miércoles, 26 de agosto de 2015

“Convenio de Vergara”: Abrazo, Conmemoración, Destrucción y Olvido

Entrada actualizada el 29/06/2016

El 31 de agosto de este año 2015 se cumplirán 176 años del “Convenio – Abrazo de Vergara” que selló el comienzo de la finalización de la I Guerra Carlista. El acuerdo que el 29 de agosto de 1839 había sido pactado entre el general Espartero y enviados del general Maroto sobre una mesa del palacio de Lazarraga en Oñati, precisaba todavía de una serie de actos de confraternización y teatralización entre la oficialidad contendiente que rubricaran lo acordado ante la soldadesca y el pueblo llano.

El Abrazo

Los principales figurantes de esta representación no llegaban en igualdad de condiciones a este último acto. La peor parte la llevaba el campo carlista, donde la amalgama de corrientes ideológicas que se han unido bajo la bandera carlista comenzaba a resquebrajarse ante el cariz que estaba tomando la guerra. El mensaje de “paz y fueros” que ya José Antonio Muñagorri Otaegui había proclamado con escaso éxito al comienzo de la contienda, estaba comenzado a calar en los voluntarios y oficiales vasco-navarros desmoralizados por la situación de bélica y la excesiva duración de la guerra. 

Rafael Maroto. Tomado del Archivo del Museo
del  Ejército
Por si esto fuera poco, Rafael Maroto Yserns había alcanzado la jefatura del ejército carlista del Norte aupado por las adversas circunstancias, con la premisa de “poner orden” en el incipiente caos. La medida no era de beneplácito del Pretendiente Carlos María Isidro de Borbón, pero prevaleció la opinión de varios de sus consejeros que veían en Maroto una “bisagra” entre las corrientes más ultrarrealistas y los más moderados. Pronto Maroto, con ideas propias, comenzó a depurar a la oficialidad, siendo sustituidos por mandos que estuvieran bajo su control. Los recelos en la corte carlista se tornaron
en encendidas discusiones a medida que las decisiones de Maroto se iban conociendo y se escuchaban rumores de un posible pacto con las fuerzas liberales a espaldas del Pretendiente. Don Carlos se veía atrapado en esa situación de lucha interna; incapaz de articular una respuesta que no supusiera una pérdida de prestigio internacional ante las potencias legitimistas, de las que recibía un indispensable apoyo financiero.

La corte carlista comenzó a dividirse entre los que secundaban la política regia y los que seguían a Marato. En este sentido la red de confidentes y espías liberales habían contribuido a minar la moral y acrecentar las desavenencias en el seno del ejército carlista. Maroto estaba convencido de la existencia de una conjura contra su persona dispuesta a acabar con su vida y de poco sirvieron las palabras de su Rey que le convidaban a no hacer caso de la rumorología. El carácter enérgico de Maroto se impuso, haciendo fusilar en Estella a aquellos oficiales a los que acusaba de sedición militar. El desastre tomó cuerpo, la crisis interna reventó. Don Carlos ya no detentaba el poder, parte de su ejército no respondía a sus proclamas y desdeñaba sus órdenes. El Pretendiente se vio en la obligación de aceptar las condiciones de Maroto con el objeto de calmar la situación y tratar de mostrar a la opinión pública, y especialmente a las potencias extranjeras, que en la causa carlista seguía reinando el orden y la disciplina.
Fusilamientos de Estella ordenados por Maroto. Tomado de
Albúm siglo XIX

De facto, Maroto había dejado a Don Carlos sin poder, con una parte del ejército Norte que se negaba a responder a sus órdenes, convirtiéndole en un títere del general. Desde el Levante y Cataluña se incitaba a que el Pretendiente tomase a sus ejércitos leales y se enfrentase abiertamente a Maroto. El descrédito de la causa carlista seguía en aumento y únicamente el miedo que despertaba las represalias que Maroto pudiera tomar, hacían que no se declarase una guerra abierta dentro del ejército del Norte.

