Mostrando entradas con la etiqueta reconstrucción histórica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reconstrucción histórica. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de agosto de 2017

Guerra en el Occidente de Bizkaia: 1ª Batalla de la Celadilla

La siguiente entrada al blog presenta un fragmento de los trabajos que se realizaron durante el año 2016 en relación con la puesta en valor del entorno natural del monte "Alto de Celadilla" o Trasmosomos, situado en el límite provincial de Bizkaia y Burgos.

Impulsado, tanto por diversas asociaciones como por entes municipales, se iniciaron y presentaron diversos estudios relacionados con este paraje de innegable interés, dada la combinación de elementos paisajísticos, ecológicos, arqueológicos e históricos que hacen del mismo un enclave singular. Las guerras carlistas, y especialmente los hechos ocurridos entre enero de 1875 y enero 1876, constituyen un valor añadido, en la medida que suponen la recuperación de una memoria histórica cercana en el tiempo pero, a todas luces, olvidada.

"Alto de Celadilla" en segundo plano. Foto del autor
Introducción

En la demarcación occidental del territorio histórico de Bizkaia, el topónimo “Celadilla” lleva desde hace siglos vigilando la entrada del Cadagua a Las Encartaciones. Abandonando tierras de Burgos el río se abre paso a través de los montes de Ordunte, y tras dejar atrás la encajonada villa de Balmaseda, serpentea en grandes meandros para llegar a la planicie del valle donde se sitúa la población de Zalla. Es en su angosto acceso a la provincia de Bizkaia, donde la sierra “Celadilla” muestra su potencial estratégico, habiendo sido utilizado como mirador privilegiado y elemento de control de todo lo que ocurría a las puertas del Señorío. La toponimia de la zona no deja lugar a dudas al respecto de su condición de atalaya natural, guardando recuerdo de su involuntaria participación en multitud de conflictos, con una variabilidad cronológica que puede ir desde los albores de la edad media hasta nuestros días. 

Dentro del turbulento final del siglo XIX y enmarcado en la última Guerra Carlista, la Sierra de Celadilla formó parte, una vez más y no será la última, del teatro de operaciones militares de dos ejércitos contendientes. Tanto será así, que topónimo “Celadilla” será un elemento recurrente en la descripción de los acontecimientos bélicos de la zona, siendo considerado como “llave de las Encartaciones”.

Guerra en el Occidente de Bizkaia: Marco Histórico

Los 28 años transcurridos desde que el “Abrazo de Bergara” pusiera fin a la Primera Guerra Carlista, no habían limado las graves diferencias que separaban las dos concepciones ideológicas predominantes en el momento: la tradicionalista y la liberal; muy al contrario, la lucha política había continuado en forma de levantamientos armados, en especial en los feudos carlistas por excelencia, como Cataluña, donde en 1846 estallaba la denominada Guerra de los Matiners.

Los cortos intervalos de tiempo entre revuelta y rebelión no favorecían los procesos de pacificación. Finalizando la década de 1860 se ponía claramente de manifiesto la incapacidad de los sucesivos regímenes liberales para organizar un gobierno estable que diera respuesta a los graves problemas internos y coloniales que sufría el país; mostrando una deriva política cada vez más acusadamente anticlerical y antiforal, que era eficientemente aprovechada para nutrir las filas carlistas. Bajo el amparo de un nuevo pretendiente al trono, Carlos María de Borbon Austria-Este “Carlos VII” se logró aglutinar la amalgama de descontentos que buscaban en un alzamiento militar el cambio de rumbo político y la vuelta a un “sistema tradicional”. 

Gustavo Cobreros y Cuevillas.
Historia Fotográfica de la Última Guerra
Carlista
Tras meses de reuniones y preparativos clandestinos, el 21 de abril de 1872 se produce un levantamiento masivo en las provincias de Bizkaia, Navarra y Cataluña. En el ámbito de Las Encartaciones destacaron las figuras del comandante de caballería Florencio Cuevillas , el alcalde de Barakaldo Gustavo Cobreros, el presbítero Pedro Garcia Salazar, y otros prohombres de la zona como Aniceto Llaguno o Cecilio del Campo que impulsaron, y en algunos casos, encabezaron distintas partidas. El entonces comandante general de la provincia, el liberal Ramón de Salazar y Mazarredo, manifestó al Gobierno Central de Madrid en un telegrama del 22 de abril la imposibilidad de sofocar el levantamiento con las escasas fuerzas de que disponía. El día 25 se estimaba que en Bizkaia existían entre 5.500 y 6.000 voluntarios carlistas. Los sabotajes y acciones de armas se sucedían en Las Encartaciones donde la denominada “facción de Cuevillas” por los liberales y “Batallón de Encartaciones” por los carlistas, sostuvo distintos encuentros armados, tomó preso a la corporación municipal de Sopuerta, recaudó dinero para la causa, requisó caballos, libertó a los presos de la cárcel de Amurrio y saqueó las casas cuarteles de Orozko y Balmaseda, entre otras actividades. Muy pronto se incrementaron las dificultades para las tropas liberales con el corte del telégrafo, las líneas férreas y la destrucción de algunos puentes; paralizándose los negocios en Bilbao y suspendiéndose los trabajos en las minas.

A pesar del aparente caos generado, la premura y falta de coordinación de las partidas carlistas, seguida de un rápido desplazamiento de tropas liberales a las zonas en conflicto abortaba esta primera tentativa. El 4 de mayo de 1872 el ejército liberal sorprendió en Oroquieta (Navarra) a parte de las tropas carlistas inmovilizadas en torno a su rey y carentes de armas. Carlos VII escapa a duras penas a Francia, dejando atrás a sus voluntarios. Ante semejante descalabro y viendo el cariz que tomaban los acontecimientos en Bizkaia tras la batalla el 14 de ese mismo mes en las cercanías de Mañaria, la junta carlista del Señorío optó por la rendición negociada de sus batallones en el llamado Convenio de Amorebieta (24 de mayo de 1872). Sin embargo este tratado no satisface a ninguna de las partes implicadas. Los rescoldos de insurrección no se apagan. Cataluña continua en lucha y la inercia del movimiento y la presencia de partidas que marchan y contramarchan hacen el resto. 

Gerardo Martinez de Velasco es nombrado comandante general carlista del Señorío. Ha conseguido mantener una fuerza de entre 500 y 1.000 hombres en armas, a las que se suman las partidas bizkainas que no han se han rendido en Amorebieta. En Las Encartaciones se encuentran varios de estos grupos armados: “[…] cerca de Valmaseda había unas cuantas partidas de 15 á 20 hombres, una de 60 mandada por Bonifacio Gómez, otra de unos 40 hombres mandada por Beláustegui; había también una de 30 hombres mandada por Cecilio del Campo.

Levantamiento de las partidas. Archivo de Navarra
Será en este momento cuando en el esfuerzo de reorganizar la guerra en Bizkaia se sume al empeño la popular figura del veterano carlista Castor Maria Andechaga Toral. El 18 de agosto de 1873 lanza una incendiaria proclama y paraliza toda la actividad minera de la margen izquierda: “[…] ¡A la lucha! Al combate, valientes Euskaros. Aún hay hierro suficiente en nuestras montañas; aún hay madera abundante en nuestros bosques para armar vuestros brazos y anonadar al infame que agita la destructora tea del incendio sobre el hogar en el que visteis morir á  vuestros padres. Ea, pues; ¡adelante!¡Viva la Religión!¡Viva el Rey D. Cárlos VII, Señor de Vizcaya! ¡Viva España cristiana! ¡Vivan los fueros! [...]”. A su requerimiento acuden muchos hombres, ya voluntarios, ya obligados, y con ellos se forman los Batallones 1º y 2º de Encartaciones que sustituyen al disuelto en Amorebieta.

Con las partidas consolidadas y los batallones de nuevo en estado embrionario, comienza a llegar el armamento comprado como excedente a países europeos y traídos mediante contrabando. Rifles Berdan, Allen, Chassepot, Snider, carabinas giratorias e incluso flamantes Remington modelo 1871 van sustituyendo los desfasados fusiles de avancarga que portan los voluntarios. No faltarán tampoco las armas de producción propia; el propio Andechaga se encargará personalmente de impulsar y poner en funcionamiento una fundición de artillería en la antigua ferrería de San Antonio de Ugarte en la población de Artea.

En los primeros días de agosto de 1873 el ejército liberal únicamente controla en Bizkaia la ría de Bilbao protegida por algunos fuertes, junto con las poblaciones de Portugalete y Bilbao. La guerra se ha “formalizado” y mientras la prensa de Madrid sigue tratando de forma despectiva la capacidad de lucha y organización del ejército carlista, los generales liberales comprueban como el sistema de defensa basado en pequeñas columnas móviles, resulta un completo fracaso. El propio Andechaga desarma al destacamento que guarnecía Ortuella, desbarata las pocas unidades que se atreven a hacerle frente y deja al resto de tropas liberales encerradas tras la protección de los muros.

La población civil comienza a sufrir los efectos del conflicto y personas no afines al carlismo, como el alcalde Lanestosa, Gregorio de la Colina, abandonan sus casas buscando refugio en zonas controladas por el ejército liberal. Otras corporaciones municipales solicitan el envío tropas o al menos fusiles para armar sus milicias, como el caso de Castro Urdiales (Cantabria). No faltaran tampoco los encartados que prefieran optar por las filas liberales; algunos tomando las armas como la contraguerrilla capitaneada por Eusebio Abasolo “Vinagre”, primer espada de su pueblo natal, Balmaseda, o actuando como informantes como Bartolomé Letona Basterra, natural de Orozco, pero buen conocedor de la geografía encartada.

Puente de la Muza en Balmaseda. Harresi Kulturala Elkartea
Un 22 de julio de 1873 Balmaseda será evacuada de tropas liberales convirtiéndose en un importante centro neurálgico del incipiente estado carlista que se extenderá por todo el territorio vasco navarro. La villa encartada servirá como centro de operaciones de los Batallones Cántabros y Castellanos del Ejército Carlista del Norte, y donde se constituirá la Real Junta Carlista de Cantabria, análoga en su funcionamiento a las Diputaciones Vascas, aunque con un territorio efectivo muy reducido. También será el centro neurálgico de muchas e importantes decisiones, contando con un importante hospital de sangre que dará cabida tanto a los heridos en combate, como a los enfermos de viruela, tifus, disentería… y un largo número de enfermedades infecciosas que sufren tanto los soldados como la población civil. Carlos VII, en su periplo por los territorios vasco navarros, llega a Balmaseda un 7 de enero de 1874, en la festividad de los Reyes, donde pasa revista a sus tropas y escucha misa solemne en la monumental iglesia de San Severino. Allí permanecerá hasta el día 13 cuando parta en dirección a Artzeniega para rezar ante la imagen de la Virgen de la Encina, antes de continuar su camino a Durango, sede de su Corte en Bizkaia.

Mientras, la guerra sigue su curso e importantes victorias caen del lado carlista. El 21 de enero de 1874, todo un batallón liberal, el Segorbe, queda encerrado entre los muros que defienden Portugalete y a pesar de la ayuda artillera de la escuadra liberal, capitula el 21 de enero de 1874. Los otros dos fuertes que los liberales poseían para la defensa de la ría, Luchana y Desierto, se rinden seguidamente. El 23 de enero toda la ría del Nerbioi se encuentra controlada por el ejército carlista y el Bilbao liberal queda reducido al casco histórico. 

El 21 de febrero las baterías carlistas abren fuego sobre la villa de Bilbao, cercado por los batallones bizkainos que llevan los sobrenombres de Guernica, Durango, Marquina, Munguía y Bilbao, al mando de Juan Nepomuceno de Orbe y Mariaca, Marques de Valdespina. En el lado contrario se encuentran 3.700 hombres bajo la dirección de Ignacio Maria del Castillo y Gil de la Torre que se concentran en diferentes fortificaciones de Bilbao para resistir el asedio. 

Obligados romper el incipiente Sitio, divisiones enteras del ejército liberal se desplazan en ferrocarril hasta Santander y Miranda de Ebro, avanzando por la costa. Con los ejércitos separados por el río Barbadun, comenzará la Campaña de Somorrostro. Durante tres meses se producirán una sucesión de combates, encuentros, ataques y maniobras, que desgastarán a ambos ejércitos, generarán miles de bajas y sorprenderán a Europa y al mundo del siglo XIX por la eficacia de la defensa carlista.

Levantamiento del Sitio y Entrada de las tropas liberales en Bilbao. Archivo de
Navarra
No será hasta abril de 1874 cuando con la llegada de un nuevo Cuerpo de Ejército al mando del Marqués del Duero, se realice un movimiento envolvente que permita desenquistar el campo atrincherado de Somorrostro. La tercera gran batalla de la campaña de Somorrostro comenzará el 27 de abril. La línea carlista se ha estirado todo lo posible, fortificando todos y cada uno de los pasos de Las Encartaciones. Sin embargo, no disponen de los medios, ni de los hombres como para defenderlo de forma efectiva. Mientras la comandancia carlista espera un avance por la zona de Karrantza, el Marqués del Duero ataca el puerto de Las Muñecas. No hay posibilidad de movilizar a tiempo refuerzos y el correoso Andechaga se ve en la obligación de detener con sus encartados y algunas compañías de castellanos y gipuzkoanos la marea de hombres que suben hacia el puerto de montaña. Andechaga intenta suplir con valor y entrega el error estratégico que le ha llevado a fortificarse en las cercanías del pueblo de Talledo (Cantabria), excesivamente expuesto a la artillería liberal. Ya en retirada cae junto a su capellán y gracias a un burro requisado a la dueña de la ferrería del Pendiz, se traslada su cadáver hasta la población de Sodupe donde es enterrado.

Roto el frente por las Muñecas y ante la posibilidad de quedar la práctica totalidad del Ejército Carlista del Norte copado, se toma la decisión de levantar la Línea de Somorrostro y abandonar el Sitio. Acción que se realiza en perfecto orden, sin pérdida de material ni hombres. Concha hace una entrada triunfal en Bilbao el 2 de mayo.

La apresurada retirada de los batallones carlistas ante el aparentemente imparable avance de las tropas de Concha hace que Balmaseda sea reconquistada por los liberales el 13 de mayo. Ahora toca a la corporación de corte carlista huir, siendo una comisión de vecinos la que se presenta ante el mismísimo Concha. Su discurso paternalista habla sobre lo inicua que era la guerra, de la punible é injustificada rebelión de provincias tan favorecidas y de su inquebrantable propósito de obligarlas a aceptar la paz o a que sus habitantes emigraran al interior de las montañas.

