologías" de reciente publicación en la revista Kobie (Nº 33, p107-127 ) que edita la Diputación Foral de Bizkaia.

Resumen

Se presentan los resultados del primer trabajo que de forma específica aborda el estudio de un campo de batalla de la Guerra Carlista con metodología arqueológica en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Las prospecciones realizadas sobre los restos físicos de las “Batallas de Somorrostro” (de febrero a abril de 1874) han combinado la exploración geofísica, los sistemas de posición global (GPS) e información geográfica (SIG), utilizando una metodología eficiente y extrapolable a otros ámbitos. La interpretación de los resultados genera un discurso histórico propio, complementario o novedoso respecto del obtenido de las fuentes documentales, que incrementa el conocimiento de las acciones bélicas.

Laburpena

EAEn, Karlistadako guda zelai baten ikerketaren inguruko lan zehatzen emaitzak aurkeztu nahi dugu metodologia arkeologikoa erabiliz. Somorrostroko Batailen (1874ko otsail eta apiril bitartean) aztarna fisikoen gainean egindako prospekzioek esplorazio geofisikoa, kokatze globaleko sistemak (GPSa) eta informazio geografikoa uztartu dituzte, eraginkorra eta beste arlo batzuetan erabilgarria den metodologia erabiliz. Emaitzen irakurketak berezko diskurtsoa ahalbidetzen du, osagarria edota berria dena dokumentu iturrien aldean, ekintza belikoen ezagutza eta garapena handituz

Abstract

The results of the first research dealing explicitly with the study of a battlefield of the Carlist war in the Basque Country using archaeological methodology are presented. Surveys performed on the physical remains of the “Battles of Somorrostro” (February to April 1874) have combined geophysical exploration, global positioning systems (GPS) and geographic information systems (GIS), using an efficient methodology which can be extrapolated to other areas. The interpretation of the results generates its own historical discourse, innovative or complementary to that obtained from documentary sources, which increases the knowledge of these military actions.

Palabras Clave: Arqueología militar. Campo de batalla. Guerra Carlista. SIG.
Gako hitzak: Arkeologia militarra. Guda zelai. Karlistadako guda. SIG.
Key words: Battlefield. Carlist War. GIS. Military archeology.

1. Introducción

Nuevas tecnologías, cada vez más accesibles, están complementando eficientemente los estudios tradicionales de Arqueología. Entre estas mejoras nos encontramos con el desarrollo y evolución de Sistemas de Información Geográfica (SIG), los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS) y el notable avance de aparatos asociados a los estudios geofísicos. Algunas de estas herramientas fueron desarrolladas hace varias décadas, sin embargo es a lo largo de estos últimos años cuando la reducción del coste de las mismas ha permitido su uso de forma generalizada. Esto ha posibilitado que su aplicación no quede restringida exclusivamente a los ámbitos para los que fueron creadas, desarrollándose nuevos campos de colaboración y elementos interdisciplinares entre diferentes espacios científicos.

De igual forma, la Arqueología ha evolucionado generando nuevas corrientes o ámbitos de estudio. Entre estas nuevas ramas de conocimiento encontramos la denominada “Arqueología militar” que cuenta con su propio objeto de estudio en las evidencias materiales de la acción militar humana; y más específicamente, encontramos el estudio de los campos de batalla, que abarca cronologías que van desde la Prehistoria hasta la edad contemporánea (Quesada 2008). Esta última afirmación resulta especialmente singular, ya que hasta no hace demasiado tiempo, los hallazgos de materiales asociados a la Guerra Civil de 1936 o guerras decimonónicas eran descartados en la reconstrucción del conocimiento histórico; y donde, en el mejor de los casos, la Arqueología únicamente establecía una visión descriptiva de los vestigios en ausencia de una metodología estandarizada a seguir. De hecho, hasta fechas recientes, la mayor parte de las publicaciones relacionadas con los conflictos del XIX y XX, provenían de aficionados e historiadores locales, donde la iniciativa para el desarrollo de este tipo de estudios la habían tomado pequeños centros de interpretación o museos (Alonso 2008: 292).

Rebasadas las reticencias iniciales se considera que la investigación con metodología arqueológica de los campos de batalla ha alcanzado su madurez en términos de teoría académica, metodología, procedimientos de trabajo de campo, generación de medios de difusión especializados y reconocimiento académico; presentando su propio espacio como asignatura en algunas universidades y con una creciente actividad científica paralela al inusitado interés que esta disciplina despierta en el público en general (Quesada 2008: 26).

Dispersión de los hallazgos arqueológicos del
Cerco de Andagoste (Ocharan & Unzueta 2002).
De hecho, es ya comenzado el siglo XXI cuando las publicaciones comienzan a ser frecuentes, encontrándonos con una notable diversidad de periodos históricos en estudio: desde el romano, con los trabajos realizados sobre la Batalla de Baecula (Bellón et al. 2004); siglo XVIII con la batalla de Talamanca  (Rubio & Hernandez 2012), hasta la última Guerra Civil (Alonso 2008; González et al. 2010a y 2010b, Ayán & González 2013, por citar algunos), que cuenta con su propio elemento monográfico en la web “Arqueología de la Guerra Civil Española”.

En el ámbito del País Vasco destacan los estudios del campo de batalla romano de Andagoste (Ocharan & Unzueta 2002), así como los trabajos relacionados con la Guerra Civil de 1936 realizados por la Sociedad de Ciencias Aranzadi en consonancia con el marco creado tras la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de Diciembre). Más abundantes y frecuentes son los artículos referentes a la arquitectura militar que incluyen fortificaciones del siglo XIX. En este último campo destacamos la excavación del denominado fuerte de Zumalakarregi en la localidad gipuzkoana de Soraluce (Buces & Moraza 2011), así como los trabajos desarrollados por Saez Garcia (2002) en relación con el conocimiento de las fortificaciones decimonónicas de Gipuzkoa y la prospección de posibles restos del fuerte de Arrontegi de la guerra carlista en Bizkaia (Martinez 2010).

      1.1. Objetivos 

Los objetivos del trabajo son los siguientes:
  • Establecimiento de una metodología de trabajo fundamentada en la “arqueología de los campos de batalla”, susceptible de ser aplicada en otros campos que precisen de estudios que combinen la prospección geofísica, los Sistemas de Posición Global (GPS) y los Sistemas de Información Geográfica (SIG)
  • Recuperación, georeferención, estudio y conservación de materiales relacionados con las “Batallas de Somorrostro
  • Creación de una geobase de datos, de forma que se disponga de una herramienta rápida y eficaz para el trazado de mapas de hallazgos y que permita una mejor gestión del patrimonio bélico inventariado
  • Corroborar afirmaciones y desarrollo de las acciones bélicas registradas en la distinta bibliografía a través de la interpretación de los hallazgos arqueológicos
  • Establecimiento de zonas susceptibles de ser protegidas

2. Metodología 

La base metodológica en la denominada “arqueología de los campos de batalla” se sustenta en la combinación de distintas tecnologías de prospección geofísica, los Sistemas de Posición Global (GPS) y los Sistemas de Información Geográfica (SIG); permitiendo una interpretación del evento bélico en el conjunto del paisaje (Lees 2002: 16).

Recreación de una carga escocesa durante la batalla
de Culloden (1746).
Resulta imposible ignorar que el uso inadecuado de algunas de estas tecnologías geofísicas, especialmente la detección metálica, ha generado notables afecciones al patrimonio arqueológico, obligando a la realización de una legislación propia por parte de las administraciones (Rodríguez 2003, 2012). Como herramienta arqueológica se ha utilizado de forma intermitente desde los años 50, influyendo en su falta de uso una aparente ausencia de resultados, la carencia de otros adelantos técnicos y, especialmente, la notable mala imagen asociada al expolio de piezas (Thomas & Stone 2009: 34). De hecho no fue hasta la década de los años 80 cuando la comunidad arqueológica comenzó a reconocer las potenciales del detector de metales dentro del campo de la Arqueología militar con los trabajos asociados a la batalla de Little Big Horn, (Scott et al. 1989). En los últimos 20 años su utilización se ha incrementado de forma notable existiendo numerosa bibliografía, especialmente importante en Estados Unidos en trabajos relacionados con las Guerras Indias y Secesión (Smith et al. 2009: 85). También son profusas las publicaciones en Gran Bretaña asociados al estudio de los campos de batalla de sus guerras civiles y escocesas; y por destacar otro ejemplo, encontramos los trabajos realizados en el campo de batalla romano de Teutoburgo en Alemania (Varusschlacht Museum 2014).