Maroto continuo “limpiando” la corte y la oficialidad carlista, destituyendo, solicitando prisión, destierro o muerte para todos aquellos que se le oponían. Los batallones que no le secundaban también sufrían su propia diezma: durante la batalla de Ramales, Maroto no había dudado en colocar en primera línea del frente a aquellas compañías que no le presentaban especial afecto.

Retrato de Baldomero Espartero. Tomado de
https://fvalle.wordpress.com/
Por parte liberal esta crisis era seguida con especial interés, especialmente por Baldomero Espartero, cuya estrella política-militar seguía ascendiendo. Espartero tenía un gran interés personal en poner fin a una guerra que iba ganando, pero no todo lo rápido que precisaba, no dudando en utilizar tanto la vía militar como la de las conversaciones para este fin. 

Los ruidosamente silenciosos contactos entre Maroto y Espartero llevaban sucediéndose con distintos altibajos desde enero de 1839 y en aquel marco de disgregación carlista, Maroto jugó sus cartas, sin tener la completa seguridad de lo que sucedería, sabedor que era ya considerado como “traidor” a los ojos de muchos carlistas.

El 29 de agosto se definieron en el palacio Lazarraga de Oñati los puntos del convenio bajo el cual se entregarían las armas, al menos de una parte, del ejército carlista del Norte. El documento recogía en su capítulo primero que el capitán general don Baldomero Espartero, “recomendará con interés al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros”, para seguidamente desgranar el reconocimiento de empleos, grados y condecoraciones de todos los jefes y oficiales carlistas que se acogieran al convenio.

Pasquín del Convenio distribuido
en Bizkaia
Atrás quedaban otros nombres propios de vida novelesca, que habían contribuido en mayor o menor medida a que los contactos fructificaran en el documento firmando: Eugenio Aviraneta e Ibargoyen, Martin Echaurre “el arriero de Bargota”, John Hay… 

La parte más espinosa de la ratificación del Convenio residía precisamente en la entrega de armas de los 21 batallones que estaban bajo el mando directo de Maroto, debiéndose presentar en los días sucesivos en la localidad de Bergara. La llegada de los batallones fue escalonada, algunos con el firme propósito de deponer las armas, otros sin tener claro que era lo que estaba sucediendo. El proceder era siempre el mismo: Maroto los recibía junto a Espartero, se les hacía formar en una campa a las afueras de la villa (que posteriormente fue conocida como “el Campo del Abrazo”), quedando las tropas flanqueadas por batallones liberales y tras una arenga, se formalizaba la rendición con un abrazo entre ambos oficiales. Así terminó la guerra para parte de los batallones bizkainos, gipuzkoanos y castellanos. Para un sector del carlismo la traición del Maroto se había consumado.

Don Carlos todavía intentó llegar a los focos que en el Levante y Cataluña mantenían su combatividad y su adhesión a su persona intacta. El esfuerzo fue inútil y con los retazos del ejército del Norte que se habían negado a rendirse cruzó la frontera el 14 de septiembre. 

La guerra continuó en el Levante y Cataluña un año más, con un Cabrera que se sobrepuso al efecto devastador del Convenio, las deserciones propias y a la llegada de nuevos efectivos liberales a su territorio una vez liquidado el frente Norte. Cosechó algunas victorias, pero finalmente se vio obligado a retirarse a Francia el 6 de julio de 1840. 

El "Abrazo de Vergara" según litografía de época. Tomado de
Albúm siglo XIX
Las Conmemoraciones

Transcurrido un año desde el “Convenio o Abrazo de Vergara” la efeméride debía de ser recordada y glorificada con la suficiente pompa y boato que el momento merecía. Hacia un escaso mes que los mosquetes se habían acallado en el Levante, las partidas que todavía operaban en Castilla se entregaban para indulto y los territorios vasco-navarros seguían sumidos en la miseria que había generado los siete años de lucha. Pero a pesar de todo, se juzgaba necesario un acto que sirviera para festejar la paz. Por lo tanto, ¿qué mejor que un acto de conmemoración del Convenio que había terminado con la guerra y donde (supuestamente) se ratificaban los fueros?