Los planes del Marqués del Duero son ambiciosos, queriendo dejar pacificadas de forma definitiva Las Encartaciones como paso previo a dominar Bizkaia y Araba. Recorre el Valle de Mena y baja hasta Orduña, donde también penetra sin grandes luchas el 17 mayo. Sigue su avance por tierras alavesas, llegando hasta Vitoria, restableciendo momentáneamente la comunicación entre la capital alavesa y Miranda de Ebro. Dispuesto a tomar Estella, corazón de la Corte Carlista, su muerte en la batalla de Abarzuza el 27 de junio de 1874 precipita los acontecimientos, retornando la situación a un estado previo al paso del insigne general. Los triunfos liberales han sido estériles y fugaces. A medida que el ejército liberal ha ido avanzando, el territorio que ha quedado a sus espaldas vuelve a manos carlistas, ante la imposibilidad de dejar tropas que lo sustenten. De esta forma, Bilbao queda de nuevo aislado y tanto Balmaseda como Orduña retornan a manos carlistas.

Tras la muerte de Andechaga, será Valdespina y posteriormente Berriz los que tomarán el mando de los batallones de Bizkaia. Por su parte los batallones de Encartaciones cambian su configuración, fusionándose los dos batallones iniciales para formar el 5º de Vizcaya, bajo el nombre de “Batallón Somorrostro”. 

Iglesia de San Severino en Balmaseda.
Harresi Kulturala Elkartea
Pero los batallones carlistas no son omnipresentes y el 21 de noviembre de 1874 la villa de Balmaseda se despierta con la entrada de toda una columna liberal. El diario propagandístico oficial carlista, el “Cuartel Real” lo relata de la siguiente forma: “Ayer mañana ocupó á Valmaseda una fuerza enemiga, compuesta de infantería, caballería y cuatro cañones, con un total de 4 000 hombres. En la villa ocupada no había ni sombra de tropas Reales, y la administración del Señorío solo tenía un pequeño almacén de provisiones. Se han verificado impunemente por los republicanos todo género de exacciones, depredaciones y violencias y, según noticias, han incendiado una cantidad considerable de barriles de petróleo, que no sabemos qué desastres habrán ocasionado […] los republicanos permanecieron en la villa cinco horas, sin alojarse y sin soltar las armas; pero no desperdiciaron el tiempo. Mientras Villegas arreglaba los pormenores de un reparto de cuatro mil duros, abonables por los carlistas, sus subordinados se esparcían por la población, penetraban en las tiendas, elegían artículos á su capricho, y, para salvar el honor de la República, recomendaban que cargasen a la cuenta de ésta el importe de las compras, ó daban recibos, firmados por Juan Palomo, Perico Retuerta o el Pelón de Almonacid. Hay que confesarlo: éste es un progreso evidente en las costumbres militares de los republícanos. Ya no roban, sino hurtan. Pero, de cualquier manera, es una maldad punible, de parte de esos ciudadanos, el quedarse con lo ajeno contra la voluntad de su dueño, para que la responsabilidad pese sobre terceras personas. Porque ha de saberse que el Sr. Bérriz, al llegar á Valmaseda y enterarse de la treta republicana, ha dispuesto que el reintegro se haga á los perjudicados por los liberales de la población; dejando al par sin efecto la exacción de las veinte mil pesetas, con otras prevenciones que los jefes de las tropas Reales se han encargado de hacer acá y allá, para que en lo sucesivo no se repitan desmanes contra los encartados, y se limiten los republicanos á hacer la guerra en buena ley”.

A pesar de estas “fáciles victorias”, lo cierto es que a finales de 1874 la situación en Bizkaia para las tropas liberales no es buena: se encuentran divididas en tres unidades aisladas entre sí y salvo los 8 batallones que están “encerrados” en Bilbao, el resto, ni tan siquiera pisan suelo bizkaino, teniendo sus cuarteles en San Sebastian (Gipuzkoa) y Medina de Pomar (Burgos). 

Voluntarios carlistas. Álbum Siglo XIX
El 4 de enero de 1875, el mariscal de campo Manuel Salamanca remite al Ministro de la Guerra en Madrid una memoria sobre el estado de la guerra en Bizkaia: “[…] la situación de la provincia de Vizcaya es todo lo mala que puede ser, porque está total y completamente dominada por el enemigo; que no se conoce la acción del Gobierno ni la de las tropas, dedicadas á una defensa pasiva absoluta […] Con el resto de España no hay absolutamente más comunicación que la ría. […]”. Además añade en referencia a la posibilidad de atraer al campo liberal a los habitantes de Las Encartaciones: “[…] Sabido es, excelentísimo señor, que los batallones de las Encartaciones, bien porque su carácter algo parecido al de los habitantes de la parte de Santander y limítrofes, y porque el continuo roce con aquellas zonas les haga más ilustrados y menos fanáticos y la dominación carlista sea menor, o por otras causas, son los menos seguros para el enemigo y donde hay más descontento. Sus intereses más ligados con Castilla y con la explotación de las minas en que obtienen crecidos jornales, hacen que pueda esperarse más fruto que en otra parte […]”.

La "Línea de Valmaseda"

A medida que la guerra en el Norte se va constriñendo a las provincias Vasco-Navarras, ante la manifiesta incapacidad del ejército carlista de avanzar y controlar territorios de forma efectiva, más allá de los territorios forales, se establece la denominada “línea de Valmaseda”: una defensa que partiendo del extremo más oriental de las Encartaciones de Bizkaia baja hasta Balmaseda, pasa por Arztiniega para llegar a Orduña. Supone el extremo izquierda del “estado carlista”, una frontera con un fuerte carácter psicológico que separa las dos concepciones de entender un estado; y para su defensa mantendrá tropas permanentes de cántabros, asturianos, castellanos, encartados y otras tropas bizkainas, llegando a concentrar hasta nueve batallones y contando con la colaboración puntual de tropas gipuzkoanas. 

"Línea de Valmaseda" y zona bajo domino carlista en el Norte en septiembre
de 1874.  Modificado de "Historia fotográfica de la última guerra Carlista"
A partir de este límite y con los frentes cada días más consolidados, se extiende una “tierra de nadie” que se encontrará en continuo conflicto, donde guerrillas y batallones marchan y contramarchan, aprovechando los momentos de debilidad del contrario. Las acciones y luchas se suceden en un corto espacio de tiempo, pudiéndose decir que era raro el día que no había algún combate. 

En este sentido, y en confrontación al mayoritario sentimiento carlista de Las Encartaciones de Bizkaia, el valle de Mena, a pesar de su innegable relación con Bizkaia, profesa una simpatía que parece inclinarse por el sector liberal. Esto no impide que el carlismo goce en la zona de una red de espías y simpatizantes, constituyendo el valle una puerta de entrada de materiales y hombres que llegan para enrolarse en los ejércitos reales. De hecho, el Padre Apalategui en sus entrevistas con veteranos de la guerra llegó a describir un auténtico “camino carlista” a través del cual los voluntarios castellanos, cántabros, leoneses y asturianos llegaban a Balmaseda, atravesando un territorio “a priori” controlado por las tropas liberales. Según Apataletgui también hubo meneses que formaron parte destacada del ejército carlista, como D. Juan "el cura de Mena". que llegó a ser oficial del batallón de Guías de la división castellana carlista.

Tumba de Juan Jose Villegas en Cobreces
(Cantabria). Su epitafio reza:
Ojo que viene Villegas. Cortesía de la familia
Al mando del cuerpo de ejército liberal que operaba en la zona se encontraba Juan Jose Villegas Gómez, al que los carlistas se referían despectivamente como “el predicador”. Este general, además de republicano convencido, se caracterizaba por ser un perfecto conocedor del terreno donde combatía y al ejército al que se enfrentaba, además de ser considerado como un gran estratega, tal y como habían puesto de manifiesto en la redacción del plan el plan que finalmente terminó con el levantamiento del Sitio de Bilbao, a mayor gloria del general Concha. 

Sobrepuesto a los primeros embates y descoordinaciones del comienzo de la contienda que había supuesto que la Diputación Foral Carlista de Castilla hubiera llegado a tener su residencia en Medina de Pomar y tras algunas victorias, como la entrada en Balmaseda en ausencia de lucha el 21 de noviembre, se enfrentó a la “línea de Valmaseda” carlista con una cierta precariedad de medios y falta de fuerzas suficientes. Villegas contaba únicamente con 4 batallones estando obligado a cubrir un extenso territorio. Esto permitía a los carlistas campar a sus anchas por todo el territorio de Mena, Quincoces, valle de Soba, etc., estableciendo aranceles, cargando tributos, tomando pertrechos y hombres, para seguidamente volver a sus líneas, para mantener un estado que comenzaba a quedar constreñido auna concepción defensiva que dejaba la iniciativa de las grandes acciones al ejército liberal.

Para paliar la ausencia de tropas regulares que controlasen la zona se armó una “contraguerrilla de Meneses”, también denominada “Voluntarios Meneses” al mando de Francisco Hoyos, al que se le unió 4 compañías del ejército regular comandadas por el oficial Froilan Castro, con el objetivo de combatir la actividad carlista en la zona. Curiosamente estas patrullas de civiles armados, se caracterizarán por presentar como parte de su atuendo el emblema característico de la uniformidad carlista: la boina; lo que produjo no pocas confusiones.

A finales de 1874 y comienzos de 1875, finalmente se presentaron en Medina de Pomar, y con un fuerte retraso por las nevadas, los 4 batallones de refuerzo que Villegas había solicitado. Con su llegada se encontró con un cuerpo de ejército lo suficientemente numeroso como para pasar de un estado de defensa y evitación de conflicto, a iniciar los preparativos para una ofensiva que alejara a los carlistas de Mena. En aquel momento el ejército de la izquierda contaba con: dos brigadas (1º Brigada: Regimiento de Infantería de Línea Mallorca Nº13 con los batallones 1º y 2º,  Batallón Reserva Oviedo Nº 3 y Batallón Reserva Santiago Nº 16. 2º Brigada: Regimiento de Infantería de Línea del Infante (Ramales) Nº 5 con los batallones 1º y 2º,  Batallón Reserva Burgos Nº4 y Batallón Reserva Cuenca Nº 24), dos escuadras de Caballería de Cazadores de Albuera (unos 300 caballos) y la 5ª batería del 3º de Montaña.

En un vuelo 3D generado con GoogleEarth se presentan los principales lugares geográficos que configuran el teatro de operaciones militares de la Celadilla:


Un Preludio 

El 7 enero de 1875, en un paisaje nevado, comienzan, de forma involuntaria, las acciones que desembocaran en la primera gran batalla de Celadilla. Los oficiales Francisco Hoyos y Froilan Castro, que se encuentran al frente de la contraguerrilla y de las compañías de regulares que apoyaban las acciones de estos voluntarios (unos 200 hombres), tenían órdenes claras en referencia a la evitación de cualquier tipo de confrontación, más allá de Villasana: “[…] ante la probabilidad de topar con fuerzas mayores, no se sobrepasará Villasana para facultar en caso necesario la incorporación de nuevas fuerzas o una auxilió rápido”. Sin embargo y según indica un telegrama publicado en el diario “El Cuartel Real”: “La columna enemiga de Medina, al saber se construían trincheras en Valmaseda, avanzó hasta una legua cerca de este punto, para impedirlo […]”.

Carlistas marchando. Diario The Graphic
Al medio día las guerrillas liberales desplegadas se topan con la presencia del pequeño batallón carlista de Asturias (1º de Asturias) que al mando del general Rafael Hurtado de Mendoza se dirigía por la carretera de Artzniega al Berrón. Junto al general carlista marcha Lucas Alarcia Garridos, proclamado gobernador militar (carlista) del valle Mena.

Según el relato aparecido en el diario o carlista “El Cuartel Real”, a las dos de la tarde de ese día, Rafael Hurtado de Mendoza y su batallón se encontraba entre los pueblos Antuñano y Bortedo, “habiendo tomado con anterioridad las precauciones convenientes para atravesar este valle, que todo es enemigo, y en el cual vaga la partida de los titulados Meneses, compuesta por 70 a 80 hombres”. Al llegar a la altura de Antuñano, Hurtado de Mendoza relata que comenzó a recibir fuego enemigo de las tropas que Hoyos había apostado en los altos de la Peña de San Miguel; produciéndose un intercambio de disparos por espacio de una hora.

Según continúa la descripción de la acción Hurtado de Mendoza, las tropas liberales intentaron un movimiento envolvente bajando por el cordal de San Miguel para caer sobre, la hoy desaparecida, ermita de Santa Isabel y subir a “las alturas del pueblo de Bortedo” con el objetivo detener el avance del batallón carlista. Pero el general carlista ya había esperado este movimiento, destacando una compañía en la ermita y avanzando “a la carrera” para tomar posiciones en Bortedo.

Combate. Modificado de La Ilustración Española y Americana
Sin el control de los puntos altos, y obligados a luchar en terreno más abierto, la contraguerrilla de Meneses y las tropas regulares pronto se vieron en inferioridad numérica y en la obligación de retroceder, “tras dos cargas a la bayoneta”. La retirada se convierte en desbanda al caer herido el capitán Hoyos, cuyo caballo quedará en manos carlistas. Mientras el débil frente liberal se desmorona, 34 soldados de una escuadra de gastadores y un oficial que habían quedado apostados en el Berrón, protegiendo el flanco izquierdo de la exigua fuerza de voluntarios y tropas regulares, quedan copados en dos casas. A las 5 de la tarde su resistencia se torna desesperada ya que los carlistas reciben los refuerzos de 4 compañías del batallón de Munguia y la compañía volante de Jose Maria Escauri(a)za (sic). Una hora más tarde, son hechos todos prisioneros, tomando los carlistas un botín que incluye. “[…] 32 fusiles y dos mulas de brigada con cartuchos”.

Hurtado de Mendoza aseguró que las bajas carlistas de la acción fueron “un brillante oficial muerto y dos sargentos y un soldado heridos”, y del batallón de Munguia un soldado muerto y otro herido. Gracias a los archivos parroquiales de San Severino Abad de Balmaseda tenemos la confirmación del fallecimiento de 4 hombres en esta acción, 3 de ellos del Batallón de Asturias:
  • Teniente del Batallón Asturias, Franciso Garcia Alonso de 41 años, viudo, nacido en Astorga (León) y de oficio dorador
  • Soldado del Batallón Asturias, Fausto Iglesias Gonzalez de 21 años y nacido en Valdevida (León)
  • Sargento 2º del Batallón de Asturias, Francisco Garcia Garcia de 27 años y nacido en Villabandin (León)
  • Soldado Juan Llorente Rodriguez, nacido en Salas de los Infantes (Burgos) y estaba casado
Malas Nuevas para Villegas

Alfonso XII
La noticia de la derrota sufrida por la columna liberal llegó a oídos de Villegas ese mismo día, mientras el general se encontraba de paso en el pequeño pueblo de Gayangos (Burgos), tras mantener con la alta oficialidad liberal una reunión en la ciudad de Logroño. La convocatoria de aquella reunión era especialmente delicada ya que en ella se iba a tratar el acatamiento del golpe militar que había proclamado Alfonso XII como nuevo Rey de las Españas y el cambio de rumbo que iba a tomar la guerra con esta Restauración; que si bien no iba a desarmar el carlismo, sí que iba a debilitar su fuerza. Para las tropas liberales el cambio suponía que se pasaba de luchar por una República a levantar de nuevo un estandarte monárquico. Esto supondrá un duro golpe moral para el republicano Villegas, que dada su bien conocida tendencia política, se verá relegado de la toma de las grandes decisiones.