Actualmente asistimos a una notable evolución de la tecnología de los estudios geofísicos; de hecho, muchos trabajos relacionados específicamente con los campos de batalla utilizan de forma combinada las prospección metálica junto al uso del georadar (Hunt 2010: 78, Steven et al. 2007: 39), y lo cierto es que cada vez existe una mayor posibilidad de utilizar medios “no-invasivos”. De hecho, algunos autores ya contemplan la posibilidad de prospectar e identificar en ausencia de recuperación, manteniendo la integridad del área arqueológica (Heckman 2005: 37).

A continuación se presenta una propuesta de metodología de prospección metálica asociada al estudio de un “campo de batalla” diferenciándose varias fases:

     2.1. Estudio histórico y planimétrico

A la hora de estudiar una batalla y el desarrollo de la misma, es necesario tener en cuenta que es de notable dificultad, incluso para un testigo presencial, el obtener un panorama claro de la sucesión de eventos. La superposición de acontecimientos casi simultáneos en distintos puntos de la línea de batalla, además de las limitaciones impuestas por la topografía, impiden hacerse una idea global del desarrollo de una acción, incluso a pequeña escala (Quesada 2008: 28). Por lo tanto, es obligatorio realizar una lectura crítica de todo el material histórico existente. Entre estas fuentes encontramos (Alonso 2008: 297):
  • Bibliografía de época
  • Archivos históricos
  • Memorias y escritos de excombatientes participantes en la contienda
  • Partes de guerra
  • Cartografía militar de época
  • Prensa y revistas de época
  • Testimonios orales tanto directos como indirectos o que hayan quedado en la memoria colectiva de una comunidad
Esta primera fase resulta crucial para el establecimiento de la cronología de eventos, así como para la extracción de toda la información geografía existente para su posterior inclusión en un SIG, que permitirá localizar con exactitud áreas específicas y guiar los estudios arqueológicos (Thomas & Stone 2009: 35, Nolan 2007: 26), además de georeferenciar elementos adicionales de topografía y orografía en una comparación visual entre la situación actual y la descripción histórica.

De igual forma, se juzga necesario la elaboración de un listado de posibles elementos metálicos propios de la época y zona de estudio, que puedan aparecer durante las prospecciones, permitiendo una agilización de todo el proceso de identificación, catalogación y tratamiento de los resultados (O’Dell 2011: 32). Para ello es necesario tener en cuenta que existe una clara diferenciación de tipologías en función de la cronología del campo de batalla, y con una especificidad importante en el apartado de cartuchería a partir del siglo XIX (Martinez 2008: 385). La bibliografía y fuentes documentales en relación con estos objetos metálicos resultan especialmente abundantes, existiendo foros especializados en internet que permiten una determinación inequívoca de cualquier elemento, aunque sea fragmentario.

     2.2. Estudio de campo 

Una vez establecidas sobre cartografía SIG las áreas de estudio, se procede a los trabajos de prospección metálica con 3 pasos a tener en cuenta:
  1. Selección del tipo prospección y características técnicas del detector de metales
  2. Localización, extracción y georeferenciación de las piezas
  3. Identificación in situ

  

        2.2.1. Tipo de prospección

Los métodos tradicionales establecen dos fases en las prospecciones metálicas, con un primer equipo encargado de localizar los elementos y señalizarlos; y un segundo equipo para georeferenciar y excavar los materiales (Heckman 2005: 9, Hunt 2010: 65, O’Dell 2011: 28). Sin embargo, y exceptuando situaciones donde sea necesario la utilización de un GPS de exactitud subcentimétrica, los avances técnicos permiten que un único operario experto realice todo el proceso: búsqueda, localización, extracción, georeferenciación e identificación (Smith et al. 2009: 50). En función del esfuerzo de muestreo se diferencian dos tipos de prospección:

A) Prospección básica: Indicada para grandes áreas en las que se desconoce su potencialidad o se precisa de un reconocimiento superficial, pudiendo ser un complemento idóneo a la prospección arqueológica superficial. En este tipo de prospección, se establecen transectos paralelos separados por una distancia de 3 a 10 m dependiendo de la zona de búsqueda, objetivos, condiciones del terreno o vegetación presente (Heckman 2005: 9, Hunt 2010: 50, Butler 2011: 10; Butler et al. 2011: 33, Steven et al. 2007: 4).

Ejemplo de delimitación  de un área acotada para
proceder a una prospección intensiva.
B) Prospección metálica intensiva en áreas acotadas. En función de la orografía y de los propósitos del análisis, se puede optar por dividir la zona mediante cuadriculas de entre 10x10 a un máximo de 20x20 m. Los trabajos de detección se realizan mediante transectos a lo largo de este área, y con objeto de maximizar los resultados, algunos autores realizan dos pasadas al área en sentidos perpendiculares (Thomas S. & Stone P.G 2009: 191). Es necesario tener en cuenta que el porcentaje de recuperación de piezas metálicas depende de numerosas variables: tipo de artefacto, condiciones del suelo, detector utilizado y de forma evidente, de la experiencia del operador (Smith et al. 2009: 50).

No será hasta la primera visita a la zona seleccionada, cuando un estudio visual nos permitirá comprobar la ideoneidad del tipo de prospección seleccionado. De hecho, ambas prospecciones sólo resultan posibles en situaciones “ideales”, es decir, campos abiertos con una densidad de vegetación baja que permite al operador moverse con soltura. La realidad es que en las labores de campo abunden las zonas de elevada pendiente, la vegetación densa y las zonas de difícil acceso. En estos casos se realiza una prospección tipo "orgánico", consiste en recorrer los senderos, caminos principales y secundarios, así como sus entornos y zonas accesibles (Rubio & Hernandez 2012: 35).

El operador del detector deberá llevar conectado el GPS, de forma que todo su patrón de actividad quede registrado en el denominado track; siendo necesario que el aparato sea manipulado convenientemente, no solo para facilitar la máxima precisión a la hora de georeferenciar puntos, sino también para que el track presente una grabación secuencial de puntos lo más amplia posible.

Como herramientas adicionales a la prospección, además del detector y el GPS, se añade una cámara digital, escala, calibre, lupa de campo, material de almacenamiento e etiquetado, así como elementos para proceder a la extracción de las piezas y equipos de protección de los operarios.

     

     2.2.2. Selección de las características del detector

El detector de metales se incluye dentro de las herramientas de investigación geofísica (Sutherland 2005: 21). Sus principios de funcionamiento están basados en la conductividad de los metales, donde el aparato crea un campo electromagnético que penetra en la tierra hasta una profundidad determinada. Si ese campo se ve influenciado por la presencia de algún metal, el detector emite una señal. La profundidad máxima a la que se trabaja es de entre 20-30 cm para objetos del tamaño medio de una moneda, pero varía de forma notable en función del tipo y calidad del instrumento utilizado.

Existe un amplio mercado para este tipo de aparatos, con una cada vez más importante posibilidad de programación específica que condiciona de forma importante su funcionamiento. Todo ello hace que estos instrumentos presenten una cierta complejidad de uso que precisa obligatoriamente de operadores expertos. En su ausencia, la información generada puede resultar parcial o nula, pudiéndose establecer interpretaciones erróneas de la potencialidad del área arqueológica (Sutherland 2005: 21).

De forma general las prospecciones se realizan en ausencia de discriminación metálica, si bien puede variar en función de los objetivos, disponibilidad temporal y financiación disponible (Thomas S. & Stone P.G 2009: 197). En los casos donde la densidad de objetos férricos sea tan elevada que dificulte la detección de otras señales, se puede proceder a la discriminación de blancos de hierro de pequeño tamaño y algunos autores optan directamente por una búsqueda selectiva restringiendo la señal exclusivamente al material metálico deseado (Hunt 2010: 66, Butler et al. 2011: 10).

En cualquier caso y dada la rápida evolución tecnológica de estos aparatos, se juzga necesario que las labores de prospección registren “metadatos” asociados a su uso y manipulación, es decir: tipo de aparato, discriminación presente, plato utilizado, frecuencia de señal, etc.

     

     2.2.3. Localización, extracción y georeferenciación

Una vez detectado un objeto se procede a la realización de comprobaciones rutinarias por parte del operador que incluyen: localización lo más exacta posible de la pieza, tipo de metal y profundidad estimada. Esta información resulta crucial ya que permite proceder a la retirada de tierra con garantías suficientes como para no dañarla, además obtener una idea preliminar de una posible identificación. En este proceso se desaconseja el uso de picos o elementos punzantes, ayudándonos de una pala para realizar un agujero alrededor de la pieza, extrayéndose los primeros 20 o 30 primeros centímetros de suelo en un único bloque siempre que sea posible. Cuando el elemento metálico queda expuesto, se realiza una foto del mismo junto con una escala y se procede a su inclusión en forma de waypoint en el GPS.
Goereferenciación de hallazgos "in situ".