En el archivo de la Diputación Foral de Araba se encuentra digitalizados numerosos documentos relacionados con las celebraciones y actos que se realizaron en Bergara, entre ellos: el “Acta de la comisión para la celebración del aniversario Convenio de Vergara, en la que se acordó la construcción de un obelisco conmemorativo en el sitio donde se produjo el Abrazo” fechado el 18 de agosto de 1840; otro del 20 de agosto referido al “Acuerdo realizado por los Comisionados de las tres provincias vascas para llevar a efecto la celebración del primer aniversario del Convenio de Vergara” y el “Acuerdo realizado entre los Diputados Generales de las tres provincias vascas y demás autoridades invitadas a la celebración del aniversario del Abrazo de Vergara en el campo de Azcarrunz vide aspico-solua (sic), para la erección de un monumento para la posteridad”, con fecha del 31 de agosto de 1840. 

Acta del 18 de agosto de 1840
Acta del 18 de agosto de 1840:

"[…]. Del sitio fijo en que tuvo efecto el abrazo pacificador del célebre Convenio, habiéndose atendido las diligencias judiciales correspondientes, y por lo mismo el maestro arquitecto D. Mariano Jose de Lascurain encargado de levantar un obelisco provisional en dicho paraje, tomo las disposiciones convenientes para el efecto, empezando por el corte del fruto de maíz pendiente en el terreno, previa tasación para el correspondiente abono […]"

Acuerdo del 20 de agosto de 1840:

“Los comisionados de las tres Provincias Vascongadas reunidos en la N. y L. Villa de Vergara con objeto de preparar cuanto sea necesario para la celebración del Aniversario del memorable convenio, han dispuesto el siguiente programa.

La escasez de recursos, la miseria a que quedaron reducidos estos naturales por la devastación, y trastorno consiguiente a la época lamentable de la guerra de seis años, y las gravedad de los negocios que han llamado la atención de las Diputaciones después del restablecimiento del régimen foral, no las ha permitido ocuparse con la intención que deseaban del feliz y grandioso pensamiento de erigir en la N. y L. Villa de Vergara, un monumento que perpetúe el suceso memorable del convenio celebrado en su territorio el día 31 de agosto de 1839; pero si esto ha sido imposible, si el impaciente anhelo de los vascongados no ha podido ser satisfecho con la prontitud que la opinión pública reclamaba, las Diputaciones forales no debían pasar desapercibidas el primer Aniversario de día tan glorioso.

Han creído necesario para cumplir mejor con este sagrado deber, la reunión en esta N. y L. villa de tres Comisionados, uno por cada Diputación, y habiendo merecido esta honrosa confianza, nos hemos ocupado inmediatamente del modo de llevar a efecto su proyecto con arreglo a las particulares instrucciones que hemos recibido, y después de examinado y discutido el asunto con la debida detención, hemos acordado lo siguiente.

Los Diputados generales de las tres Provincias Vascongadas se reunirán en esta N. y L. villa de Vergara el día 30 del corriente para celebrar el primer Aniversario del convenio que tuvo efecto en los campos de la misma el día 31 de agosto del año último.

Fragmento del Acuerdo del 20 de agosto de 1840
El referido día 31 habrá Misa solemne y Te-Deum.

El Sr. Diputado general por la M.N. y M.L. Provincia de Guipúzcoa, presidirá todos los actos públicos en atención a celebrarse la reunión en su territorio.

El mismo día 31 por la tarde o cuando mejor parezca los Diputados y su comitiva precedidos de los maceros y clarines pasarán al sitio donde se celebró el convenio pacificador, y se formalizará una acta en que se acuerde la compra del terreno, erección del monumento con arreglo al plan que se apruebe, y el establecimiento para lo sucesivo de una fiesta anual en igual día en celebridad de tan memorable acontecimiento. Provisionalmente se levantará en aquel sitio un obelisco colocado sobre un pedestal y se cerrará el terreno en figura elíptica, construyendo los palcos necesarios para las Diputaciones de las tres provincias hermanas, y para las personas convidadas. En medio del citado circo, se colocará un tendido en el que divertirán al Pueblo diferentes comparsas compuestas de jóvenes del país.