Villegas, siguiendo las mismas recomendaciones que el propio general Salamanca había comunicado a Madrid en su larga misiva sobre el estado de Bizkaia con fecha 4 enero, había manifestado la necesidad de primar las acciones sobre la "línea de Valmaseda", de forma que se produjera una apertura del valle del Cadagua, que permitiera al ejercito de la izquierda liberal moverse a lo largo del eje del río para darse la mano con las tropas que permanecían aisladas en Bilbao. Pero la oficialidad reunida en Logroño hizo oídos sordos (una vez más) a las recomendaciones de Villegas, continuando Navarra como el centro de operaciones en detrimento de otros frentes.

El general Villegas retornaba a su base en Medina de Pomar sabedor que pronto se verá privado de parte de sus fuerzas y de cualquier posibilidad de realizar maniobras de carácter ofensivo. La lectura del comunicado donde se relataba la derrota y captura de 34 sus hombres, enciende todavía más los ánimos de Villegas: al desobedecer las órdenes dadas, los voluntarios Meneses y los regulares que les acompañaban, han servido en bandeja al ejército carlista una victoria de la que no tardarán en sacar réditos mediáticos, dejando prisioneros a toda una escuadra de selectos gastadores y trastocando sus planes de acción. Rápidamente marcha hasta Villasana para evaluar la temeridad que han cometido sus hombres. Allí recibe el parte de lo ocurrido de primera mano de boca de su subordinado Froilan Castro, al que no duda en suspender de empleo y sumariar por su conducta.

Campamento liberal. Modificado de Le Monde Illustre
Los dos días siguientes serán de actividad frenética en las tropas que manda Villegas preparándose para acometer la línea de Valmaseda frontalmente. Algunos de sus hombres ven en esta actitud un elemento “paternalista”, describiendo así su estado de ánimo: “[…] furioso como leona a quien astuto cazador arrebata sus hijuelos, concibe uno de esos atrevidos proyectos peculiares sólo a los grandes y privilegiados genios: decide rescatar a todo trance los prisioneros hechos, […]”. Pero también es posible que en la mente de Villegas rondase la idea de jugarse todo a una carta; allí donde una sonada victoria pudiera servir como elemento desencadenante del inicio de operaciones de mayor envergadura en la zona y como trampolín para validar su estratégico plan.

Una Gran Batalla

El 10 de enero de madrugada, y tras obtener el visto bueno de un ataque por parte de su superior el Manuel de la Serna y Hernández Pinzón, se movilizan todas las tropas. Villegas sale de Villasana al frente de las dos brigadas liberales que con el apoyo de caballería y artillería, suman unos 6.000 efectivos y avanza por la carretera directamente hacia Balmaseda, llegando a las 8 de la mañana al Berrón.
Restos de trincheras en el Alto de la
Celadilla

Frente a él se encuentra el 8º de Bizkaia “Batallón Bilbao”, el 1º de Asturias, además de 4 compañías del 6º de Bizkaia “Batallón de Munguia”, y algunas partidas volantes de las Encartaciones. Constituyen un total de aproximadamente unos 2.500 hombres, al mando del entonces coronel Sebastian Gorordo Arana. Como anécdota, escritores liberales cuentan que este tabernero reconvertido en militar había cometido diversas tropelías, entre ellas la de emplumar a una mujer por el mero hecho de ser sirvienta dentro de una casa de reconocidos liberales.

En completa ausencia de artillería, la defensa carlista sobre el terreno es escalonada basada parapetos y trincheras, contando con guerrillas en la zonas más avanzadas, y con puntos fuertes en el monte Coruño, Bortedo, y altos adyacentes a Antuñano; quedando como último bastión, las fortificaciones del monte Celadilla.

Villegas, favorecido por la fuerza que le confiere la concentración de sus tropas, maniobra dejando atrás la carretera y se interna a lo largo del valle de Aiega. Primeramente desaloja a las guerrillas que los carlistas presentaban en la ermita de Santa Isabel, no dudando en utilizar la artillería que coloca en el llano en la retaguardia de la ermita. Ante semejante despliegue y siguiendo la táctica de abandonar sus puestos para retroceder a la siguiente zona de defensa, los carlistas allí apostados se repliegan hacia zonas más seguras.

Tras salvar el pequeño escollo que suponía la defendida ermita, Villegas distribuye sus tropas en el valle para acometer los “huesos duros” que suponen las defensas de Bortedo y Antuñano, a su vez vigilados y protegidos por las elevaciones de Coruño y los Altos de Antuñano.

El pueblo de Bortedo no tarda en caer, seguramente porque los carlistas prefieren concentrar sus fuerzas en la opción de defensa que les proporciona el Coruño y seguidamente toda la 1º Brigada (Regimiento de Mallorca, y Reservas nº 3 y 16) se dirige a las Alturas de Antuñano, dejando atrás el pueblo y coronando las alturas sin grandes contratiempos; donde 6 compañías del Batallón Reserva Nº3 queda en posición defensiva, casi a distancia de tiro de los parapetos carlitas que se encuentran en el denominado “Campo de la Celadilla”. Para evitar sorpresas en ese flanco se ordena al 1º de Mallorca que se coloque en la retaguardia de la extrema derecha de la línea, con el doble objetivo de proporcionar cobertura y socorro a esas 6 compañías que han quedado en los Altos de Antuñano, y estar en observación de una posible presencia de refuerzos carlistas que pudiera aparecer por la carretera de Artziniega. Adicionalmente Villegas despliega una sección del regimiento de caballería de Albuera, para que avance por esa carretera y sirva como elemento de control avanzado. El resto de la 1º Brigada, el batallón Reserva 16 y el 2º de Mallorca, se parapetan en el pueblo Antuñano; mientras otras tres secciones de caballería de Albuera se colocan a retaguardia en el llano a cubierto del fuego carlista pero cerca del pueblo, para acudir en caso de necesidad.

Batería liberal. Modificado de La Ilustración Española
 y Americana
En la primera acometida los carlistas han sido arrollados, perdiendo la zona de Berrón, Bortedo y Antuñano. Una vez establecido y protegido su flanco derecho, Villegas se concentra en tomar el punto fuerte que representa el monte Coruño. Dos compañías del Batallón del Oviedo han recibido la orden de dirigirse al mismo, apoyadas por la cobertura de dos piezas de artillería que son colocadas en el Bortedo; sin embargo, la lluvia de plomo que reciben hace que a los pocos disparos sea preciso retirarlas. Ante esta defensa, Villegas opta por maniobrar con la totalidad de su 2ª Brigada de forma escalonada, disponiendo que el Batallón de Reserva Nº 4 tome posiciones en lo largo de las primeras casas de Bortedo, y proteja el avance del resto de la Brigada. Por su parte el 1º del Infante se coloca en posición de batalla en las alturas de Bortedo y finalmente el 2º Batallón del Infante, al mando de Alberni, es el encargado de asaltar la cumbre del Coruño. A las 4 de tarde, las crónicas liberales indican que el plan trazado se ha cumplido, quedando el Coruño en poder liberal, así como un punto más avanzado denominado Pico Castillejos, distribuyéndose la artillería en estos dos importante puntos.

Los carlistas se han replegado hacia su última línea de defensas, las fortificaciones del Celadilla, auténtica llave de Balmaseda, desde la que mantienen un domino estratégico del campo de batalla. Desde las posiciones recién conquistadas Villegas observa las defensas del Celadilla, que en ese momento concentra a la mayor parte de tropas carlistas que han ido retrocediendo. El general ya había manifestado su rotunda negativa a atacar de forma directa tropas atrincheradas, independientemente de la cobertura artillera que pudiera tener. La lección aprendida en los campos de Somorrostro ha calado hondo en el general.

Noticia aparecida en el Cuartel Real
El periódico carlista “El Cuartel Real” interpreta con una cierta distorsión de las realidad, lo ocurrido ese día en una breve reseña en su rotativo: “La columna enemiga de Medina de Pomar, mandada por Villegas, fuerte de 12 batallones (sic), se ha aproximado a Valmaseda, rompiendo el fuego de fusilería y cañón en nuestra izquierda. El fuego empezó a las nueve de la mañana de hoy, siendo rechazado el enemigo a la una de tarde, con pérdidas de infantería y caballería (sic). […] Esta tarde han entrado en esta villa (Balmaseda), los prisioneros hechos en la acción de anteayer. Con este motivo el entusiasmo de estos habitantes es, si cabe, mayor que otras veces”.

Una Estrategia Temeraria

Con la llegada de la noche cesa el intercambio de fuego y Villegas ordena acampar a sus batallones en los puestos que ocupaban, excepto a la artillería que la hace retroceder a Bortedo, alejándola de un posible “golpe de mano”. A las 11 de la noche ordena comunicar un plan audaz y extremadamente arriesgado: el brigadier Manuel Travesi Perez, transmite a los comandantes del Batallón del Oviedo y el 1º de Mallorca su elección como las tropas asalto que serán las encargadas de avanzar por la noche para tomar los puntos altos de la línea carlista. 

A las 2 de la madrugada del día 11 de enero, las tropas salen del pueblo de Antuñano en dirección a las faldas del monte Arbaliza, cuya cúspide, denominada "Pico Redondo", se encuentra fuertemente fortificada. La vanguardia está constituida por las compañías 6º y 7º del Oviedo, junto con otras dos del Mallorca a las órdenes de Ricardo Alonsos. Le sigue un cuerpo central con el resto del batallón Mallorca a las órdenes de Julian Azañon y cerrando el grupo las otras 6 compañías del Oviedo al mando de Senen Caveda Zarracina. Una hora más tarde, los dos batallones del Infante parten con idéntico objetivo.

En completa oscuridad, las tropas avanzan siguiendo primeramente el camino que une Artzeniega con Balmaseda atravesando el pueblecito de Antuñano, paralelo a la pequeña regata que forma con sus aguas vertientes los Altos de Antuñano.  A un kilómetro escaso, las tropas se detienen el denominado Puente de la Molina. A partir de aquí, giraran a la derecha siguiendo los tortuosos senderos que trepan las faldas del Arbaliza. En la cabeza de cada grupo avanza un guía local, un habitante de la zona buen conocedor del terreno y de la localización de las tropas carlistas.

Centinela carlista.
Álbum Siglo XIX
Las crónicas liberales indican un ascenso en un terreno pedregoso y caótico, muy posiblemente siguiendo las barranqueras de los arroyos. La climatología en aquella noche de enero, con un fuerte viento reinante, ahoga el ruido de las tropas en movimiento. El relato de los acontecimientos destaca que los “voluntarios” que actuaban de guías no tardan en perderse y desaparecer en la noche; muy posiblemente la obligatoriedad de su incorporación forzosa al plan nocturno no era de su agrado. Esta pérdida obligará a los oficiales liberales a hacerse cargo de la situación y a tratar de enardecer unos ánimos alicaídos a medida que la noticia de la “desaparición” de sus guías se propaga por la tropa. Los tres grupos seguirán avanzando solos: “La subida se practica a rumbo, cayendo y levantando entre la maleza, con silencio”.

Las tropas precisarán de entre 3 a 4 horas para llegar a los altos, posiblemente en alguna zona cercana Pico Redondo, que queda identificada en las crónicas como “eminencia que domina el Coruño”. Son las 6 de la mañana y pronto comenzará a amanecer. Rápidamente se distribuyen guerrillas que flanquean las defensas carlistas para caer sobre unos sorprendidos y ateridos centinelas, que en algunos casos confunden al enemigo con sus relevos: “- ¡Que son guiris!”, gritan demasiado tarde. Mientras, el resto de la fuerza liberal forma en columna de maniobras en los altos para acudir “a donde fuera necesario”.

Combate. Modificado de Representación de la Batalla de
Abarzuza
Siguiendo su costumbre, y mostrándose excesivamente confiados en la inexpugnabilidad de sus posiciones, la mayor parte de las tropas carlistas han descendido a los valles a pernoctar en zonas más abrigadas, para retornar al amanecer a ocupar sus posiciones y seguir plantando cara desde las alturas a Villegas. Ya se encuentran de camino asturianos y bizkainos, avanzando sin ningún tipo de precaución y sin ser conscientes que los que les esperan en la cima no son sus compañeros, sino tropas liberales. Los momentos de confusión se multiplican en la penumbra del amanecer, ya que las tropas liberales confunden a los propios carlistas, con la contraguerrilla de Meneses en cuyas cabezas lucen la consabida boina. De forma casi anecdótica, ambas fuerzas, casi llegan a mezclarse, hasta que estando ya cercanos, un capitán del Oviedo, Salustino Velazquez, reconoce que son carlistas, y ordena a su compañías hacer fuego. Aturdidos y sin saber a ciencia cierta que está ocurriendo y a las fuerzas a las que se enfrentan, la columna carlista se desintegra huyendo hacia Zalla y Balmaseda.

En un golpe de suerte, los dos batallones del Infante que al igual que el resto sus compañeros han perdido sus guías y no han llegado a su objetivo, se han desviado demasiado a la izquierda del Arbaliza. Cubriendo el camino que subiendo desde la villa de Balmaseda y que pasando por “Campo los Ajos” llega a la Celadilla, se suman con sus fuegos a desbaratar a las desprevenidas fuerzas carlistas que ascendían por dicho sendero.


Un Amanecer de Incertidumbre

Al clarear el día Villegas desde la retaguardia observa con preocupación los altos con sus prismáticos. Comprueba que existe movimiento de caballería en los pastizales de montaña que existen entre el Pico Celadilla y el Pico Bandera, pero sabe positivamente que sus tropas han avanzado sin caballos, por lo que apesadumbrado deduce que tienen que ser carlistas. Lo que no alcanza a discernir es que esos caballos están conducidos por sus propios soldados que los han tomado junto a armas, municiones, pertrechos, una bandera sin lema alguno y distinta documentación, que los carlistas han dejado en su precipitada huida. Finalmente le llega una comunicación directa de Caveda en un escrito garabateado en lápiz: la Celadilla está ocupada y el camino a Balmaseda está abierto. Villegas suspira aliviado.

Señalando el Pico Bandera desde Celadilla. Foto del autor
Únicamente queda desalojar a algunas compañías carlistas que desde los altos de la izquierda del Cadagua, se empeñan en sostener un fuego intermitente con la brigada del Infante, por lo que ordena avanzar la artillería de nuevo al Coruño y hacer fuego sobre las mismas. Al poco, los últimos conatos de resistencia carlista se diluyen.