Los GPS de campo presentan una exactitud variable de georeferenciación en función del número de satélites, cobertura, etc., con error variable de entre 2 y 5 metros. Este margen, excesivo en una excavación tradicional, resulta asumible en el caso de la arqueología de campos de batalla, que no busca el registro de estructuras sino los patrones de dispersión relacionados con el enfrentamiento (Rubio & Hernandez 2012: 35). En cualquier caso y previamente al inicio de los trabajos será necesario establecer cual es el grado de exactitud que se precisa, ya se métrica, submétrica o incluso subcentimétrica.

  

        2.2.4. Identificación in situ

Los materiales recuperados son identificados en el momento de su georeferenciación. Este proceso obliga al operador a estar familiarizado con la tipología de materiales que es esperable encontrar en la zona de prospección, y de ahí la importancia del listado de los posibles objetos y sus características construida durante el vaciado bibliográfico del estudio histórico, así como una codificación de los mismos que facilite su incorporación al GPS y posteriormente a la geobase de datos.

Además de la identificación codificada en el waypoint, se anotaran otro tipo de datos y observaciones in situ siempre que la pieza lo permita, como marcajes en el caso de vainas o impactos en el caso de las balas; así como mediciones de su diámetro mediante calibre. Algunos autores como O’Dell & Powers (2011: 28) establecen la necesidad de determinar la dirección magnética, declinación o ángulo de los objetos en el suelo. Consideramos que este tipo de información puede ser interesante en contextos intactos y en excavaciones arqueológicas tradicionales; sin embargo en campos de batalla “alterados” retrasa mucho los trabajos de prospección, además de no aportar información fácilmente interpretable. No hay que olvidar que las balas impactadas pueden salir despedidas en cualquier dirección y quedar completamente deformadas. Y por otro lado, los objetos al llegar al suelo, ya sea por actividad agraria o por simples inclemencias meteorológicas pueden sufrir alteraciones en cuanto a su orientación inicial.

Todas las piezas son susceptibles de ser estudiadas en profundidad, por lo que es necesario que todo el proceso de identificación y almacenamiento sea inequívoco, siendo recomendable utilizar bolsas y etiquetas individuales. Por último, la tierra extraída es devuelta a su situación original, continuando con el proceso de prospección.

   

  2.3. Estudio de gabinete 

Es evidentemente la importancia del componente “espacial” en todos los hallazgos arqueológicos; en este contexto el uso de los Sistemas de Información Geográfica (SIG) se hace obligatorio en este tipo de trabajos, permitiendo la compilación de datos espaciales e información asociada en una única entidad de organización que sirve como librería de datos permanente, plataforma de análisis y ventana de visualización. Indudablemente nos encontramos con otro elemento que precisa de personal cualificado y experimentado con conocimiento de bases de datos, proyecciones cartográficas, sistemas de coordenadas y habilidad en el manejo de herramientas del SIG que permitirán una multitud de cálculos y observaciones adicionales que ayudan a la interpretación de los resultados, a la gestión del patrimonio o a la planificación de futuras prospecciones.

Una vez finalizados los trabajos de campo, ya en el gabinete, todos los datos del GPS (waypoints y tracks) y cámara digital son descargados y trasladados al SIG en forma de geobase de datos. Los waypoints correspondientes a los elementos localizados quedan reflejados como una capa shape de puntos, con toda la información asociada a los mismos, incluida la fotografía del mismo. Por su parte el track referente al movimiento del operador es trasformado en un polígono de 1,5 m de ancho correspondiente al movimiento de “barrido de suelo” que realiza el operador en su avance. Esto permite establecer con exactitud zonas que presentan hallazgos, zonas que no los presentan y zonas que no se han prospectado.

A continuación los materiales serán limpiados mediante un suave baño de agua, para retirar el exceso de tierra y secados al aire. Esto permite determinar su estado y la necesidad de aplicar otras técnicas de limpieza o conservación (Carlson-Drexler et al. 2008: 25); además de facilitar una comprobación de la identificación realizada in situ. En el caso de elementos con marcajes o grabados (cartuchería, botones, etc) se procede a su lectura, incorporando los detalles adicionales a la base de datos.

Por último, una vez secados son introducidos en una nueva bolsa, pudiéndose optar por la agrupación de elementos del mismo tipo y a su catalogación definitiva. En función de la finalidad del estudio y época, los elementos recuperados pueden ser estudiados en mayor profundidad y analizados por personal experimentado, así como realizar comparaciones con colecciones o materiales de referencia (Carlson-Drexler et al. 2008: 25, O’Dell 2011: 33).

3. Aplicación Metodológica en un Campo de Batalla Carlista 

En el ámbito geográfico del Oriente de Cantabria y Encartaciones Bizkainas, uno de los episodios más destacables ha sido, sin duda, la sucesión de batallas acaecidas entre febrero y abril de 1874 dentro del marco de la última guerra carlista (1872–1876) y que reciben el nombre genérico de Batallas de Somorrostro.

Panorámica del valle de Somorrostro durante las batallas.
Tomado de la Ilustración Española y Americana.
A pesar de constituir un evento de relevancia histórica, tanto militar como social, para el que existe abundante información, son prácticamente nulos los estudios contemporáneos que se han ocupado de documentar, estudiar y divulgar los hechos bélicos de forma sistemática y pormenorizada. Si el desconocimiento histórico general que existe en relación con las Guerras Carlistas a nivel global es innegable, todavía lo es más a medida que se desciende hacia los aspectos particulares de estas contiendas.

Hasta la fecha son numerosas las personas que a nivel personal se han interesado por las Batallas de Somorrostro recopilando distinta información de carácter histórico y con variados objetivos. Entre ellos encontramos personajes relevantes de la sociedad bilbaína como el historiador Manuel Basas Fernandez o Enrique de Areilza y Arregui, publicándose en el año 2007 una pequeña monografía a cargo del historiador Cesar Alcala. También resulta notablemente remarcable por su carácter didáctico y visual, el trabajo realizado por Armando Cruz (2012).

A finales de marzo de 2010 surge un proyecto de investigación histórica, coordinándose una primera labor de prospección que contó con el apoyo e interés de asociaciones culturales y corporaciones municipales de la zona de Bizkaia, ampliándose posteriormente a territorio cántabro mediante un proyecto financiado por la Dirección General de Cultura del Gobierno de Cantabria (Arrate et al. 2012). Finalmente, es en el año 2012 cuando incorporados a los trabajos de control arqueológico de las obras del gaseoducto Bilbao-Treto (Tanea 2012), se presenta un proyecto específico al Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia para el estudio de este patrimonio bélico.

     3.1. Estudio histórico y planimétrico

La Batallas de Somorrostro se desarrollaron en un área de unos 50 Km2, la mayor parte de ellos comprendidos dentro del territorio histórico de Bizkaia, pertenecientes a los municipios de Muskiz, Abanto, Zierbana, Sopuerta, Galdames y ya en Cantabria, a Castro Urdiales. La mayoría de los terrenos se corresponden actualmente con plantaciones de coníferas y eucaliptos, con pequeñas zonas de pradera para pastos y manchas de bosque autóctono en la ribera de los arroyos, así como una importante alteración por presión industrial y urbana en la ría del Barbadun. La zona de estudio presenta varios lugares interés arqueológico recogidos en los correspondientes Inventarios Oficiales, si bien, ninguno está relacionado con las Batallas de Somorrostro.

Ámbito geográfico de estudio de las Batallas de Somorrostro y zonas de prospección sobre cartografía 1:25000.
Se ha realizado un intenso vaciado bibliográfico, incluida la recopilación de datos procedentes de archivos históricos y parroquiales, y tomadas en consideración las distintas fuentes se procedió a la realización de una reconstrucción histórica de las batallas, con el objetivo de obtener una visión lo más imparcial y realista posible de los eventos bélicos; además de proceder a la determinación de zonas de interés para la prospección arqueológica y el establecimiento de una relación de los posibles objetos metálicos que pudieran ser localizados para agilizar el proceso de identificación y catalogación. Un importante volumen de este material se encuentra todavía en fase de redacción, estando en proyecto futuras publicaciones de carácter divulgativo similar a la realizada por Arrate (2010). A continuación se presenta un breve resumen histórico como elemento de contextualización de los trabajos realizados:

El ejército carlista, tras las victorias de Estella (agosto de 1873), Montejurra (noviembre de 1873) y la toma de Portugalete (enero de 1874) contemplaba la posibilidad de conquistar la villa de Bilbao, reducto liberal en Bizkaia, procediendo a establecer un Sitio para obligar a su rendición.