La sorpresa en la villa encartada es demoledora. En un golpe de mano, la “línea de Valmaseda” ha sido superada, dejando a sus habitantes, una vez más, a merced de las tropas. Villegas no tarda en hacer avanzar a cuatro compañías del batallón Reserva Nº4 protegidas por las fuerzas situadas en las posiciones conquistadas, hasta el mismo centro de la villa. En las crónicas liberales tratan la ocupación desde un punto de vista magnánimo, donde Villegas hace leer y fijar un bando desengañando a las “más carlista población de Vizcaya” sobre la verdadera situación del país y anunciando el indulto a los carlistas que se entreguen y proclamando a D. Alfonso XII, Rey; además de imponer un castigo de raciones de vino y carne para sus tropas. Sin embargo, reunir y transportar 7.000 raciones se le antoja a las compañías destacadas demasiado complicado, por lo que en su sustitución reúnen una compensación económica de 1.755 pesetas, que serán distribuidas entre la tropa.

Mientras, las tropas carlistas se van reagrupando en Zalla donde permanece el coronel Felipe Sabater con las compañías del batallón Bilbao que no habían entrado en batalla; atentos ante cualquier movimiento de avance de Villegas y despachándose rápidos correos alertando de la situación al brigaier Berriz, para que acuda con refuerzos desde la línea de bloqueo de Bilbao.

Una Victoria sin Laureles

Evolución del frente en la 1º batalla de Celadilla sobre modelo 3D
Sin embargo, Villegas detiene bruscamente su ataque en los puntos conquistados. La punta de lanza que constituye su ejército ha logrado conquistar un preciado terreno. Pero en ausencia de refuerzos o la combinación de otros movimientos tácticos por parte de otras tropas, le resulta demasiado arriesgado seguir avanzado en territorio carlista. A pesar de todo, el general liberal ha conseguido una victoria de autentico mérito con un movimiento táctico de alto riesgo. A un precio irrisorio de 22 heridos y 2 contusos, se ha hecho con la "llave de las Encartaciones", ha entrado en Balmaseda, ha desbaratado todo el sistema de defensa carlista, haciéndose con prisioneros, pertrechos, armas... .

Pero todo queda en eso: "un golpe de efecto". Es más, a las tres de la tarde comienza la retirada de las tropas liberales de Balmaseda, de forma escalonada y sin ser molestadas. El abandono, no solo Balmaseda, sino también la Celadilla, deja perplejos a los carlistas, que no tardan en volver a ocupar todas las zonas perdidas, haciéndose eco del "Cuartel Real" de la noticia: “El brigadier Berriz ha ocupado Valmaseda, en cuyo punto continúa hoy con el batallón de Guías de Rey y algunas fuerzas de la comandancia de su mando. En Orrantia, Antuñano, Ortedo (sic), Berron, Quijano y Santa María han tomado posición los batallones de Bilbao, Orduña, 5º de Castilla, algunas compañías de Munguia y la partida volante de las Encartaciones. El enemigo se ha escalonado desde Entrambasaguas, a una hora de Santa María, hasta Villasana”.

El estratégico plan de abrir el Cadagua hasta Bilbao que había cobrado forma y fondo con la ruptura de línea carlistas con apenas bajas, no ha tenido el “eco” esperado por Villegas. En la prensa de Madrid apenas se hará referencia a lo conseguido por el general. Unos escuetas noticias comentadas el diario La Iberia y La Época a finales de ese mes citan de la siguiente forma la acción: “[…] Conseguido que se propuso el general Villegas, cual era el destruir las fortificaciones que los carlistas habían levantado en Valmaseda, parece se ha retirado a la provincia de Santander (sic)”. Pocas victorias han tenido una resonancia mediática tan pobre. Si Villegas había construido este temerario ataque para forzar a sus superiores a tomar en consideración su plan con hechos consumados, lo cierto es que lo único que ha conseguido es hacer comprender a los carlistas lo endeble de su “línea de Valmaseda”, tomando buena nota de ello. La Celadilla no volverá a caer en manos liberales de forma “sencilla”.

Mercado en Balmaseda. Tomado de España Fascinante
El frente vuelve a la "normalidad" y la vida cotidiana de una villa, en un estado permanente de guerra, no impide que el mercado semanal se celebre. En el diario liberal La Iberia del 20 enero de 1875, se publica la siguiente noticia en relación con una supuesta conversación mantenida por unos habitantes del Valle de Mena con un grupo de soldados carlistas que habían acudido al mercado: “[...] Preguntándoles si habían estado en la acción última les contestaron afirmativamente, diciendo que tenían casi por milagro el haber salvado la vida, y añadieron que Villegas les había abrasado. De las noticias que los carlistas y las gentes que asistían al mercado adquirían mis vecinos, resulta que los carlistas se las vieron tan mal, que tuvieron que abandonar sus heridos, cosa que no hacen sino en último extremo; que además de los muchos muertos carlistas que se recogieron y enterraron al día siguiente de la acción, los fugitivos que se ahogaron tratando de vadear el Cadagua, que iba muy crecido, están apareciendo gran número de ellos en los bosques que median entre Valmaseda, Bortedo y Antuñano, lugares de este valle donde comenzó la acción; que la gran mortandad fue en la orilla derecha del Cadagua, en cuyos viñedos y bosques quisieron resistir los carlistas; y por último, que entre estos el desaliento y la deserción son grandes”.

Un Continuará

Pero el desaliento parece afectar más al rocoso Villegas que a los propios carlistas. Según lo estipulado, y sin modificar una coma de lo acordado en Logroño, al damnificado republicano general se le reclamarán 4 de sus batallones para reforzar la guerra en Navarra. El oficial, como no podía ser de otra forma, obedece. A decir del autor del libro "Estudio Crítico de la Última Guerra Carlista", “fue necesario un año de vacilaciones y desengaños para persuadir al General en Jefe y al Gobierno de que estaban equivocados, y que efectivamente era el Cadagua, el principio y modo de operar para dar fin a la guerra”.

Valle de Mena desde Vallejo. Ilustración Española
y Americana
La pérdida de hombres de Villegas, sumados a los refuerzos de compañías de alaveses y gipuzkoanos que los carlistas hacen llegar a la línea de Valmaseda, invierten el peso de la balanza que caerá del lado de los intereses de los seguidores del pretendiente. Serán ahora los carlistas los que tomen la iniciativa en la zona, mientras que el ejército liberal se verá en obligación de mantenerse en un estado defensivo, fortificando el valle de Mena con una línea de reductos.

En los siguientes meses de 1875 se sucederán las acciones de armas en la "línea de Valmaseda": asalto al fuerte de Ramales, batalla de Villaverde, acciones de Mercadillo, sierra de la Complacera, Carrasquedo,... . Estériles enfrentamientos de marcha y contramarcha con desigual fortuna para los bandos contendientes, hasta que en julio de ese mismo año, de nuevo Villegas con su ejército de la izquierda al completo, encare de nuevo las faldas de la Celadilla en la que será la segunda gran batalla de la Celadilla... que bien merece otra entrada al blog.

Nota del Autor: La reconstrucción histórica las batallas de la Celadilla toma como base diferentes descripciones localizadas en variada bibliografía (Diarios de época, Recuerdos Militares de Manuel Rodriguez Maillo (1893), La Campaña Carlista de Francisco Hernando (1877), Anales de la Guerra Civil de Nicolas Maria Serrano (1876). Narración Militar de la Guerra Carlista (1883-1889), Estudio Crítico de la Última Guerra Civil de Baldomero Villegas (1887), Historia de la Guerra Civil y de los Partidos Liberal y Carlista de Antonio Pirala (1890), La Campaña del Norte de Antonio Brea (1897), Los Asturianos en el Norte de Ramon Elices (1893 entre otros) con datos e información, no siempre coincidentes y añadiendo un componente subjetivo en la interpretación de los hechos con el objetivo de buscar siempre la máxima verosimilitud de lo ocurrido.

Agradecimientos: A Juan Luis Díez de Mena por contar conmigo para estos trabajos de puesta en valor y su inestimable ayuda e interés.

Mesa de orientación instalada en el Pico Bandera. Aún presentando una errata en la fecha constituye un
buen ejemplo de puesta en valor de un "paraje con historia". Fotografía del Autor

viernes, 7 de abril de 2017

Campaña de Somorrostro: La Batalla de “Las Muñecas”

En 2016 el Gobierno de Cantabria ha publicado la memoria de Actuaciones Arqueológicas en Cantabria 2004-2011, donde se recogen las intervenciones arqueológicas de carácter científico que entre los años 2004 y 2011 han contribuido a un mejor conocimiento de la historia de Cantabria. Entre los trabajos de arqueología antigua (y no tan antigua) que componen el volumen, se incluye la Prospección arqueológica del área relacionada con la Batalla las Muñecas de la Guerra Carlista (1872-1876) - Elaboración de un inventario arqueológico basado en un Sistema de Información Geográfica. Bajo este largo título se resume un estudio que, en el momento de su realización, supuso una pionera aproximación al conocimiento de los campos de batalla en la provincia de Cantabria; dentro de un ámbito histórico poco trabajado, pero que ya cuenta con citas de referencia como las clásicas de Emilio HerreraFernández Benítez y Sánchez Gómez, a las que se suman las relativamente recientes publicaciones de Ramón Villegas, y a las que se incorporará, en breve plazo, el trabajo que Rafael Palacio está cerrando en relación con la última guerra carlista en Cantabria.

Defensas liberales en Bilbao
Archivo Diputación Foral de Bizkaia
Ya hemos citado en varias entradas del blog las Batallas de Somorrostro: Una campaña de guerra estática que a lo largo de los primeros meses de 1874 desangró a una importante parte de la juventud enrolada por voluntad o por obligación en los ejércitos carlista y liberal, y donde en materia de ingeniería militar, se perfeccionó la guerra de trincheras. En el contexto de esta campaña nos encontramos con la Batalla de Las MuñecasAcción de Las Muñecas o Paso de Las Muñecas que hace referencia a las operaciones militares que comenzaron un 27 de abril de 1874 con el objetivo por parte del ejército liberal de tomar posesión del puerto de montaña de “Las Muñecas” dentro del municipio de Castro Urdiales. Este punto, límite provincial entre el territorio cántabro y Bizkaia, permitía un acceso rápido y directo al valle del Barbadun y posibilitaba el flanqueo del campo atrincherado que los carlistas mantenían en Somorrostro. 

A pesar de la relevancia que tuvo esta confrontación por el control de este elemento geográfico dentro de la Campaña de Somorrostro, no son precisamente abundantes las descripciones pormenorizadas de lo ocurrido en las faldas y cerros que daban paso a “Las Muñecas”; y prácticamente son nulas las narraciones de los propios combatientes. El Padre Apalategi apenas recogió en sus notas un par de registros donde los veteranos relataron detalles de aquella acción. Inevitablemente esto supone una pérdida de “humanización” en el relato que ha llegado hasta nuestros días, donde la épica, la táctica, los números y los "grandes" generales toman el protagonismo, dejándonos por el camino la “microhistoria” de varios miles de hombres que lucharon aquel día. 

Aprovechando que en este mes de abril de 2017 se cumple el 143 aniversario de esta batalla, se presenta una reconstrucción de los hechos basada en la distinta bibliografía y relatos consultados, completados con algunos datos aportados por los trabajos de prospección realizados en el campo de batalla en el 2011.

A modo de anécdota: al igual que ocurrió en la I Guerra Carlista con la Batalla de Ramales, será en territorio cántabro y no en el vasco-navarro, donde se fraguará la lucha que determinará notablemente el devenir de la guerra en el Norte. Y a  modo de curiosidad: en ambas batallas tendrá un papel destacado el mismo oficial carlista.

Los Comienzos

Francisco Serrano, Duque de la
Torre
Tal y como ya describimos en la entrada al blog “Serrano, Concha y Villegas: El Levantamiento del Sitio de Bilbao”, Francisco Serrano y Domínguez, Duque de la Torre, Presidente del Poder Ejecutivo de la efímera I República y general en jefe del Ejército del Norte había llegado al teatro de operaciones de Somorrostro con refuerzos y numerosa artillería, en sustitución del derrotado general Domingo Moriones Murillo; pero las perspectivas de un éxito fácil sobre la “pandilla de sacristanes, mal armados, peor vestidos y deficientemente mandados”, se evaporaron ante la visión del campo atrincherado que los carlistas habían construido en Somorrostro. Con un Bilbao donde seguían lloviendo proyectiles carlistas, una opinión pública que clamaba por una victoria contundente y corresponsales extranjeros cubriendo la evolución del frente en Somorrostro, Serrano no podía permitirse fallo alguno que hiciera peligrar, no sólo su reputación, sino también el gobierno que encabezaba. Sin embargo, la batalla de San Pedro de Abanto (Marzo de 1874) supuso que tras tres días de enconada lucha, los ejércitos quedaran tremendamente vapuleados, con los carlistas aferrándose a su terreno, y los liberales, habiendo realizado pequeños avances que no justificaban en modo alguno el precio en sangre y material pagado en los campos de Somorrostro.

Hospital de sangre en el Norte. Álbum Siglo XIX
Ante la posibilidad de quedar estancando en aquella situación, Serrano retomó el plan de flanqueo que había sido desarrollado inicialmente por el general cántabro Juan José Villegas Gómez.

Es la figura de Villegas un gran olvidado y damnificado de la historia contemporánea en Cantabria: Siendo un republicano convencido, durante el proceso de restauración monárquica en la figura de Alfonso XII, su persona quedó relegada a un segundo plano de la actividad política-militar del momento. Era un gran conocedor del terreno donde se estaba luchando y de la capacidad de resistencia del ejército carlista, apostando por movimientos estratégicos que se alejaran del asalto a la bayoneta calada sobre fuerzas atrincheradas y haciendo reiterados llamamientos (con muy poca repercusión) sobre la necesidad de terminar con la guerra entrando en Bizkaia por el valle del Kadagua; y en detrimento de hacer de Navarra el teatro de operaciones principal por el que apostaban el resto de grandes generales.

Manuel Gutierrez de la Concha.
Tomado de euskomedia.org
Serrano, haciendo parcialmente suyas las recomendaciones de Villegas y convencido ya de la inutilidad de estrellar su fuerzas ante el muro de Somorrostro escribió al Ministro de Guerra en Madrid la siguiente carta: “Creo indispensable recurrir a un movimiento estratégico que al menos desguarnezca de fuerzas enemigas la línea envolvente que tenemos en nuestro frente de ataque. En este concepto, ante una necesidad apremiante creo conveniente que el nuevo cuerpo de ejército que se organice se sitúe en los pueblos de los alrededores de Santoña y se mueva en dirección de Valmaseda, por caminos y valles a la vista de los montes de Galdames, de manera a amagar y cortar al enemigo su retirada envolviéndole por su flanco izquierdo. Es de esperar que aquél acuda en defensa de su amagado flanco y combinado el movimiento de nuestro tercer cuerpo con el ataque de frente en los términos posibles, se obtenga un satisfactorio resultado”

El Presidente/Militar perfilaba ya la necesidad apremiante de crear un nuevo cuerpo de ejército, con más hombres y más material para destinar al Norte con el claro objetivo de “adelgazar” la línea de defensa carlista en Somorrostro. Todo parecía indicar que fuera el propio Villegas el encargado de dirigir este nuevo cuerpo de ejército. Sin embargo, confabulaciones de carácter político dirigidas desde Madrid y aceptadas por Serrano, determinaron que el 4 abril se hiciera oficial el nombramiento de Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, Marqués del Duero, como oficial al cargo del nuevo ejército.