Numerosas tropas del ejército liberal se desplazan en ferrocarril hasta Santander y apercibidos los carlistas de este inusitado despliegue de fuerzas que avanzan por la costa de Cantabria con el objetivo de levantar el incipiente Sitio de Bilbao, el alto mando carlista ordena la fortificación del puerto de Saltacaballos, una vez desestimada la toma de Castro Urdiales. Sin embargo en la noche del 16 de febrero las tropas carlistas se ven obligadas a desalojar sus prematuras defensas, retirándose al otro lado de la ría del Barbadun.

El 19 de febrero de 1874 se encuentra el ejército liberal ocupando la orilla izquierda del río Barbadun, desde su desembocadura hasta las estribaciones del monte Corbera que formaba la derecha de su línea, extendiéndose el ejército por retaguardia siguiendo la carretera hasta la villa de Castro Urdiales que servía como base de sus aprovisionamientos. Por su parte, los carlistas se fortifican a lo largo de la línea de montes y colinas que van desde las alturas del monte Montaño hasta las faldas de Triano. En el centro de su línea destacaban las iglesias de San Pedro de Abanto y Santa Juliana, convertidas en dos fuertes reductos.

Recreación de la Batalla de Lacar.
El 24 de febrero comienza la 1º de las grandes confrontaciones entre ambos ejércitos. Durante el 24 y 25 de febrero (Batalla de Montaño), los liberales asaltan el pico Montaño supeditando su avance a la cobertura de su moderna artillería sin lograr desalojar a los carlistas de su cima. El general de las tropas liberales, Domingo Moriones Murillo, tras comunicar mediante un telegrama a Madrid su fracaso, abandona el mando. Los ecos de la derrota de un “poderoso” ejército moderno frente a las mal armadas y peor uniformadas tropas rebeldes no se hacen esperar, llegando a Somorrostro numerosos corresponsales nacionales e internacionales a cubrir las noticias del Sitio de Bilbao y el frente de Somorrostro.

El nuevo general de las tropas liberales será el Presidente del Poder Ejecutivo de la efímera I Republica, el general Francisco Serrano y Domínguez, Duque de la Torre. Hasta el día 19 de marzo las fuerzas liberales continúan con los trabajos de organización, municionamiento de las tropas e intendencia liberales; entre 22.000 y 30.000 efectivos y unas 50 piezas de artillería. Por su parte el ejército carlista compromete más del 50% de su Ejercito del Norte en el Sitio de Bilbao y línea de Somorrostro, con 15.000 hombres y una manifiesta ausencia de artillería efectiva, una notable multiplicidad de armamento y una clara carestía en municiones.

Dispuestos a no ceder terreno, los carlistas se ocupan en mejorar sus defensas visto el notable destrozo que causa la artillera del ejército liberal; se abren trincheras donde se ocultan hasta la altura de la cabeza los soldados, eliminando la tierra sobrante para evitar que los artilleros enemigos puedan tener un blanco en el horizonte, comunicándose entre sí y cruzando los fuegos para defender de forma efectiva todas las posiciones y conectando todo el sistema mediante reductos estratégicamente colocados. Se denominará “trinchera carlista” siendo un referente de ingeniería militar del que tomaran buena nota los militares tanto nacionales como extranjeros.

El 20 de marzo el mal tiempo aborta un desembarco de 9.500 hombres en la playa de Algorta, y el estrangulamiento que sufre Bilbao precisa de una acción contundente que acalle las críticas, que una vez más, se elevaban desde los círculos editoriales de la capital y que hacen tambalear el ya de por sí, inestable gobierno de la I República. El 25, 26 y 27 de marzo Serrano ordena un ataque a lo largo de toda la línea de Somorrostro (Batalla de San Pedro de Abanto). El intento de romper el centro de la defensa carlista en San Pedro de Abanto, la zona más fortificada y mejor defendida produce una sangría de hombres y material. El veterano carlista Telesforo Sáenz de Ugarte escribió en su diario (Arostegui 1976: 541): “Fue un día de horror y luto, pues los soldados no querían seguir y fue preciso que los oficiales sacaran sus espadas y obligarles, pues sabían que iban en busca de la muerte. Aquel campo quedó regado de sangre, pues como se tiraba a tan corta distancia se les hizo numerosísimas bajas” y el historiador Pirala (1892: 188): “Heroicos esfuerzos hicieron los liberales para apoderarse de San Pedro; todo inútil; llegaron hasta la orilla del arroyo, que no pudieron salvar, y allí encontraron la muerte. ¡Cuántos cadáveres llenaron el pequeño pardo triangular al pie de la eminencia en que está San Pedro y junto a la carretera! […] pero en ninguna parte se presentó espectáculo más horrible que en un prado entre Las Carreras y San Pedro de Abanto, al pie de la eminencia de éste, y en cuyo espacio había dos o tres filas de cadáveres unos encima de otros. […] Estos cadáveres fueron enterrados sobre el terreno en cinco grandes fosas, y en otros puntos”. Los esfuerzos del ejército liberal son baldíos; sus avances son mínimos y el escaso terreno conquistado carece de valor estratégico.


El 28 de marzo el estado mayor carlista se reúne en consejo. El desgaste de su ejército es innegable, no existiendo la posibilidad de aportar nuevas tropas, con un alto gasto de material que difícilmente puede ser repuesto y compromete la seguridad de todo lo conseguido hasta el momento. Sin embargo, el peso de una minoría de los generales carlistas se impone, manteniendo el Sitio. Mientras, el frente de Somorrostro entra en un letargo donde los contactos entre las líneas enemigas se hacen continuos.

El presidente/general Serrano solicita a Madrid la creación de un nuevo Cuerpo de Ejército que llegará a las órdenes del general Manuel Gutiérrez de la Concha, Marques del Duero. Son 15.000 nuevos hombres, repartidos en 24 batallones y 20 nuevas piezas de artillería. La tercera gran batalla de la Campaña de Somorrostro comenzará el 27 de abril con un movimiento envolvente por el puerto de las Muñecas (Batalla de la Muñecas). El ejército carlista, no dispone ya de los medios, ni de los hombres como para defender el paso de forma efectiva. Roto el frente por las Muñecas y ante la posibilidad de quedar la práctica totalidad del Ejército Carlista del Norte copado, se toma la decisión de levantar la Línea de Somorrostro y abandonar el Sitio de Bilbao. Acción que se realiza en perfecto orden, sin pérdida de material ni hombres por parte del ejército carlista. El general Concha hará una entrada triunfal en Bilbao el 2 de mayo poniendo fin al Sitio de Bilbao.

Ejemplo de georeferenciación sobre cartografía
y ortofoto actual de un mapa de época.

           3.1.1. Estudio planimétrico

La bibliografía consultada aportó numerosa información geográfica, incluidos mapas topográficos de detalle que fueron convenientemente tratados en el SIG mediante su correcta georeferenzación sobre cartografía y ortofotografía actual. Esto permitió establecer zonas de interés específico, además de aportar distinta información adicional para una mejor compresión del desarrollo de las batallas.

      3.1.2. Creación de la base de datos de elementos metálicos

La última Guerra Carlista se caracterizará por ser una “guerra moderna”, donde está plenamente desarrollado el concepto de retrocarga, tanto en artillería, como en fusilería, al igual que el uso de cartuchos metálicos, lo que supone una mayor cadencia de tiro y una mayor distancia efectiva de la armas. Sin embargo, el ejército carlista siempre se encontrará en clara desventaja respecto al material utilizado, viéndose obligado a adquirir a otros países armamento, por lo general excedentes o material obsoleto; o bien, proceder a su fabricación. Durante la campaña de Somorrostro serán pocas las compañías carlistas armadas con el fusil de éxito del momento, el Remington Modelo 1871, con el que contaba el ejército liberal. Esto genera una clara diferenciación, no sólo entre los dos ejércitos, sino también dentro de los distintos batallones carlistas, donde no todos están dotados del mismo armamento, con el consiguiente problema de abastecimiento de munición. Cómo ejemplo de esta situación, un veterano guipuzcoano relató al Padre Apalategui (2005: 99) que su batallón contó hasta con 7 modelos de fusiles distintos.

Tomando como referencia el trabajo de Martinez (2008), tras el pertinente vaciado bibliográfico y una identificación de elementos asociados a una primera serie de prospecciones, se procedió a la confección de una base de datos con un listado de elementos metálicos, haciendo especial distinción a la cartuchería existente, con una codificación y categorización de elementos para facilitar su incorporación a al GPS y posterior uso en la geobase de datos.

     3.2. Estudio de Campo de Las Batallas de Somorrostro

Partiendo de los datos obtenidos en la bibliografía, así como en los trabajos previos sobre cartografía de época y actual mediante la utilización del SIG, se seleccionaron varias zonas de interés para proceder a la prospección metálica. La mayoría de ellas se corresponden con lugares de dominio carlista, exceptuando la zona de Pico Ramos como lugar de emplazamiento de artillería liberal.

          3.2.1. Selección del tipo de prospección

De forma general las prospecciones intensivas se realizaron en combinación con los trabajos arqueológicos asociados a la construcción del gaseoducto Bilbao – Treto (Tanea 2012); sin embargo, en muchas ocasiones la orografía del terreno, el crecimiento arbustivo y las plantaciones de coníferas ha supuesto la necesidad de adaptarse a los espacios despejados o caminos ganaderos, dentro de la denominada “prospección orgánica”.

          3.2.2. Selección de las características técnicas del detector

Los trabajos de prospección metálica se han realizado mediante un detector de metales profesional, marca Whites modelo XLT, con plato de 24 cm y monofrecuencia de 6,5 kHz presentando variaciones referentes a la programación del mismo, en función de la condición arqueológica de la zona. En zonas de interés el aparato fue programado para la detección de todos los metales, maximizando la profundidad de localización de hallazgos. En zonas a priori no interesantes, se realizó una búsqueda metálica con discriminación, donde los elementos férricos fueron únicamente desenterrados cuando por tamaño o por condiciones de oxidación o aleación con otros metales pudieran ser susceptibles de pertenecer a artefactos bélicos.

          3.2.3. Georeferenciación de hallazgos

Todo el desarrollo de los trabajos de prospección, incluidos los track de movimiento del operador del detector así como los hallazgos, han quedado registrados mediante la utilización de una GPS GARMIN Legend Etrex, para seguidamente ser volcados en una geobase de ArcGIS. La base presenta una categorización de los distintos materiales para permitir un acceso rápido e inequívoco, donde cada pieza presenta una codificación, su localización mediante coordenadas geográficas UTM (Datum ETRS89), información adicional, así como una foto de hallazgo in situ realizada tras su extracción.

     3.3. Resultados

          3.3.1. Materiales localizados

Durante las labores de prospección se ha trabajado sobre una superficie superior a los 18.000 m2 donde se han localizado un total de 718 piezas metálicas de las cuales, el 90% está claramente asociadas al periodo de las batallas; además de georeferenciar las trincheras todavía visibles, que contabilizan un total de 800 metros lineales.
Porcentaje de elementos metálicos por categorías.

Los objetos más abundantes son los relacionados con restos de munición y cartuchería, destacando la elevada proporción de elementos asociados a munición Remington, correspondientes prácticamente en su totalidad al ejército liberal. Le sigue restos de munición generados por la multiplicidad del armamento carlista (Munición 50-70, Berdan, Lefaucheux, avancarga…). También se han localizado un alto número de fragmentos dejados por la artillería liberal, siendo relativamente frecuente encontrar materiales asociados a la Guerra Civil de 1936 como resultado de la reutilización de algunas trincheras o lugares estratégicos. A continuación se presenta una descripción de los principales hallazgos tomando como referencia información localizada en las páginas: www.municion.org y www.catalogacionarmas.com.

Cartucho de munición Remington.
Los restos de munición Remington 11,15 x 57, R Rémington Español o .43 Spanish Remington representan casi la mitad de hallazgos (45% de los elementos metálicos localizados). Este cartucho de fuego central fue adoptado junto con el fusil monotiro Rémington modelo 1871. Fue el arma de éxito del momento basado en su simplicidad de su mecanismo, robustez y fiabilidad que además incluían las mejoras balísticas en su cartucho que conferían al fusil mayores prestaciones que el resto de fusiles de retrocarga del momento, con una velocidad de disparo de 9 descargas por minuto y un alcance máximo superior a los 1.000 metros. La Real Orden de 24 de febrero de 1871 lo declaraba reglamentario hasta sus sustitución  en 1893 por el fusil Mauser.

Vaina de cartucho 50-70 Benet.
Los restos de munición 50-70 representan el 14% de los elementos localizados. Se trata de un cartucho de pólvora negra y bala de plomo de tipo ojival de gran difusión y con numerosas variantes, diseñado en 1866 para el ejército norteamericano. La mayoría de las vainas localizadas pertenecen al tipo “50-70 Benet” que presenta un pistón interno patentado por el Coronel Stephen Vicent Benet (1829-1895) en 1868. Los carlistas importaron este tipo de munición, aunque posteriormente comenzaron a producirlos en distintas ferrerías, tanto de Bizkaia como de Gipuzkoa. Esta munición es utilizada en el fusil Springfield Modelo 1866 siendo citado en la bibliografía de época con los nombres de “fusil Alien”, “Allen”, “Springfield” o incluso “Berdan reformado”, existiendo una importante confusión entre los fusiles denominados “Berdan” y “Berdan reformados”, que afectó a la propia intendencia del ejército carlista. Ambos fusiles son de avancarga en origen transformados en retrocarga por un sistema notablemente similar. Sin embargo las patentes son diferentes y su llegada a manos del ejército carlista es también distinta.
Bala de cartucho 50-70.
El Springfield presentaba un cierre denominado Allin creado por Erskine S. Allin (1809-1879) en 1865, para la reconversión de los rifles de avancarga a la retrocarga y cartucho metálico. La rápida evolución de la industria armera norteamericana hizo que para el año 1869 estos fusiles pasaran a la reserva, siendo adquiridos por agentes franceses al comenzar la guerra Franco-Prusiana (1870-1871) que ante la imposibilidad de dotar a todo su ejército del fusil Chassepot procedió a la transformación de sus arsenales, así como a la adquisición de todo tipo de armas de retrocarga. Una vez finalizada la contienda Francia mantenía un gran número de este material sobrante no dudando los agentes carlistas en adquirirlos a precio de saldo.
Cartucho Berdan.

Los restos de cartuchería Berdan se han hallado en baja proporción (5% de los hallazgos), asociados a zonas de defensa carlista. Se trata de un cartucho metálico de fuego central, pólvora negra y bala de plomo destinado para los fúsiles “Berdan”. El advenimiento de la cartuchería metálica y la retrocarga, dejó obsoletos todos los fusiles con los que contaba el ejército. Al igual que ocurría en otros países, España comenzó el proceso de transformación de sus arsenales a las nuevas condiciones. Según la Real Orden de 14 de diciembre de 1867, se adoptó como modelo reglamentario el cierre Berdan Nº3, que en realidad era la quinta modificación del cierre “de charnela”, diseñado por el norteamericano e ingeniero industrial y militar Hiram Berdan (1824–1893). Por lo tanto el "Fusil Berdan" o Berdan Modelo 1867 es el resultado de las modificaciones efectuadas sobre el fusil rayado modelo 1859 y la carabina modelo 1857. Entre 1867 y 1870 se convirtieron más de 100.000 de estos fusiles al sistema Berdan siendo el arma reglamentaria del ejército hasta la llegada del Remington, quedando este relegado a las tropas de voluntarios o milicias.

Culote de cartuchería Lefaucheux.
Los restos de munición Lefaucheux también se han encontrado en baja proporción (5% de los hallazgos) siendo conocidos como cartuchos "de espiga" o "pinfire". Desarrollados por el francés Casimir Lefaucheux (1802-1852) en 1836, su principal rasgo distintivo era la aguja incorporada directamente en el cartucho. El pistón estaba en el interior de la vaina, la aguja atravesaba el cuerpo de la misma y se apoyaba en el interior del pistón. En España, la producción de este tipo de armas fue masiva hasta comienzos del siglo XIX, siendo utilizadas hasta la última Guerra Civil. En el caso del ejército estos sistemas no pasaron de su fase experimental, ya que para 1866 cuando se replantea la adaptación de los fusiles de retrocarga, los cartuchos de espiga ya habían sido ampliamente superados por la adopción del cartucho metálico. Durante la guerra carlista las tropas carlistas las utilizaron como solución básica a la falta de otro armamento, aportadas por los propios voluntarios al incorporarse en sus batallones o fabricadas en la industrias armeras de Gipuzkoa, estando algunas unidades armadas con carabinas y rifles “giratorios”, en el que la recámara quedaba abierta al girar el cañón, volviéndose a obturar al invertir el giro.

Los proyectiles de avancarga o Minié se corresponden con el 1% del total los hallazgos. Las armas de avancarga era claramente elementos desfasados, sin embargo, formaron parte del arsenal carlista en el momento de formar sus batallones, incluyendo trabucos y fusiles, tanto lisos como rayados, de distintas épocas y modelos (1851, 1857,…). Todos ellos presentaban un gran calibre, superior a los 14 mm.