Logística y Planificación

Embarque de tropas en Santander. Álbum Siglo XIX
Concha partió inmediatamente de Madrid en un tren especial hacia Santander acompañado de su estado mayor y del 5º Batallón de Carabineros. El día 8 llegará a la capital cántabra donde le espera Villegas para ponerle en antecedentes en todo lo relativo a la estrategia que había concebido. En este punto, es necesario hacer hincapié en la altruista actuación del cántabro: en una época donde la carrera política y militar estaban profundamente imbricadas, Villegas cedió completamente el protagonismo de la empresa que él mismo había puesto sobre la mesa, acatando en todo momento la órdenes que le fueron dadas.

Tras unos días bajo la tutela de Villegas, el día 13 abril, Concha abandonó la capital en un vapor con destino Castro Urdiales; si bien no desembarcará hasta 3 días después en el pequeño puerto de la villa marinera, debido al mal estado de la mar. Una vez allí es conducido al cuartel general de Somorrostro donde le espera Serrano con el objetivo de visitar y estudiar “las líneas avanzadas del campamento y las posiciones ocupadas por el ejército enemigo”.

Concha procedió a desgranar ante Serrano “su plan” (o mejor expresado, el plan de Villegas) que según recoge Pirala: “[…] desde la primera conferencia manifestose el marqués del Duero partidario de una operación combinada entre el cuerpo del ejército a sus órdenes y el que guarnecía la línea de Somorrostro, indicando que su movimiento fuera por el valle de Carranza, dominándolo y caer sobre Sodupe y Valmaseda, mientras que las tropas del primero y segundo cuerpo operaban por el puerto de las Muñecas, a partir de Castro y Otañes, y amagando sobre el campo atrincherado de San Pedro”. Es decir, sin desviarse un ápice del guión que Villegas había marcado, Concha pretendía desplazar todas las tropas hacia la derecha, bordeando la línea de Somorrostro. En el caso de tener éxito, prácticamente la totalidad del ejército carlista del Norte quedaría cercado.
Esbozo del 1º plan trazado por Concha para la superación de la linea de Somorrostro
y levantamiento del Sitio de Bilbao
Pero Serrano, que había tenido tiempo de madurar el planteamiento inicial que Villegas había puesto sobre su mesa hacia ya un tiempo, niega con la cabeza. La empresa así trazada, además de un quebradero logístico, la consideraba demasiado temeraria. El general Lopez Dominguez en su libro Operaciones del Ejército del Norte dejó constancia de lo siguiente: “En aquella reunión se desestimó lanzar una ataque demasiado a la derecha, por el valle de Carranza, ya que a decir del duque se debilitaba nuestro ataque en todos los puntos, extendiendo demasiado la derecha, que debería marchar aisladamente, para cuyas operaciones no se tenían fuerzas bastantes, ni medios de transporte suficientes, insistía el general en jefe en que la opción más segura sería mover los cuerpos de ejército en contacto, para que pudieras auxiliarse mutuamente, extendiendo menos la líneas táctica, para que no faltasen los medios”

Desembarco de víveres y municiones en Castro Urdiales.
Albúm siglo XIX
Tras dos días en las posiciones avanzadas en Somorrostro, el 18 vuelve Concha a la zona de retaguardia en Castro Urdiales, posicionando en la “Quinta de Miramar” su cuartel general. Desde allí siguió en contacto permanente con Serrano, accediendo a regañadientes a no desplegar sus tropas "en exceso" a la derecha, pero siempre insistiendo en las repercusiones que el éxito "de su plan" originaría en el devenir de la guerra. 

Mientras, el 3º Cuerpo de Ejército se fue formando y concentrando, parcheando la falta de tropas con el despliegue de unidades militarizadas destinadas al mantenimiento del orden; no dudando Lopez Dominguez en hacer la siguiente afirmación: “[…] reunidos todos los cuerpos y medios de refuerzo que el gobierno pudo, dejando para ello desguarnecido el país entero, pues hasta la guardia civil y carabineros fue moviliza en tercios y batallones para operar en Vizcaya”

Las tropas van llegando en ferrocarril hasta Santander y de allí marchan por la costa o son embarcadas hasta sus correspondientes zonas acantonamiento: Laredo, Liendo, Castro Urdiales, Colindres, Limpias y Ampuero; mientras que se reubican en Ontón, Mioño y Sámano, ocho batallones que han sido retirados de la línea de Somorrostro. Estos últimos fueron revistados y arengados por Concha en las planicies de Sámano el 19 de abril, marchando seguidamente el general a la población de Laredo, con la pretensión de coordinar y organizar todas las fuerzas y especialmente, la inmensa logística en pertrechos y transportes que se precisa. Desde allí el general Concha escribirá esta carta que nos transcribe Pirala: “[…] Estoy en extremo ocupado y sin descansar un instante, organizando los elementos tan diversos de este ejército y atendiendo a todos sus detalles, principalmente a la instrucción de los batallones de carabineros y guardia civil, que por primera vez se ven reunidos, y que van presentando muy buen aspecto, y están muy animosos como las demás tropas, ocupados en ejercicios diarios, y al mismo tiempo que los entretienen útilmente, les hace irse desprendiendo del sentimiento natural de haber dejado a sus hijos, pues la mayor parte de los carabineros y muchos de los guardias civiles son casados. Estoy deseando emprender las operaciones, que tengo suspendidas por falta de transportes; pero que muy pronto podré empezarlas. Habló muy largamente con el duque de la Torre y convinimos en apreciaciones hallándole en muy buenas ideas. […]”.

Arsenio Martinez. Tomado de
Foro Dinastías
Concha era muy consciente que la premura y la necesidad de hombres había determinado que un buen porcentaje del nuevo Cuerpo de Ejército lo formasen reclutas que no habían terminado su instrucción, además de presentar grandes unidades de guardia civil y carabineros; hombres cuyas funciones estaban más relacionadas con el mantenimiento del orden que con las maniobras militares. Además, la necesidad de desplazar tropas de otros lugares estratégicos, como las procedentes directamente del frente de Somorrostro, y acantonarlas en las cercanías de Castro Urdiales será criticado por otros generales liberales, ya que facilita a los carlistas el conocimiento del lugar de inicio de la hostilidades. Por su parte, la prensa carlista no dudará en comentar que se “han vaciado las cárceles” para llenar de hombres esta nuevo Cuerpo de ejército. Pero no únicamente de soldados bisoños se ha nutrido este bloque, también se han “rescatado” oficiales de renombre, pero poco afines a la República, que al igual que Concha parecen más proclives a una restauración monárquica que a una república, como es el caso de Arsenio Martinez Campos.

Los nuevos batallones fueron obligados a realizar una acelerada instrucción militar. Según relató en una de sus crónicas el corresponsal del periódico El Imparcial, Mariano Araus Perez: “[…] no cesan sus batallones de instruirse con ejercicios que duran la mayor parte de día. Desde hace tres días se ejercitan en el tiro al blanco, dando por resultado un prodigiosos acierto, como lo demuestran las columnas colocadas a cerca de 1000 metros cubiertas completamente de balazos”. También Eugenio de la Iglesia hizo referencia a este factor: “[…] las tropas del tercer cuerpo se dedicaban asiduamente a perfeccionar su instrucción militar. Los batallones de más reciente creación y los de guardia civil y carabineros que, aunque compuestos de excelentes soldados, carecían de la necesaria unidad y cohesión para batirse en línea, debían, en efecto, prepararse convenientemente para la campaña que iba a emprender”. Pero por si acaso, y para evitar una “posible baja combatividad” en estas tropas, se dieron las siguientes órdenes: “Si algún soldado en los fuegos marchando disparase desde la retaguardia de la línea dando una prueba de aturdimiento o poco ánimo, se le obligará a seguir con solo un cartucho en el punto más próximo al enemigo, sin perjuicio de ser juzgado en consejo de guerra si hubiese causado alguna baja entre los que marchan en su puesto”.

Campamento liberal en Somorrostro. Álbum Siglo XIX
El 20 de abril, el corresponsal ingles Mr. McGraham corresponsal del diario The Evening Star describía el siguiente panorama en las zonas de acantonamiento de las tropas: “[…] Me acerqué a Castro, y no es fácil imaginar un lugar como éste respecto a la suciedad, barro o algo peor. […] Cerca de 700 enfermos y heridos republicanos se hallan en esta ciudad; los ruidos de los trenes militares, la intendencia, departamentos de municiones, vapores que llegan o marchan, carretas cargadas, guías de mulas perjurando, los oficiales gritando a sus hombres, y la población civil apenas se las arreglan para caminar por estas estrechas calles, tan deslucidas y abandonadas que ni siquiera podrían llamarse calles […]”. Tras dejar atrás esta visión tan deprimente, Mac Graham se desplaza a Laredo: “[…] estaba amaneciendo cuando entramos en Laredo y los soldados salían de sus alojamientos mientras sonaban toques de corneta. Me dicen que se encuentran unos 9000 soldados en una ciudad que no llega a los 3.000 habitantes […]. Laredo es una ciudad con calles limpias y bonitas, al pie de una colina y protegida por varias montañas; debe ser una agradable residencia de verano, a juzgar por las preciosas villas con que cuenta, cerca de la playa. En una de estas villas está el cuartel general del marqués del Duero, y las tropas acuarteladas, además de aquí, en Colindres, Ampuero, en Santoña y en los pueblos de alrededor. He visto artillería, con cañones de montaña, y me dicen que el 3º Cuerpo tendrá 32 piezas artilleras, y cerca de un millar de jinetes, en húsares y lanceros. Los guardias civiles y carabineros (que constituyen las unidades principales del ejército de Concha) son soldados veteranos y tienen la confianza del Mando, pero ellos no están a gusto, y piensan que un convenio o rápida restauración de D. Alfonso pondrá fin a esta guerra. Se quejan de tener que hacer trabajos denominados mecánicos, ya que fueron antes gendarmes, o en misiones de aduanas. También he visto bastantes ingenieros. Creo que deben estar esperando a contar con suficientes municiones y provisiones.[…] El general Concha está deseoso de recibir cuanto necesita para ponerse en marcha, y ha considerado el día 25 o 27 como fechas más apropiadas, pero creo que no estarán a punto ni la intendencia ni los arsenales de municiones. […]”.

Carros utilizados para el transporte. Álbum Siglo XIX
Por su parte, Araus en su crónica del 23 de abril al diario El Imparcial afirmaba: “[…] Creo ya inminente el choque de nuestro ejército con las fuerzas rebeldes. El movimiento extraordinario que por toda partes se nota, el envío a Somorrostro de municiones sacadas de los almacenes de Castro, la premura con que se remiten a esta población los vivieres destinados para el 3º Cuerpo de ejército, y en fin, cierta órdenes dadas a los cuerpos que forman la tercera división ya cantonada hoy en Mioño, todo indica la proximidad del encuentro preparado durante un mes. No se crea por eso que mañana mismo van a emprenderse los movimientos de nuestro ejército, quizá se demoren tres cuatro, cinco días, porque falte alguno de esos elementos de mero detalle, cuyo concurso en necesario; pero de todos modos, las operaciones no se aplazaran a mi juicio más allá de la semana actual. […]”.

Concha mantiene contacto directo con Serrano informándole de los avances, que son contestados “aprobando cuanto indicaba”, pero recordando “e insistiendo siempre en no dar demasiado desarrollo al ala derecha, en el primer movimiento entre otras cosas por la carencia de transportes […]”. Lo cierto era que se habían comprado, requisado, pagado o alquilado carros, con sus correspondientes arrastres animales para el transporte de toda la intendencia y pertrechos necesarios.

El 3º Cuerpo de Ejército Liberal

Organización del 3º Cuerpo de Ejército. Tomado de
Narración Militar de la Guerra Carlista 
Para el 26 de abril, en un alarde de movilidad que el ferrocarril ha permitido y que los carlistas han sido incapaces de frenar, ya se han reunido todas las fuerzas que forman el 3º Cuerpo de Ejército liberal del Norte. Esta formado por 26 batallones fragmentados en 3 divisiones, varias baterías de artillería (14 Plasencia y 6 Krupp), varias compañías de ingenieros y caballería, con un total de 16.596 hombres. La primera división queda acantonada en Guriezo, la segunda en Limpias, Ampuero y Sámano, y la tercera en Sámano, Onton y Mioño con dos batallones en Guriezo. El cuartel general en Laredo, y los ingenieros y artillería montada en Castro Urdiales. 

Este 3º Cuerpo de Ejército sumado al 1º y 2º que ya se encontraban en Somorrostro bajo el mando de Serrano, hace que las tropas destacadas para la liberación de Bilbao asciendan a 42.000 hombres y 92 piezas de artillería (según Saturnino Gimenez), a los que se añadían los efectivos de la armada, que colaboraba con sus baterías al cañoneo de la línea carlista, además de ayudar en el trasporte de material y tropas.

Las Dudas Carlistas

Joaquin Elío.
Álbum Siglo XIX
Los carlistas contaban con sus propios informantes, siendo plenamente conscientes de la creación de un nuevo ejército ante sus propias narices y de la urgente necesidad de tropas y material para hacerles frente. La muerte del general en jefe de las tropas en Somorrostro pocos días antes, Nicolas Ollo Vidaurreta, había sumido al estado mayor carlista en un estado de falta de iniciativa. Se asignó a un delicado de salud, Joaquin Elío Ezpeleta la complicada tarea de seguir los movimientos de estas tropas y según relata el por entonces oficial de artillería carlista Antonio Brea: “[…] dejando en Somorrostro al General Dorregaray al frente de las tropas que guarnecían dicha línea, tomó (Elío) el mando de una División de once batallones, y se situó con el General Lizárraga en Traslaviña, como punto céntrico de la nueva línea de defensa que estableció en esta forma: El General Andéchaga, con dos batallones de Encartados, en Talledo (1º y 2º de Encartaciones); el Brigadier Yoldi, con los cántabros, en Muñecaz (sic) (1º y 2º de Cantabria); el Brigadier Aizpurúa, con los batallones 7.° y 8º de Guipúzcoa, en Villaverde; y el General Martínez de Velasco, desde Santa Cruz de Arcentales hasta Carranza, con los cuatro batallones de Castilla y el de Asturianos [...]". Salvando el pequeño refuerzo que suponía el pequeño batallón de Asturias, que rondaban las 500 plazas, lo cierto era que el ejército carlista se veía incapaz de incorporar más hombres o material a la zona, con prácticamente el 90% del Real Ejército del Norte ya comprometido con la línea de Somorrostro y el Sitio de Bilbao.