Estopín de artillería modelo 1857.
La superioridad en armamento del ejército liberal frente al carlista se hizo especialmente patente en lo relacionado con la artillería, llevando a Somorrostro las piezas más modernas que se habían desarrollado en ese momento: el cañón rayado Krupp de 8 centímetros de acero fundido, tanto en su versión de campaña como de montaña. El 15% del total de los hallazgos se corresponden con fragmentos de la munición empleada. La mayor parte de ellos conciernen a restos de la granada ordinaria de 8 cm modelo de 1868, aunque también se han encontrado pedazos de proyectiles “de tetones” para cañones de avancarga rallados de 16 cm, así como restos de otros calibres. De igual forma se han localizado estopines de artillería modelo 1857 destinados a la ignición de la carga de los cañones, además de un elevado número de esferas de plomo de calibre de aproximadamente 13 mm, asociadas a los denominados botes de metralla o shrapnel, que fueron profusamente utilizados tanto en la Guerra Carlista como Civil.

Fragmentos de artillería de distintos
calibres.
Si bien el objetivo de este estudio han sido las guerras carlistas también se han recuperado munición de la Guerra Civil (7% de los hallazgos), entre la que hay que destacar munición Mauser y Mannlicher-Carcano con marcajes de vaina claramente asociados a la Guerra Civil. Estos restos están asociados a la línea de defensa construida en los primeros meses de 1937 previendo un posible desembarco en la zona de la Playa de La Arena por parte de tropas nacionales, donde se levantaron fortificaciones desde Punta Lucero hasta la zona de San Lorenzo en Las Carreras (Abanto-Zierbena) pasando por  El Peñón y ladera sur de Montaño, compuesta de pequeños bunkers, casamatas y nidos de ametralladoras, así como líneas de trincheras que en algunos casos reaprovechaban las utilizadas en 1874. Otros restos pertenecen a los combates que tuvieron lugar en el frente que se estableció una vez tomado Bilbao por las fuerzas nacionales y que acabaron 23 de agosto con la definitiva retirada republicana de la zona oriental de Cantabria y el hundimiento del frente de Bizkaia.
Numismática encontrada en las
prospecciones.

En el ámbito de la numismática localizada destaca la presencia de un resello de 8 maravedís, así como una moneda de plata de Isabel II (1865). También se han localizado 2 maravedís de Isabel II, 10 céntimos del gobierno provisional (1869), 25 céntimos de Real de Isabel II y un felus marroquí. La mayoría de ellos se encuentra en mal estado de conservación, y aunque muchas de estas monedas han tenido un uso que llega en algunos casos hasta la Guerra Civil, la localización de las mismas, indica una relación directa con las batallas de Somorrostro.

Botón del Cuerpo de Estado Mayor
del Ejército.
Respecto a otros pertrechos destaca la aparición de 3 botones correspondientes al Cuerpo del Estado Mayor del Ejército, y por lo tanto restringidos en su uso a oficiales de elevada graduación, sin ser posible determinar el bando contendiente, dado que la oficialidad compartía en muchos casos la uniformidad, exceptuando el uso de la “boina carlista”. También se han localizado botones de uniformes de infantería de 1869 asociados al bando liberal, así como uno grabado con el número “13” que pudiera corresponder a la primera carlistada, posiblemente resultante de la reutilización de material por parte del ejército carlista.

Por último comentar la presencia de dos dedales de costura de idéntica tipología. Dado que se exigía al soldado una cierta autonomía, resulta pausible pensar en la necesidad proceder a sus propios remiendos de sus uniformes; por lo que pueden formar parte del ajuar de soldados.

          3.3.2. Interpretación de los hallazgos en función de las zonas

Pico Ramos I

Área de muestreo localizada cercana al vértice geodésico del Pico Ramos. Actualmente se trata de zona de pastizal de montaña utilizada como emplazamiento artillero y campamento del ejército liberal, dado sus especiales condiciones orográficas: una importante meseta y pendiente moderadas en la zona Norte, y zona abrupta en su cara Sur. Se procedió a la realización de varios transectos básicos a lo largo de la traza del gaseoducto Bilbao-Treto, así como un muestreo intensivo en una cuadrícula adyacente al vértice geodésico. El área total muestreada ascendió a 1.014 m2, con un total de 80 hallazgos metálicos.

Mapa de dispersión de hallazgos en el Pico Ramos.
Los resultados de la prospección metálica han revelado una importante cantidad de restos asociados a la actividad del campamento como presencia de artillería, con elementos que incluyen estopines de artillería modelo 1857 destinados a la ignición de la carga de los cañones Krupp (21% de los hallazgos), una elevada cantidad de restos de cartuchería Remington sin percutir (36% de los hallazgos) y otros restos metálicos de actividad castrense, que incluye un par de botones de infantería, así como numerosos blancos ferrosos, destacando pequeños clavos posiblemente asociados a las cajas de madera que contenían suministros y munición, que muy probablemente eran quemadas una vez vaciadas. También destaca la elevada densidad de esferas de plomo de calibre de aproximadamente 13 mm (20% de los hallazgos), correspondientes a los denominados botes de metralla o shrapnel, utilizados tanto en la Guerra Carlista como Civil del 36. Dada la superposición de actividad bélica en el ámbito de trabajo, resulta difícil establecer la procedencia cronológica de dichas esferas.

En relación con la distribución de los hallazgos resulta interesante comprobar como se muestra una agrupación de estopines en la vertiente Este del monte, zona situada en frente de las posiciones carlistas; mientras que en la vertiente oeste, más resguardada, aparecen otro tipo de hallazgos, que incluyen varias herraduras, posiblemente de las caballerizas necesarias para mover todo el material.

Pico Ramos II

Se trata de un pequeño alto localizado entre el Pico Ramos y Janeo. Actualmente es un pastizal de montaña con muy poca potencia de suelo vegetal y junto a su cumbre se localiza una estructura de muro de mampostería. El área muestreada fue de 706 m2 a lo largo de transectos relacionados con la el trazado del gaseoducto Bilbao-Treto y zonas adyacentes a los muros de piedras. Con tan solo 9 elementos metálicos localizados, los resultados fueron decepcionantes en cuanto a hallazgos relacionados con la Guerra Carlista se refiere. A pesar de localizarse en una zona aparentemente segura, entre los dos picos prominentes de Janeo y Pico Ramos, esta pequeña meseta únicamente mostró elementos metálicos de tipología moderna (clavos fundamentalmente), destacando la presencia una pequeña vaina de revolver del calibre 22’ de características modernas y una bala impactada aislada de munición 50-70.

Los Campamentos

Afectada el área por plantaciones forestales así como por trabajos mineros, la toponimia no deja lugar a dudas sobre su origen castrense, correspondiente con la necesidad del ejército carlista de crear un emplazamiento permanente de tropas cercanas al frente de lucha. Este campamento tuvo una vida efímera, ya que tan solo sirvió para ese propósito durante el mes abril de 1874, donde según los relatos de los veteranos la tropa confeccionó sus propios refugios con ramas y para la oficialidad se construyó un edificio de madera en las cercanías de la fuente actualmente existente (Apalategui 2005: 357).

Se dividió el área de prospección en dos zonas. La primera con muestreos de tipo orgánico comprendió la meseta localizada entre el Pico La Cruz y el Pico del Gallo y un muestreo intensivo cercano a la fuente de agua. En el primer caso se muestrearon 2.427 m2 donde se localizaron 50 elementos metálicos, con numerosa presencia de munición y restos de la Guerra Civil (20% de los hallazgos), que incluía una defensa con cierre de alambrada. Los restos de presencia del ejército carlista se reducen a la aparición esporádica de fragmentos de munición Berdan, Lefaucheux y 50-70; y un importante número de balas Remington (48% de los hallazgos).

Ejemplo de georeferenciación en 3D.
En el muestreo intensivo realizado junto a la fuente se trabajó en un total de 1.041 m2, localizándose 42 elementos metálicos. Indudablemente al ser un punto de abastecimiento de agua, se considera como una zona de especial relevancia. Los restos muestran tanto la presencia elementos carlistas, como liberales, destacando la numismática localizada que incluye una moneda de plata de Isabel II, así como la presencia de dos granadas de Krupp de 8 cm sin explosionar.

La ausencia de una densidad importante de vainas carlistas puede ser interpretada como una retirada sin una defensa intensa, mientras que el ejército liberal avanzaba en todo momento haciendo muestra de un abrumador fuego de fusilería. La presencia de las granadas de Krupp, apenas separadas apenas un metro, resulta una incógnita aunque parece ser un acopio de material no explosionado que quedó posteriormente abandonado.

Moruecos-Cabañas

Las prospecciones entre el Portilllo de las Cortes y Pico la Cruz se realizaron en distintas localizaciones, cubriendo 3.401 m2. Toda la zona se encuentra afectada por plantaciones forestales que junto con la orografía de la zona dificultan notablemente los trabajos, realizándose prospecciones de tipo orgánico. Se localizaron 113 elementos metálicos, donde un 50% se corresponden con balas de Remington, muchas con claros indicios de impacto. Los restos muestran una clara defensa carlista en los puntos estratégicos que dominaban los cordales y que el ejército liberal se vio en la obligación de ir desalojando a medida que avanzaba en dirección a Los Campamentos. Por otra parte también se ha localizado munición de la Guerra Civil, mostrando una ocupación de los lugares estratégicos en ambas contiendas.

En el flanco izquierdo, en la zona más cercana al barrio de Las Cortes, destaca la agrupación de vainas Berdan localizadas junto a los restos de una trinchera (cota 460), actualmente desaparecida por la creación de una nueva pista forestal en el año 2011, indicativos de disparos por parte de tropas carlistas hacia las casas y campas del barrio de Las Cortes. También se han localizado pequeñas agrupaciones de vainas 50-70 en la cota 375, en zonas con un claro carácter defensivo, rodeadas de un importante número de balas Remington. Este patrón se repite en la cota 455, donde un afloramiento rocoso que domina geográficamente las zonas de ascenso al cordal presenta una agrupación importante de balas Remington impactadas, así como restos de granadas Krupp. Claramente el saliente rocoso fue defendido por el ejército carlista y atacado fuertemente por el liberal.

Por su parte, en el flanco derecho, las evidencias de lucha no son tan evidentes, mostrando una ocupación de los altos y zonas estratégicas por parte del ejército carlista con la presencia de restos de munición Berdan, 50-70 y avancarga.

Portillo de Las Cortes

Mapa de dispersión de hallazgos en el Portillo de las Cortes.
Localizado en el flanco izquierdo de la línea de defensa carlista, actualmente se trata de un pinar con notable actividad forestal. Ante la imposibilidad de realizar transectos rectilíneos se optó por la realización de prospección de tipo orgánica, en un total de 2.317 m2. Se localizaron 112 elementos metálicos, de los cuales más de la mitad se corresponde a balas Remington (55% de los hallazgos), la mayoría de ellas notablemente deformadas por impacto. Destaca su agrupación en determinadas zonas elevadas, claramente susceptibles de presentar una defensa por parte carlista, confirmada por la aparición de munición carlista en muy baja densidad.

Los hallazgos identifican claramente la zona de ataque liberal, sosteniendo un notable fuego continuado sobre las posiciones carlistas, apoyado por disparos de artillería de montaña, tal y como muestran los restos de metralla de granadas (15% de los restos). La ausencia de restos munición carlista en alta densidad indica que la defensa de esta zona estaba más supeditada a la propia orografía del terreno que al número de efectivos carlistas.

San Pedro

Zona bajo control carlista, siendo uno de los lugares emblemáticos del campo de batalla, convertida la iglesia en plaza fuerte por el ejército carlista y quedando prácticamente destruida durante los combates. La prospección prelimitar a lo largo de una trinchera todavía visible y un transecto vertical a la misma cubriendo unos 381 m2, mostró 16 elementos metálicos, así como numismática posterior a la guerra carlista. Destaca la profusión de balas Remington (38%) así como fragmentos de granadas (24%). En la cota más elevada se localizó una vaina 50-70 y una sección de la llave de un fusil.

Murrieta

Zona de fortificación carlista y fuertes combates que afectaron notablemente a los caseríos, quedando muchos de ellos destruidos. Actualmente se trata de un pastizal cerrado por un cercado de piedra que bordea un antiguo camino vecinal. En uno de los extremos se localiza una antigua construcción hoy desaparecida, siendo visibles los cimientos de la misma. El área muestreada asciende a 2.079 m2.

Mapa de dispersión de hallazgos en Murrieta.
El número de objetos localizados fue de 64, donde casi un 40% se corresponden con vainas de cartucho 50-70 de tipología Benet, observándose una notable agrupación de estos restos en el extremo de la campa junto a la tapia. Transectos longitudinales en el pastizal muestran balas de Remington (22% de los hallazgos) claramente impactadas, especialmente en las cercanías de los cimientos de una construcción actualmente desaparecida, así como numerosos restos de fragmentos de granadas Krupp (26% de los hallazgos).

Los transectos realizados en la huerta colindante no mostraron hallazgos de relevancia, donde los trabajos agrícolas proporcionaban multitud de blancos metálicos que dificultaba notablemente la prospección, abandonando el muestreo ante la falta de resultados concluyentes.

Indudablemente nos encontramos en una zona de defensa carlista, donde soldados parapetados tras el muro mantuvieron un fuego sostenido. Por su parte el ejército liberal realizó numerosos disparos contra la zona, tanto de artillería como fusilería, y especialmente sobre la edificación, cuyos restos presentan a su alrededor balas notablemente deformadas por impacto.

Mantres I

Zona bajo control carlista, actualmente se trata de un pastizal de montaña. A lo largo de todo el cordal todavía es visible la presencia de una trinchera, en algunos puntos perfectamente conservada que pudo ser reutilizada durante la construcción de defensas en la Guerra Civil, añadiendo nidos de ametralladora en la vertiente norte, hoy destruidos por la construcción de la estación eléctrica.

Los transectos cubrieron 2.337 m2, localizándose 96 elementos metálicos. Al igual que ocurría en Murrieta encontramos una gran cantidad de vainas pertenecientes al ejército carlista, destacando la elevada concentración de vainas Lefaucheux que representan un 30% de los hallazgos. También se localizan vainas y cartuchos de 50-70 (4%), tanto de tipología Benet como de fuego central, y una pequeña fracción que corresponde a cartuchería Berdan y de avancarga. Diseminadas por toda el área encontramos numerosas balas Remington (26%), muchas de ellas claramente impactadas y vainas de este mismo sistema, al igual que fragmentos de granadas Krupp (13%).

El área prospectada pertenece a una de las posiciones “fuertes” del ejército carlista, donde el cordal protegía tanto los caseríos de Murritea, como el denominado “valle de Manzanal”, por donde actualmente discurre la autopista A-8. La aparición de la mayoría de las vainas Lefaucheux en agrupaciones indica posiciones de disparo estáticas por parte del ejército carlista que soportó un notable fuego de artillería. Indudablemente esta zona tuvo un carácter privilegiado para la defensa de la línea carlista.

Mantres II

Zona bajo control carlista, actualmente un pastizal de montaña que conserva los restos de una trinchera. Los transectos realizados cubrieron un área de 804 m2, localizándose 16 elementos metálicos, la mayoría de ellos correspondientes a balas Remington y fragmentos de granadas. También aparecen restos de Guerra Civil, correspondientes a cartuchería Mauser. A pesar de presentar una localización geográficamente interesante, la baja densidad de hallazgos unido a la ausencia manifiesta de elementos de armamento carlista, puede indicar una falta de defensa por parte de los mismos.

Alto de San Andres

Zona bajo control carlista. La situación estratégica de este saliente del Montaño ofrecía una notable ventaja al ejército carlista que sumado al cordal de Murrieta protegía eficazmente todo el valle por el que actualmente discurre la Autopista A-8.

La prospección preliminar de 886 m2 tuvo como resultado la localización de un total de 17 elementos metálicos. A lo largo del cordal encontramos con una trinchera de unos 229 metros excavada en roca, pudiendo ser reutilizada durante la Guerra Civil, de hecho entre los restos encontramos munición de esta época. También se han localizado vainas de cartuchería 50-70 y balas Remington impactadas.

Portillo de Oceja

Mapa de dispersión de hallazgos en el Portillo de Oceja.
El Collado de Oceja se sitúa en el cordal montañero que separa el Peñón del Pico Montaño, en una zona de brezo, matorral bajo y encinar cantábrico que dificultaba el uso del equipo de detección. Ante la imposibilidad de realizar una división en cuadriculas del área en estudio, se procedió a la realización de transectos a largo de los caminos ganaderos o montañeros, así como a las zonas desbrozadas para la realización de los sondeos arqueológicos relacionados con la construcción del gaseoducto Bilbao – Treto (Figura 7). Se trata de una zona de elevado potencial arqueológico, utilizada como zona estratégica tanto en la última Guerra Carlista, como durante la Guerra Civil.

Se muestrearon 1.433 m2, encontrándose 98 elementos metálicos. La zona prospectada presenta una alta densidad de elementos metálicos, fundamentalmente relacionados con las Batallas de Somorrostro donde la zona del Peñón, junto con el pico Montaño, fue convertida en un fuerte reducto carlista. De hecho, la gran mayoría de hallazgos, un 75%, se corresponden con restos de munición de la guerra carlista, frente al 5% que representa la munición asociada a la Guerra Civil. El mayor porcentaje de hallazgos (45%) están relacionados con la munición Remington, seguido de restos de cartuchería 50-70. De forma residual (6%) también aparecen restos de cartuchería de avancarga, Berdan y Lefaucheux.