A pesar de las evidencias claras que presumían un ataque desde Castro Urdiales, Elío observaba con preocupación otros movimientos de tropas liberales que amagan por otros pasos de las Encartaciones, y que ponían en peligro la villa de Balmaseda, abriendo el valle del Kadagua; en tal concepto, se estaban construyendo atrincheramientos en todos los pasos de la carretera desde Gibaja a Villaverde. Según cita Pirala: “Sostenía Elio, contra la opinión de los jefes carlistas subalternos, cuando se hablaba de las operaciones, que Concha no cometería la torpeza militar de forzar el paso de las Muñecas, que cuando más haría una tentativa para llamar la atención, pero que su objetivo debía ser Valmaseda, y si envío a Andechaga con sus dos batallones a ocupar Talledo, fue más bien para que estuviera observando al enemigo y le diera parte de sus movimientos”

Mariano Araus, Corresponsal del "Imparcial".
Álbum Siglo XIX
Por su parte el corresponsal Araus escribía el 27 de abril: “[…] Indudablemente los carlistas andan un tanto desconcertados acerca del plan de campaña próximo a realizarse por nuestro ejército. En una de mis anteriores cartas procuré describir las posiciones que habían tomado y estaban fortificando para defender el paso de las Muñecas. Cuando recorrí, hace cuatro días, ese terreno, ví, como os decía, muchas fuerzas enemigas, así en el punto más culminante de la carretera como en las alturas que dominan el pueblo de Otañez (sic), donde han construido fuertes trincheras. En mi expedición de ayer a los mimos lugares el cuadro había cambiado. Siguiendo la carretera de Valmaseda, hoy completamente desierta, llegamos hasta Otañez, […] subiendo desde allí a la grande altura de Setares, pues yendo desarmados, hubiera sido una temeridad seguir adelante, exponiéndonos a caer en manos de los aduaneros situados en el mismo Otañez. Desde la cima de Setares puede examinar perfectamente y en toda su vasta extensión el teatro de las operaciones desde la sierra de Trucios hasta los límites de los montes de Triano, donde se apoya el ala izquierda enemiga en la línea de San Pedro de Abanto. Hasta ese momento no había podido formar un juicio exacto de las formidables defensas que para el paso de nuestro ejército pueden oponer los carlistas en toda esta zona de Vizcaya. […] Las carreteras se hallan flanqueadas casi sin interrupción por alturas inaccesibles privadas de toda vegetación, desde las cuales pueden a mansalva fusilar a los soldados del progreso. Si por ventura hay un monte, una colina, una cañada cubierta de frondosos árboles que purifican la atmósfera y embellecen el suelo, dando a estos valles el aspecto encantador que tantos escritos han descrito entusiasmados; y esos árboles pueden servir a nuestro ejército para facilitar el acceso a las trincheras enemigas con menos pérdidas, no tarda mucho tiempo en verse subir hasta el cielo una espesa y ancha humareda que dura tres o cuatro días, al cabo de los cuales el perímetro ocupado antes por un hermosos bosque ofrece a los ojos del espectador una mancha negra que llena de tristeza el ánimo. Desde nuestro punto de observación ¡cuántos bosques, cuantos sotos, cuantos chapurrales se veían quemados y aun humeantes! Hasta los arboles de carretera han sido arrasados, y parte el alma ver en lo alto de las Muñecas una interminable líneas de troncos cortados a la altura de un metro, los cuales eran hace seis días otros tantos hermosos árboles, a causa de grandes sacrificios criados en aquellas alturas azotadas por los vendavales en invierno y abrasadas por el sol del estío. Ayer toda esta comarca estaba desierta. Apenas se veía de cuando en cuando algún carlista en lo más alto de la carretera y en las trincheras que dominaban el pueblo de Otañez. Sin embargo, se nos dijo en Castro que a la caída de la tarde habían llegado a Talledo, dos batallones carlistas procedentes de Sopuerta (El 1º y 2º de Encartaciones) más sin duda para arbitrar recursos que con el ánimo de tomar allí posiciones, porque el barrio se halla dominado desde las altura de Setares, ocupadas por nuestras tropas”.

Comienzo de las Hostilidades

Temporal de lluvia y viento en el frente de Somorrostro.
Álbum Siglo XIX
En la cambiante primavera del Norte, los ejércitos ya han conocido los padecimientos de fuertes temporales de agua que inundan trincheras y campamentos, para seguidamente dar paso a una ola de calor bajo la que se "cuecen" los soldados. Araus recoge en sus crónicas: “[…] El cambio de tiempo hace sentir un calor prematuro y poco favorable para la salubridad del campamento: el primer día de calor hubo 140 bajas y no son muchos menso las que se producen diariamente en este valle casi cerrado a todos los vientos, y donde tanta gente se halla aglomerada”. Con un calor impropio de la primavera, comenzó el movimiento de las tropas del 3º Cuerpo.

Según relata Dominguez, el 26 de abril Serrano escribió a Madrid avanzado que ese mismo día empezará a mover sus fuerzas el Marqués del Duero y que el 27 esperaba entrevistarse con él en Castro Urdiales. Araus nos añade algún detalle adicional: “La anunciada conferencia entre el general Concha y el Señor Duque de la Torre va a celebrarse esta tarde. Al efecto, ha llegado a Castro Urdiales a las 8 de mañana el señor Marques del Duero a bordo del vapor “Ferrolano” acompañado de un numeroso estado mayor […].” De allí, y ante la imposibilidad para Serrano de desplazarse a Castro Urdiales, marchó Concha a su encuentro en San Martín de Somorrostro.

La estrategia estaba claramente definida: un ataque de los Cuerpos 1º y 2º en el frente de Somorrostro, combinado con un avance del 3º para flanquear las defensas carlistas por el puerto de Las Muñecas: “Con arreglo á lo dispuesto, se hallaban ya en marcha el 27 las tropas del 3º Cuerpo, á fin de ocupar los pueblos de Otáñes y Santullan, desde donde, al día siguiente, habían de emprender el movimiento hacia el puerto de Las Muñecas, tomando la carretera y sus flancos, hasta dominarlo; después caerían sobre el valle de Sopuerta, siguiendo á Mercadillo, y desde este punto atacarían las posiciones de. Avellaneda y contribuirían por su izquierda al ataque de los montes de Galdames. Las fuerzas del campamento de Somorrostro, que debían combinar sus movimientos con el 3º Cuerpo, marcharían por la carretera, desde el valle de aquel nombre, flanqueando por la izquierda hasta el pueblo de Las Cortes sito en la falda de los montes de Galdames, y por la derecha, partiendo de las alturas de Arenillas y Peña Corvera, para atacar la posición ocupada por el enemigo, que se unía con la cordillera de Las Muñecas, debiendo enlazar su ataque con la izquierda del 3º Cuerpo y caer sobre el pueblo de Montellano. Entretanto, las baterías de las Carreras, las del Monte Janeo y las de las alturas de las Muñecas y de la falda de los montes de Galdames debían romper el fuego sobre las defensas enemigas, ocupando las tropas las trincheras, siempre en disposición de avanzar, conforme a la actitud del enemigo”.

Rafael Echagüe. Museo del Ejército
A las dos de la tarde, y mientras Concha y Serrano seguían conversando en San Martín de Somorrostro, la 1º División del 3º Cuerpo de Ejército al mando del donostiarra Teniente General Rafael Benigno Echagüe Bermingham dio comienzo a un lento y protegido movimiento: “[…] Dos batallones de carabineros han tomado el flanco de otros tres batallones que marchaban por la carretera. Al mismo tiempo el batallón situado en las alturas de Setares (Sierra de la Concepción), se corría siguiendo la línea más culminante del monte hasta dar vista al barrio de Talledo, peros sin bajar a él. De manera que las fuerzas de la carretera tenían perfectamente guardados sus flancos. Todos estos movimiento de avance se han ejecutado son resistencia alguna, hasta que al llegar casi a las casas de Otañez los batallones que marchaban por la carretera han sido recibidos a tiros por los carlistas. Pero apenas se ha entablado la lucha han acudido en defensa de los nuestros los carabineros que flanqueaban su derecha, mientras que el batallón avanzado de Setares defendía la carretera que sube a las Muñecas, obligando a los carlistas a retirarse precipitadamente […]”.

A las 4 de la tarde, el ejército liberal se había hecho dueño de Otañes desalojando a las compañías de encartados que allí se encuentran, al precio de 2 muertos y 15 heridos. Dos horas después avanza la 2º División mandada por el monárquico declarado Arsenio Martínez Campos, mientras que la 3º División se situa en las alturas de Setares y Pico Helguera, al mando del general Jose Reyes Mesa. Con esta disposición duermen las tropas a la espera del amanecer del día 28.

Prácticamente la totalidad de los 16.000 hombres que formaba este 3º Cuerpo de Ejército se concentraba en el cuello de botella que formaba la carretera de acceso a las Muñecas. Para los carlistas no debería de quedar duda alguna del lugar por donde iban a intentar romper su defensa. Araus explica en una de sus cartas del 27 de abril: “Con la marcha de las tropas del tercer cuerpo a Otañes y Santullan, el enemigo comprendió que nuestro ejército había de atacar el paso de las Muñecas. […] Es verdad que la posición de Las Muñecas se hallaba de antemano fortificada […]; pero de todos modos, sorprendidos por el rápido movimiento del tercer Cuerpo, su resistencia no podía ser tan tenaz como en otras circunstancias”.

Despliegue Carlista

Castor Andechaga. Museo de las
Encartaciones
Al amanecer del 28 de abril, Concha y su estado mayor se reunen en el Pico Helguera observando el terreno y trazando los planes de ataque. Frente a ellos se sitúa el pueblo de Talledo y a la derecha del mismo, un pequeño bastión carlista. Allí se encuentra el veterano Castor María Andechaga Toral que comprueba cómo sus dos batallones de encartados eran la primera línea de defensa ante un ejército de más de 15.000 hombres y artillería. 

Elío había recibido ya notificación directa de la pérdida de Otañes y de la apremiante necesidad de desplegar en la Muñecas todas las fuerzas disponibles. Al amanecer este general, siempre en compañía del general Antonio Lizarraga Esquiroz, parte de su lugar de acantonamiento en Arcentales con el objetivo de llegar hasta el mismo Talledo y observar con sus propios ojos la situación. Según relata Francisco Hernando Eizaguirre, secretario de Lizarraga: “Llegamos a las siete de la mañana por la carretera de Sopuerta y antes de bajar a Talledo vimos enfrente a nosotros, y sobre dicho pueblo, una fuerte columna enemiga entre la que distinguimos, tan cerca estábamos, muchos guardias civiles. Va a romperse el fuego en seguida, nos dijeron, y los generales, entonces se situaron en la carretera, entre el pueblo de Talledo donde estaba Andechaga, con sus dos batallones y el alto de las Muñecas que ocupaba Yoldi con los suyos”.

Por suerte, la marcha de los convoyes de suministros liberales llevan una gran retraso, lo que obliga al Marqués del Duero a dilatar el comienzo del movimiento de avance de sus tropas, disponiendo así los carlistas de un tiempo precioso para posicionarse y desplegarse: Juan Yoldi Royo junto con los Batallones 1º y 2º de Cantabria se quedará en el alto del puerto; el 7º de Guipúzcoa que llegará sobre las 9 de la mañana tomará posiciones a la izquierda de Andechaga, dejando algunas fuerzas en la carretera. De igual forma, se ordena que "sólo en el caso que se verifique el ataque" se desplazase a la zona Gerardo Martínez de Velasco, “que estaba con sus 4 batallones en Santa Cruz de Arcentales a dos leguas largas de Talledo”. De igual forma, se da aviso a las fuerzas carlistas de la derecha, es decir, a las que defienden la línea de Somorrostro “que en caso de ser solamente nosotros los atacados nos auxiliaran”. Del 8º de Guipúzcoa y del 1º de Asturias  únicamente se despliegan compañías sueltas, permaneciendo el grueso cubriendo lugares más distantes. Con esta disposición de fuerzas Hernando dejó escrito que “esperamos con calma al enemigo”
Despliegue carlista en el puerto de las Muñecas ante el 3º Cuerpo de Ejército Liberal
en la mañana del 28 de abril. 
La reunión del Estado Mayor del Marqués del Duero en el Pico Helguera se alarga hasta las 8 de la mañana, descendiendo seguidamente Concha a Otañes para ocuparse de cambiar la situación de algunas fuerzas, municionar las tropas y realizar trabajos de intendencia, mientras espera impaciente a la llegada demorada de una serie de suministros. La mañana presagia un día de calor sofocante y elevadas temperaturas.

Mientras, Andechaga se ha empeñado en defender el reducto construido en Talledo. Los propios carlistas fueron posteriormente críticos con esta decisión: “Este desdichado pueblo, situado a la falda de las Muñecas, tiene ante sí un barranco que le hace casi inaccesible, pero en cambio está completamente dominado por varios montes que a medio tiro de fusil se alzan sobre él. A pesar de eso, don Castor Andéchaga, sin calcular la fuerza del armamento moderno se había empeñado en sostenerlo, y en él estaba encerrado con parte de su fuerza. La otra ocupaba a su izquierda un pequeño cerro, trás el que se levantaban escalonados y a distancia de unos 500 metros uno de otro, una plataforma y un monte cónico más elevado. Forman tres posiciones de regular defensa estas tres alturas, mientras que Talledo, por estar en el hondo, no servía para nada más que para impedir la subida a las Muñecas. […]”. No es la primera vez que Andechaga, veterano de la 1º Guerra Carlista, da muestras de no entender las nuevas tácticas que lleva aparejado el advenimiento del armamento moderno, improvisando una fortificación en una zona difícilmente defendible, al alcance de fusiles y artillería. 

El corresponsal Araus que observaba desde el Pico Helguera el frente, describe así las posiciones carlistas: “A nuestra izquierda tenemos en una colina, casi a nivel de la que nos encontramos, una estribación del monte Mello sobre cuya cima ha construido el enemigo un bastión con dos líneas de defensa cuyos fuegos lo mismo defienden el acceso a la carretera por el valle que sube de Onton que el pueblo o barrio de Talledo, situado en la pendiente de Mello, casi a la altura del paso de las Muñecas, y como á media legua de su parte más elevada”. El resto de las fuerzas carlistas se situaban en el cordal que suben desde Otañes hasta el pico Haya, en el que levantaban escalonados y a una distancia de unos 500 metros, el uno del otro, 3 pequeños cerros: "[…] A nuestra derecha están las alturas a donde ayer se retiraron los carlistas las cuales forman una serie de estribaciones defendidas de arriba abajo, en términos de ser necesario tomarlas todas para dominar por este lado al enemigo. Entre nuestro punto de observación y las alturas de las derecha marcha la carretera, empezando desde Otañez, por una gran pendiente, que se acentúa al pasar frente a Talledo, que forma después varios zig-zags, llamados “los retornos”, y que en fin, dando la vuelta al monte Mello, llega hasta el alto se La Muñecas […].”

Ataque por el Ala Derecha Carlista

Habiendo finalmente reunido los convoyes de vivieres y transportes, Concha decidió dar comienzo a su ataque, notificándolo al Duque de la Torre a la una de tarde del 28 de abril.

Echagüe con la 1º División tendrá como objetivo las sucesivas alturas del cordal que partiendo de Otañes culminan en el Pico Haya. Por su parte, Martínez Campos con la 2º División atacará Talledo y deberá tomar posesión del pico Mello. Dos brigadas, las comandadas por Pedro Beaumont y Jorge Molina de la 2º y 3º División, avanzarán por la carretera para la protección y refuerzo de las dos divisiones. Por último, el Mariscal de Campo José de los Reyes con la 3º División, permanecerá en Otañes con órdenes para custodiar los convoyes, dar racionamiento de municiones, intendencia, etc. Siguiendo el plan convenido, Serrano ordena romper el fuego de artillería a las 14:00 horas para mantener la presión en toda la línea de Somorrostro y apoyar los movimientos de Concha con el envío de tropas por el monte Corbera hacia el Pico Mello.

Al cuarto de hora de ascensión, las guerrillas desplegadas por Echagüe se topan con las primeras defensas donde se escudan unas pocas compañías de bizkainos y tras media hora de batirlas con fuego de artillería, cazadores del Batallón de la Habana y Carabineros toman la posición. Según describe Araus: “[…] La mala situación de la artillería por la índole misma del terreno, impidió que los primeros tiros fuera certeros. Basto que al cabo de un rato cayeran en la primera trinchera dos granadas, para que los carlistas la abandonaran huyendo precipitadamente a situarse en la segunda y a la una y cuarenta y cinco minutos cuatro carabineros, según mi juicio, entraban en la trinchera […]". Unas segunda trinchera no tarda en caer: “El movimiento de avance ha continuado sin detenerse un solo momento nuestros soldados, y eso que se veían obligados a sufrir las balas enemigas, el calor y penoso del terreno. A las dos y cuatro la batería Plasencia, que avanzo hasta colocarse muy dentro del fuego carlista, logró poner tres granadas consecutivas en la segunda trinchera, y pocos momentos después era tomada por nuestra tropas, que han continuado avanzando para tomar las tercera altura, tras la cual se han parapetado los carlistas reforzados por dos batallones que se han corrido desde las Muñecas”.

Cañón de montaña de 8 cm. Modelo Plasencia 1874-76.
Tomado de Gran Atlas de la Artillería Española
Las fuerzas carlistas van retrocediendo, concentrándose en el reducto del Pico Henal donde el combate se hace más enconado, ya que los encartados reciben allí refuerzos de compañías de cántabros y guipuzcoanos. A las dos y cuarto, la artillería Plasencia comienza cañonear este bastión. Araus continúa con su descripción de la acción: “[…] Vista la resistencia que por este lado ofrecía el enemigo, se reforzó la división de Echagüe con otra brigada, [...]". Con la llegada de la brigada Molina de refuerzo, Echagüe ordena un movimiento de flanqueo por ambos lados del cerro, retirándose los carlistas del reducto ante la posibilidad de quedar copados.

Únicamente queda el pico Haya en manos carlistas, al que se dirigen las ya cansadas tropas de Echagüe. Juan Olavide, uno de los pocos veteranos que dieron al Padre Apalategui detalles de aquella lucha, comentaba: “Era un día de bochorno terrible. Los soldados fatigados, sin comer ni beber. A algunos les daba esa sonrisa de desfallecimiento. Algunos carabineros, hombres de edad, perecieron asfixiados”

Desde el punto de vista carlista, contamos con la descripción que realizó el secretario de Lizarraga, Francisco Hernando de lo sucedido en su ala derecha: “El combate en la izquierda se animaba cada vez más y para mantenerle tuvimos que enviar algunas compañías del 7° de Guipúzcoa y de los batallones cántabros. A la hora y media de combate ya no teníamos un soldado de reserva, pues todos eran pocos para atender a las tres columnas enemigas. Velasco no llegaba; nuestra ansiedad crecía, pero afortunadamente los ánimos de nuestros soldados no disminuían. Su número, sin embargo menguaba, y el de los enemigos iba en aumento porque aunque caían muchos, cubrían de sobra sus bajas con las reservas. A las cuatro, la plataforma de la izquierda tuvo que ser abandonada para replegarse las compañías que la defendían al montecillo cónico que ocupaba la tercera posición (Pico Haya). Allí, por fin, llegó Velasco, pero solo con los batallones 1° y 2° de Castilla, cuando le esperábamos con cuatro. Sin embargo, sostuvo la posición, […]” .

Comprobado por parte de la jefatura carlista que el peso del avance se está produciendo por Las Muñecas se ha llamado como refuerzo a los batallones de Velasco, que se incorporan a la defensa del Puerto sobre las tres de la tarde. Sin embargo, frente a los 4 batallones esperados, únicamente llegan el 1º de Castilla “Cazadores del Cid” y el 2º de Castilla “Cazadores de Arlanzón”. Elío actua de forma demasiado conservadora y la disposición de los efectivos disponibles no es en absoluto efectiva; a decir del autor del Estudio Critico de la Última Guerra Civil: “Tuvo la suerte el general Concha de que los carlistas, sin comprender una verdad axiomática, y es que los pequeños ejércitos deben batirse siempre concentrados, se opusieron divididos a su paso; por querer oponerse a todo, no tuvieron resistencia en ningún lado”.

Los carlistas se siguen defendiendo de forma tenaz en el Haya, agarrándose a su cima. Un oficial británico Alexander B. Tulloch presente como observador en los combates comentará: “Las tropas [liberales] no podían avanzar contra el terrible fuego que se hacía desde el reducto, teniendo que ponerse a cubierto”. En ese momento, y para sorpresa de todos, los voluntarios carlistas abandonan la defensa de las trincheras y parapetos para proceder a un ataque "a la bayoneta". Según consta en los relatos, varias compañías de castellanos saltaron de sus refugios y lanzándose ladera abajo hacen retroceder a las asombradas tropas de Echagüe, recuperando parte del terreno perdido y llegando hasta prácticamente al Pico Henal. Hernando no dudó en describir con la épica que el momento precisaba éste pasaje: “Los heroicos castellanos deseando desquitarse del tiempo que habían tardado en llegar, procuraron reconquistar la posición abandonada. Unas cuantas compañías, tres a lo sumo, lanzáronse denodadamente a la bayoneta: el enemigo, que ya ocupaba el alto, las recibió con terrible fuego desde que las vió moverse, pero ellas, despreciándole, siguieron avanzando con admirable decisión por la llanura que de un monte a otro se extendía, sin que detuviesen su empuje los estragos que las balas causaban en sus filas. La distancia se iba acortando; ansiosos seguíamos con los ojos, desde la altura donde estaban los generales, el avance de los castellanos y admirábamos su bravura, pensando que el éxito más completo iba a coronarla. Los nuestros habían llegado a la falda del montecillo y empezaban a subirle; el fuego se hacía a cien metros y ya los más ligeros, animando a los que venían detrás, se adelantaban hasta tiro de pistola de los republicanos e iban a cruzar con ellos sus bayonetas […]”.

Fueron momentos sumamente críticos para el general Echagüe: “No era suficiente el número de sus soldados a contener aquella avalancha que se les venía encima; había que infundir nuevos alientos a su gente para resistir su empuje sin retirarse, y esto sólo se conseguía con la llegada de nuevos refuerzos”

Ataque por el Ala Izquierda Carlista

Manuel Manrique Lara y Pazos.
Tomado de Ilustración Española
 y Americana
Mientras, en su línea izquierda los acontecimientos se desarrollaban favorablemente para los intereses liberales. Martínez Campos con su 2º División esperando en el Pico Helguera había comenzado su ataque dirigido a la conquista de Talledo. Llevaban desde las doce y media de la mañana intercambiando disparos y hostigando las trincheras localizadas en las cercanías del pueblo. Pero a esa distancia los pesados pero fiables fusiles Springfield carlistas, con los que están dotados la mayoría de fuerzas bizkainas, se muestran parejos a los flamantes Remington de las fuerzas liberales; por lo que la lucha en esta zona se convierte en un "toma y daca" de proyectiles que viajan de una colina a la otra.

A la una y media, y al mismo tiempo que se ha puesto en marcha la 1º División, Martínez Campos vista la necesidad de avanzar solicita voluntarios  para asaltar directamente a la bayoneta el reducto de Talledo. El 1º Batallón de Marina al mando del teniente coronel Manuel Manrique de Lara sale en su totalidad, a los que se suman distintos voluntarios de carabineros y personal del Batallón Valencia.

Estos soldados descienden del Pico Helguera para seguidamente atravesar un fondo de arroyo y afrontar el ascenso al reducto, sufriendo en el camino las descargas que efectúan los carlistas. Media hora después, las tropas encararan el repecho final que lleva a la trinchera. Según observó Araus: “[…] Despreciando las balas enemigas han llegado al barranco y sin descansar un momento han emprendido el ascenso al bastión, defendido por más de una batallón, a juzgar por el fuego que desde él se hacía. A la media hora el teniente coronel de marina, don Manuel Lara, con ocho hombres, llegó a la trinchera sable en mano cuando no había aun sido desalojada por el enemigo […]”. Por su parte, Tulloch, también testigo directo de la acción, describe así el momento: “Los "marines", encabezados por el Coronel Lara, saltaron sobre el parapeto de la trinchera, mientras éste les arengaba con su sable en mano”. Los soldados carlistas comienzan a huir pero sus oficiales, entre los que se encuentra Andechaga al grito de “¡Viva nuestro rey!” les hace volver a la trinchera. “Durante diez minutos se vio á Andechaga y al teniente coronel Lara frente a frente, excitando cada uno a los suyos: el segundo, para que apresuraran la subida de la pendiente, y el primero, para que volvieran a la trinchera que habían abandonado precipitadamente llenos de terror ante el arrojo de los nuestros. Puede decirse que ambos jefes estuvieron durante un momento entre dos fuegos. Por el momento pudo más Andechaga con los suyos, puesto que, volviendo a la trinchera antes que los marinos, pudieron ganar la altura, obligando a Lara y a aquel puñado de héroes a descender hasta el barranco, dejando tendidos a 4 hombres en su retirada”. Tulloch comentaç en su crónica que la llegada de los refuerzos del Regimiento de Valencia, permitió rehacer el ataque y de nuevo con Lara a la cabeza se ascendió hacia la trinchera. Esta vez Andechaga no pudo contener a sus hombres: “Andechaga se retiró el último, solo y con paso regular, y hasta pudo creerse que deseaba la muerte, puesto que, en vez de marchar por las sendas cubiertas de maleza que conducen á Talledo o al monte Mello, cruzó por medio de los sembrados, sobre cuyo verde claro se destacaban perfectamente los colores de su uniforme. Vestía pantalón grancé, bota de montar, un capote largo a la prusiana azul y boina del mismo color con borla blanca. Debe de tener bastante edad a juzgar por su barba, que me pareció muy blanca”

El regimiento Valencia entró en Talledo a los acordes del paso de ataque, al mismo tiempo que se daba la mano con la brigada Beaumont que subía al pueblo por las pendientes de la izquierda de la carretera, rodeando el monte Calaborco. Los carlistas se retiraron a una trinchera situada en la altura y desde donde hostilizaban el pueblo perdido y la carretera. “Una vez asegurado el flanco izquierdo Martínez Campos ordenó un movimiento a lo largo de la carretera, siendo reforzados por nuevas tropas y una batería Krupp, para acabar con las trincheras que hostilizaban la carretera”. A las seis de la tarde los carlistas también abandonan estas defensas: “Andéchaga denodamente se sostenía también en Talledo, a pesar del horrible fuego con que le acribillaban, pero como allí no hacía más que sufrir y las fuerzas enemigas de la derecha avanzaban e iban a envolverle, mandóle Elío que saliera y se replegara á las Muñecas para ampararse en las fuerzas de Yoldi.”

Todo parece indicar que la muerte del veterano general se produce en ese momento. Tulloch dejó constancia de lo siguiente: “Observamos a un oficial a caballo que se dirigía a una trinchera localizada entre una colina y la carretera, como si fuera a ordenar a sus hombres a retirarse. De repente se tambaleo en la silla y cayó de su caballo que se alejó galopando. Se observó a muchos hombres correr hacia el lugar, y en ese momento un proyectil de artillería estalló entre ellos, causando la muerte del cura de Sestao, su mano derecha”. Por su parte, Hernando relataba el hecho de la siguiente forma: “[…] Don Cástor Andéchaga desistía por fin de su empeño de defender á Talledo y sacaba sus fuerzas del pueblo antes de que las cercasen los republicanos, que por derecha e izquierda avanzaban. Habíalo ya hecho y salido a la carretera para ver el avance del enemigo, cuando éste, que observó el grupo que formaban Andéchaga y su estado mayor, hizo una descarga sobre él. Cayó en el acto muerto el desdichado general y su capellán, pero recogieron sus cadáveres y los pusieron en salvo”. El cuerpo de Andechaga es recuperado y, según ha recogido el historiador Javier de la Colina, fue llevado a Sopuerta en un burro confiscado al caserío el Pendiz (Sopuerta). Al igual que ocurrió con la muerte de otros grandes generales, surgirán distintas versiones del hecho, así Araus en su carta del 1 de mayo comunicaba: “[…] Anoche supe que su muerte ocurrió en Siro (sic) al hacer frente a una de nuestras guerrillas que después de pasar las Muñecas bajo algunos kilómetros por aquellas laderas. Al caer fue en su auxilio el cura de Sestao, su ayudante de órdenes y no bien se había bajado del caballo cuando fue muerto también por otra de nuestras balas. La bala había entrado a Andechaga por la sien derecha”

La desmoralización por la muerte de su general cunde entre las tropas encartadas, que según Hernando: “desmayaron y empezaron a desordenarse por la carretera, pero fueron contenidos en seguida por Lizárraga y las fuerzas del 7º de Guipúzcoa, que con el mayor orden y valor se mantenían firmes”.
Movimientos del 3º Cuerpo de Ejército en Las Muñecas
El Asalto Final

En el flanco derecho liberal, habíamos dejado a Echagüe súbitamente detenido por la irrupción en escena de las tropas castellanas. El general Concha, que seguía de cerca el movimiento de sus tropas, recibió el apremiante mensaje de Echagüe solicitando el envío inmediato de refuerzos. Pero con las dos brigadas que habían quedado de reserva empeñadas ya en el combate, Concha toma la decisión de agregar todos los efectivos asociados a su Estado Mayor al ataque. El corresponsal W. Gimenez Romera describía así la situación: “[…] Cuando llego el ayudante de Echagüe a la que posición que ocupábamos, el general Concha se agitaba impaciente por la tardanza en tomar lo que era objeto de combate (el Haya).
    - ¡Es una vergüenza, exclamaba, que ocho batallones carlistas tengan detenida aquí a una división del ejército español!
  -Mi general, dijo llegando en aquel momento el ayudante de Echague, la vanguardia necesita refuerzos a toda prisa.
   -No hay más refuerzo que nosotros, contesto el general; vamos todos.”