Por otro lado, existe una clara distribución de los restos, donde la mayor densidad se localiza en la zona del collado de Ojeda, entre la cota 100 y 120, en la vertiente que mira al valle de Somorrostro. Todo ello es indicativo de una zona de fuerte intercambio de disparos entre ambos ejércitos. Los hallazgos muestran una clara diferenciación entre el ejército atacante, en este caso el liberal, con una elevada profusión de balas de munición Remington que muestran claras deformaciones debido a impactos diseminadas por el área; y un ejercito defensor, el carlista, con la presencia de numerosas vainas de munición 50-70, algunas de las cuales han sido localizadas en pequeñas agrupaciones, indicando posiciones de disparo estático mantenidas a lo largo del tiempo.

A medida que se asciende de cota hacia el Peñón, el crecimiento arbustivo impide una prospección intensiva, pero se observa una reducción de restos metálicos de tipología bélica, encontrándose vainas y balas diseminadas por el área, así como restos metálicos como clavos, herraduras, además de vainas de cartuchería Mauser y Mannlicher-Carcano de la Guerra Civil.

Las zonas más llanas del Peñón fueron utilizadas como área de estacionamiento de tropas una vez fortificadas. Destaca la aparición de 3 botones correspondientes al Cuerpo del Estado Mayor del Ejército, y por lo tanto restringidos en su uso a oficiales de elevada graduación, así como la presencia de dos dedales de costura de smilar tipología, asociados al ajuar de los soldados.

Por último, se han hallado fragmentos de una granada explosionada denominada “de tetones” para cañones de avancarga rallados de 16 cm procedentes del arsenal del ejército liberal y disparada contra posiciones carlistas, localizada en la misma traza del gaseoducto. Estos restos fueron localizados dentro de una bolsa de plástico, por lo que se supone que fueron localizados por algún particular y abandonados allí.

A partir de los hallazgos metálicos localizados en la zona prospectada se puede concluir que el Peñón y el collado de Ojeda, constituyen una zona estratégica de defensa carlista durante las batallas de Somorrostro y en menor medida durante le Guerra Civil, que reaprovechó parte de las fortificaciones ya realizadas en el siglo XIX. En este sentido los hallazgos aumentan notablemente el conocimiento de la batalla registrada el 28 de febrero de 1874, la primera de las grandes batallas de Somorrostro, siendo la menos documentada bibliográficamente de las tres grandes confrontaciones.

4. CONCLUSIONES

Junto con resultados del primer trabajo que de forma específica aborda el estudio arqueológico de un campo de batalla de la última Guerra Carlista (1872-1876) en la CAPV, se presentan las bases de una metodología de trabajo que utiliza la prospección geofísica de detección metálica, los Sistemas de Posicionamiento Global y Sistemas de Información Geográfica, extrapolable a cualquier estudio arqueológico que contemple la posibilidad de presencia de elementos metálicos o como complemento a la tradicional prospección arqueológica; siendo necesario adaptaciones a las características específicas de la época histórica o de los objetivos y elementos en estudio.

Además, la rápida evolución de estos instrumentos establece nuevas potencialidades y mejores prestaciones, siendo todavía escasos los estudios que traten de forma específica estas tecnologías y su comparativa con otras herramientas geofísicas para maximizar y los resultados de su utilización. Es por ello que se considera obligatorio registrar todas las características técnicas del aparato, ya que esto permitirá a futuro una posible revisión del área estudiada, tomando en consideración la tecnología utilizada en el momento de la prospección.

Las prospecciones realizadas en el campo de batalla de Somorrostro han reflejado un importante patrimonio bélico asociado tanto a la Guerra Carlista como a la Guerra Civil, encontrándonos ante un campo de batalla de notable extensión geográfica, con numerosas acciones militares ocurridas a lo largo de los meses de combate que dificultan en algunos casos la interpretación de los resultados; si bien, se cuenta con la enorme ventaja de saber que ambos ejércitos utilizaron un armamento diferencial.

En este sentido, la diversidad de hallazgos confirma la multiplicidad de armamento utilizado en las Batallas de Somorrostro. Tomando los datos brutos de hallazgos se puede concluir que un poco mas de 55% de los soldados carlistas portaban fusiles Springfield con munición 50-70, menos del 20% utilizaban fusiles Berdan o Giratorios, y un bajo porcentaje, menos del 5%(*) disparaban desfasadas armas de avancarga. Indudablemente tras las batallas del Montaño y San Pedro de Abanto un buen numero de rifles y municiones Remington pasaran a manos carlistas (Arostegui 1976: 540). En cualquier caso se hace evidente la supremacía en cuanto a uso y volumen de material por parte de ejército liberal que supeditaba sus avances hacia las posiciones carlistas con un notable fuego de fusilaría y artillería. Por su parte, se confirma que la respuesta carlista estaba condicionada por la carestía de munición, obligando al soldado a economizar sus disparos, a confiar en el sistema de atrincheramientos generados específicamente para este evento y a la eficacia de sus cargas a la bayoneta.

Atendiendo a otro de los objetivos marcados en el presente trabajo y tomando en consideración la presencia de “trincheras carlistas”, pudiera ser factible pensar en la posibilidad de preservar determinas zonas con el objeto de generar un espacio para el conocimiento y puesta en valor de esta importante etapa de la historia contemporánea. En este sentido, se destacaría San Pedro de Abanto y zonas adyacentes, como enclave de relevancia. Al igual que siendo conscientes de las afecciones que este campo de batalla ha sufrido en los últimos años (por citar los más evidentes: estación eléctrica en la zona de Mantres en el año 2007, tendido eléctrico en el Montaño en el 2011, gaseoducto Bilbao-Treto y colector de Santa Juliana en el 2012), se valoraría muy positivamente que cualquier nueva actividad que generase un movimiento sustancial de tierras contase con algún tipo de prospección específica de este patrimonio bélico previo a su ejecución.

Las áreas prospectadas han presentado diferente información relevante desde el punto de vista de la especificidad del lugar: desde zonas fuertes carlistas, pasando por avances de tropas, evidencias claras de combate o ausencia del mismo, etc. En algunos casos la información pudiera considerarse redundante o confirmar los hechos relatados en la bibliografía, en otros casos como el caso del Portillo de Ojeda se completa un vacío de conocimiento asociado a la denominada Batalla de Montaño que tuvo lugar el 28 de febrero de 1874, y para la cual existen referencias bibliográficas muy confusas y pobres. Los datos informan de un claro intento de avance de las tropas liberales hacia este collado, siendo su fuego contestado desde las posiciones carlistas. De igual forma, se confirma la zona del Pico Ramos y Janeo como lugares eminentemente estratégicos para el ejército liberal, con la presencia de un gran contingente de tropas en la zona. Otras prospecciones han dado con lugares de fortificación carlista, como Mantres I, zonas de fuerte defensa, como Murrieta, o claras evidencias de avance del ejército liberal siguiendo determinadas direcciones específicas como el caso del Portillo de las Cortes.

También ha resultado patente la necesidad de incrementar los estudios geofísicos en áreas especialmente sensibles. En este sentido se juzga necesario trabajar en los terrenos adyacentes a la iglesia de San Pedro de Abanto mediante prospección de georadar (GPR) con el objetivo de localizar las posibles fosas comunes descritas en la bibliografía, establecer pautas de protección para dichas zonas y proceder a una exhumación en el caso de juzgarse necesario.

Finalmente y a modo de conclusión, el presente trabajo manifiesta una clara intencionalidad referente a la recuperación de la memoria y puesta en valor de un episodio de relevancia histórica militar y social, como fueron las Batallas de Somorrostro de 1874. Los resultados obtenidos se pueden considerar como enriquecedores y notablemente prometedores, en un ámbito de trabajo que hasta fechas recientes quedaba fuera de los estudios arqueológicos tradicionales, en ausencia de cualquier figura de protección y teniendo como únicos valedores las iniciativas de particulares.

Agradecimientos: A todas aquellas personas que a nivel individual o colectivo han colaborado en la realización del presente trabajo.

*Nota del Autor: Alguna de las identificaciones in situ en relación con balas primeramente consideradas "Minie de avancarga" resultaron ser erróneas, siendo identificadas correctamente tras una revisión por parte de expertos como balas de cartuchos lefaucheux. Por lo tanto, el porcentaje de presencia de fusiles de avancarga en las batallas de Somorrostro es notablemente residual, menor al 5% establecido en la publicación oficial.

También resulta notablemente remarcable la inminente publicación de una serie de monografías, la primera de ellas titulada "Armamento Remington Español, Producción Militar Guipuzcoana", relacionada con el armamento utilizado en la última guerra carlista. Sus  autores, Fernando de Aguinaga Gª y Jose Luis Gª de Aguinaga, han colaborado en calidad de expertos en la revisión de algunos de los materiales localizados en el presente trabajo.

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