Gracias a la llegada de esta última reserva de hombres, estando a la cabeza el propio Concha, pudo finalmente  la 1º División contener y hacer retroceder a las tropas castellanas que en su ataque a la bayoneta habían desorganizado el inminente asalto al reducto del Haya. Según se describe en La Campaña Carlista: “Los castellanos tuvieron que renunciar a su empresa, cuando ya la consideraban asegurada, y emprendieron una retirada más heroica, si cabe, que había sido impetuoso el ataque, porque a pesar del mayor número de enemigos fueron retrocediendo paso a paso, haciendo fuego y con tal orden, que los republicanos no se atrevieron a lanzarse en su persecución y los dejaron llegar a donde estaba el resto de sus fuerzas sosteniendo la tercera posición (Pico Haya)

Finalmente se procedió al ataque del último reducto carlista. Según consta a Barrington Kennett, comisionado de la Cruz Roja, el propio Concha resultó contusionado durante este ataque: “Le entró una bala a través de la manga”; al igual que otros oficiales como Enrique Franch Trassera, oficial de una poca útil caballería en aquel terreno, que cayó herido en el hombro izquierdo de un balazo. La crónica periodística de Araus aseveraba: “El fuego fue tan violentó, que los robles quedaban sin ramaje y los troncos ennegrecidos por el humo de la pólvora”. El militar Tulloch también dejó constancia de algunas conductas destacables de los soldados liberales que reflejó en sus crónicas: “Fue durante la larga contienda por la posesión del reducto que pudimos observar y admirar la firme defensa hecha por un cuerpo de carabineros o guardas civiles que, muy probablemente, tenía la fortuna del día de ese lado. Las tropas no podían avanzar contra el terrible fuego del reducto, y tuvieron que echarse a tierra; pero un pequeño cuerpo de hombres, aparentemente no más de un centenar, bordeó el flanco derecho del reducto hasta una colina que lo dominaba. En ese momento, varios centenares de carlistas que se apresuraban como refuerzos, -sus líderes bien sabían el valor de la posición- apareció por un flanco a no más de 200 metros. Si los guardias o carabineros se hubieran retirado, los carlistas habrían atrapado la línea de ataque al reducto en flanco, y probablemente les hubieran arrollado; pero se mantuvieron firmes, y los carlistas, sin duda, engañados en cuanto al número de defensores en aquella estribación, retrocedieron después de un hacer un par de descargas”.

Hernando relató  los últimos momentos en la defensa del pico Haya desde el punto de vista carlista: “Aún defendían los castellanos tenazmente el montecillo, como última posición de la izquierda, así que no podían avanzar (los liberales) por aquel lado, pero como evacuado Talledo y avanzando por las Muñecas no teníamos fuerzas que oponerles, fue preciso abandonar el alto. Elío bajó a la carretera, y encargando á Lizárraga, que hasta entonces había estado con él, que dispusiese y dirigiese la retirada, se fue a Sopuerta. Lizárraga contuvo a los batallones encartados, procuró reanimarlos y con el mayor orden, al paso regular, bajó con las fuerzas también á Sopuerta ya al caer de la tarde, sin que el enemigo los persiguiera ni tratara de ir adelante”. Finalmente Velasco se retiró con sus batallones castellanos haciendo posteriormente el siguiente comentario: “[…] No quise, sin embargo, que el enemigo pudiera vanagloriarse nunca de haber hecho retroceder a los hijos de Castilla y continué sosteniendo la posición hasta anochecido, que les di orden de trasladarse conmigo á Traslaviña, habiendo antes pedido al brigadier Aizpurúa me enviase desde la posición que cubría alguna fuerza, como lo hizo, enviándome dos compañías de guipuzcoanos para con sus fuegos protegiera la retirada de los dos batallones castellanos que no tenían un solo cartucho, como lo hicieron”.

Estos guipuzcoanos, con el oficial Juan Aizpurua Abaroa al frente, fueron los últimos en abandonar sus posiciones, cubriendo la retirada del resto de las tropas. El azkoitiano Jose Tomas Echaniz Casteig era teniente del 8º de Guipúzcoa y en su relato trascrito por el Padre Apalategui describe que para ayudar al 7º se habían desplazado 4 compañías del 8º que se encontraban sobre el monte Zartzaga. Estas tropas se situaron “en un altozano, teniendo detrás una vaguada, y después nosotros, las otras compañías. Empezaron a hacer fuego, con la rodilla en tierra. Los liberales contestaban y seguían para adelante. En eso, los carabineros, avanzando por la derecha e izquierda de esas 4 compañías, por la vaguada que teníamos nosotros delante, empezaron rodearlas”. Aizpurua ordenó que se retirasen, pero con el ruido de los disparos no se escuchaban los toques de cornetas. Se gritó la orden de abrir fuego sobre los carabineros y fue cuando las compañías comprendieron que iban a ser cercadas, y echaron a correr. “Los más rápidos llegaron a nosotros”. Los últimos fueron hechos prisioneros. Continuando su relato: “Aquella noche nos quedamos en el alto del monte Zartzaga. También los liberales se hallaban arriba. Estando nosotros formados, nos dijo Aizpurua: 
  - Señores, ya veis en que situación nos encontramos. Si nos quedamos aquí, mañana por la mañana nos harán prisiones a todos ¿Qué podemos hacer? 
Entonces Enrique Urrutia Lartigue  dijo que quisiéramos o no, teníamos que marcharnos de allí. 
  – Pero si mis jefes –dijo Aizpurua- me piden cuentas de cómo he abandonado esta posición ¿saldréis vosotros en mi defensa?
  – Sí, eso sí.
  – Pues siendo así… ¡todos para abajo!”. 

Para entonces, las pocas compañías carlistas que al mando de Jose Navarrete estaban posicionadas en las estribaciones del pico Mello que miran a Somorrostro habían sido también desalojadas por las tropas al mando del general Palacios. Según cuenta Araus en sus crónicas: “[…] La división de vanguardia, al mando del general Palacios, recibió la parte más penosa de las jornada pues debía materialmente escalar la altura de Mello, donde han estado situadas las fuerzas de Navarrete desde el principio de esta campaña. […] Así fue que los carlistas de Navarrete (mandados por el veterano de la guerra civil don Jose Gutiérrez), atacados por el general Palacios y amenazados por la división Campos que le iba tomando las trincheras, base de su posición, tuvieron que abandonar con escasa resistencia esas formidables alturas, facilitando el que al anochecer se dicen la mano la divisiones de Martínez campos y Palacios, encima del paso de las Muñecas”.

Para el anochecer de aquel 28 de abril, todas las fuerzas carlistas habían abandonado sus pociones retirándose hacia Sopuerta. Concha remite al general Reyes, al mando de las tropas de retaguardia, la siguiente carta: “Comunique V. E. al Excmo. Sr. Duque de la Torre que la 1º División de este cuerpo ha tomado las posiciones de Las Muñecas, donde me encuentro, por la derecha y parte del centro. La 2º División, por la izquierda, ha encontrado un terreno insuperable; pero el enemigo queda rebasado completamente y tendrá que abandonarlo. La jornada muy calurosa y de gran fatiga en una subida constante de hora y media. No conozco las pérdidas. Acampo aquí”.

El Duque de la Torre contesta: “Recibido parte de V.E. y le felicito, como á las valientes tropas a sus órdenes. Cuando recibí su telegrama de Castro, que no ponía la hora de empezar el movimiento, lo dispuse todo, y a las dos de la tarde, oyéndose fuego de cañón por nuestra derecha, ordené la marcha de estas tropas, rompiendo el fuego la artillería de toda la línea, y al anochecer quedaron ocupado los pueblos de Montellano y Las Cortes, y tomadas las alturas que dominan á Peña-Corvera, que deben unirse con su izquierda. Al amanecer de mañana continuaré el movimiento, según las noticias que reciba de V. E. Trascribo a Guerra su parte. Acabo de recibirlo de mi derecha, está ya en contacto con la izquierda de V. E. Cuartel general, 28 de Abril a las once de la noche”.

El ataque combinado en la línea de Somorrostro y Muñecas había sido todo un éxito. El militar Tulloch aseveró en su libro: “La captura del paso prácticamente decidió la campaña a favor de las tropas nacionales”. Araus describía así los réditos de la victoria de aquel día: “[…] Nuestras fuerzas ocupan hoy toda la línea de montañas que e extiende desde el rio Somorrostro (Barbadun) hasta Trucios con distancia de más de cuatro leguas. Tomadas estas alturas puede decirse que dominaremos los valles de Carraza, Concha y Sopuerta, pudiendo atacar cómodamente las posiciones de Galdames, que por lo visto son la que más empeño tienen los carlistas en sostener[…]”.

Fragmento de mapa de la "Acción de las Muñecas". Álbum Siglo XIX.
Durante la noche cesó el fuego en toda la línea, comenzando todos los trabajos de intendencia para la prosecución de las operaciones al amanecer del 29. El Marqués del Duero vivaqueó en medio de las tropas a pesar de la lluvia que había comenzado a caer y que refrescaba el ambiente vivido aquel día.

Según los partes oficiales del ejército liberal la Batalla de Las Muñecas tuvo un coste de 45 muertos y 434 heridos: la 1º División, 29 muertos y 310 heridos; y la 2º, 16 muertos y 124 heridos. Se desconocen las perdidas carlistas, aunque los corresponsales describen que debieron ser elevadas. Solamente en el bastión de Talledo se contabilizaron 8 muertos y 18 heridos, además de numerosos prisioneros: “27 carlistas cogidos ayer en las trincheras han sido embarcados aquí para Santander”, destacando la muerte de Andechaga, que sumadas a las de Ollo y Radica en Somorrostro, supusieron un duro golpe para el estado mayor carlista y para la moral de sus voluntarios. Tulloch añadió un macabro detalle: “En el brezo, que, por cierto, se incendió al final de la acción, muchos de los heridos fueron quemados hasta la muerte”.

Grabado de la Batalla de Las Muñecas. Tomado de
"Relación histórica de la última campaña
del Marques del Duero (1874").
Fue el comienzo del final de la Campaña de Somorrostro, pero hasta el 2 de mayo todavía se escribirían más episodios de lucha y defensa para concluir el capítulo del levantamiento del Sitio de Bilbao y el abandono de la línea de Somorrostro. A  pesar de mantener prácticamente intacto su ejército y carácter combativo, para los carlistas fue un sonoro fracaso, existiendo una pequeña purga entre los altos mandos, que quedó reflejada en las páginas del libro Dorregaray y la traición del Centro: “Al hacerse público aquellos extraños sucesos (decisiones notablemente desafortunadas por parte de los generales al mando) , D. Carlos quería fusilar a Velasco y sumariar a Elío y los otros generales que tomaron parte en las Batallas de las Muñecas y Galdames; pero Dorregaray se opuso resueltamente, y las consecuencias se limitaron a que el general Elío marchase a Francia, Velasco al Centro, y poco después le siguió en este camino Lizarraga”.

Siguiendo el mismo hilo argumental, Javier de la Colina localizó en un caserío de Sopuerta un manuscrito titulado  "Apuntes para la Historia" escrito por un oficial carlista tras la finalización de la guerra. En las 12 páginas del documento, sin firma, ni fecha, se hacía una lectura muy crítica de muchas de las decisiones que se tomaron a lo largo de la guerra: comenzado con la falta de decisión en la Campaña de Somorrostro, el hecho de no empeñar todos lo batallones disponibles en Las Muñecas,  el "sistema de líneas" que obligaba a las tropas carlistas a luchar diseminadas, la inutilidad de todos los sitios sobre plazas fortificadas o la impericia para aprovechar la debilidad enemiga. Para ese oficial, que Colina ha identificado como Jose Manuel Gomez Solana, la pérdida de la guerra tenía un claro culpable: " [...]Sí, queridos compañeros de armas, no dudéis que la falta de dirección nos ha perdido, y porque no la ha habido también, os lo diré pese a quien pese y caiga sobre quien caiga, pues bien merece capítulo a parte, si quiera en la satisfacción a tanta sangre derramada y tantas familias arruinadas para un tan desastroso fin, debido no lo dudéis, a la ambición e intrigas de unos cuantos magnates, sin más bandera que sus torpes fines particulares,[...]".

Un Poco de Presente

Sobre ésta reconstrucción histórica de la Batalla de las Muñecas se realizó un trabajo de prospección arqueológica y generación de un inventario basado en Sistemas de Información Geográfica en el año 2011. Durante los trabajos de campo, tuvimos la posibilidad de entrevistarnos con habitantes de Talledo, como Julián Vivanco y Milagros Ugarte Zuloaga que por entonces tenían 90 y 83 años respectivamente, indicándonos que en su niñez solían acercarse a “refugios carlistas", donde siempre encontraban casquillos y balas con los que jugaban.

En un paisaje completamente alterado por las sucesivas plantaciones de pinos y eucaliptos, los mapas de distribución de hallazgos permitieron corroborar muchas de las afirmaciones que en el relato se realizan, clarificando algunos elementos poco conocidos o nunca planteados, y dejando algunas incógnitas. Pero esta sección, bien merece otra entrada al blog más específica,

A Modo de Conclusión

En la ladera del Pico Haya y en una zona de máxima pendiente, los hallazgos determinaron que al menos un soldado liberal había utilizado un afloramiento rocoso para parapetarse en su ascensión a la cima. Engarzada en una pequeña oquedad de aquella roca se localizó una vaina de cartucho Remington perfectamente conservada. La única explicación a que aquella vaina estuviera en ese lugar, era pensar que un soldado, tras hacer fuego con su flamante fusil monotiro,  hubiera abierto la recamara, extrajera la vaina de la misma y tras recogerla, la depositase en aquel hueco de su improvisado parapeto. Seguidamente recargó el arma con un nuevo cartucho, amartillo el percutor, saltó sobre la roca y siguió subiendo, envuelto en la humareda blanca de los disparos que a su alrededor se realizaban. Le quedaban escasos metros para alcanzar la cumbre.

Esa vaina se encuentra actualmente depositada en los fondos arqueológicos de museo de Cantabria.

Balas impactas de munición 50-70 para fusiles Springfield carlistas