Se dotarán seis doncellas, dos de cada provincia que reúnan la pobreza a la virtud, naturaleza de la que las dote, y que hayan perdido a su padre o alguno de sus hermanos en la guerra terminada. La dotación será de quinientos ducados a cada una que se entregarán tan luego como hubiesen contraído matrimonio, que deberán hacerlo en el término de un año, el cual pasado sin verificarlo quedará sin efecto dicha dotación. El enlace deberá ser con naturales de estas tres provincias, o a lo menos residentes en ellas con anterioridad a la guerra. Una de las dotaciones se aplicará a aquella cuyo padre o hermano hubiese fallecido en acción de guerra o a resultas de heridas, sirviendo en los batallones de cada provincia, y la otra a la que se halle en el mismo caso siendo su padre o hermano natural de las provincias hermanas, miliciano nacional, o sirviendo en los cuerpos francos o en alguno de los del ejército, y habiendo fallecido también a resultas de acción de guerra ocurrida en territorio Vascongado.

El Ayuntamiento tiene dispuestas dos novilladas: Bailes públicos en la Sala Consistorial: Dos tandas de los más acreditados tamboriles del país: Zorzicos serios por los más hábiles bailarines del mismo: Diferentes comparsas; fuegos artificiales abundantes y variados, y otras diversiones que deben agradar al público.

Las fiestas populares de los Vascongados no hermanan bien con el lujo y la ostentación; en todas respira la sencillez propia de nuestras costumbres, siendo su mejor adorno la inocente y bulliciosa alegría de un pueblo feliz que presidido por sus Autoridades forales celebra el acto solemne que le dio la paz, le restituyó sus leyes, y le unió estrechamente con la Monarquía Española y su Augusta Reina. El abrazo de Vergara fue el principio de la paz y de la unión de los españoles. Hoy se ve realizada esta dulce esperanza, y los Vascongados han acreditado con su conducta leal y valiente que son fieles a sus juramentos y que nunca faltan a sus promesas. Recuerdos felices, esperanzas halagüeñas, y días venturosos ofrece para estas Provincias y para la España toda, el memorable convenio de Vergara, y no habrá Vascongado que no se sienta vivamente conmovido al recordar este momento afortunado en que terminó la sangrienta guerra que dividía a los Españoles, y empezó el día de la dichosa paz que los unió para siempre en una misma familia. La comisión espera que los Vascongados correrán ansiosos a reunirse en esta N. y L. villa de Vergara el célebre día 31 de agosto para dar gracias al Todo-Poderoso por tan singulares beneficios, para renovar el juramento de fidelidad y de lealtad a la REINA Dª. ISABEL 2ª, y a su Augusta Madre la REINA Gobernadora, y para ratificar la estrecha e íntima alianza que nos une con el resto de los Españoles. Vergara 20 de agosto de 1840.- Ambrosio María de Aldasoro.- Gabriel Maria de Orbegozo.- Julián Domingo de Echavarria.” 

Extracto del acuerdo del 31 de agosto de 1840:

Fragmento del Acuerdo del 31
de Agosto de 1840
"[…], con el fin de perpetuar la memoria de un acontecimiento que tan inmensos bienes produjo al país y al reyno entero poniendo término a una guerra de las más fuertes y terribles que han afectado a esta nación generosa, y fundando una paz que ha de servir de base a la ventura y felicidad de la patria, acordamos erigir un monumento que transmita a la posteridad tan precioso recuerdo, […], poniéndose por los Señores Diputados Generales la primera piedra y renovándose la memoria de tan glorioso suceso por medio de una fiesta anual […]"

En un ambiente de notable festividad a las afueras de la villa de Bergara en el campo de maíz conocido ya como “Campo del Abrazo” ("o del Convenio") se colocó la primera piedra del obelisco que debía recordar aquel evento. De cara a los festejos el arquitecto D. Mariano Jose de Lascurain había levantado un obelisco de carácter provisional. Los fastos fueron notorios, en una conmemoración que debía repetirse anualmente; sin embargo, el condicionante foral que destilaba no parecía ser del agrado de la clase política de Madrid, donde los festejos parecían más una exaltación de las leyes viejas, que un acto de hermanamiento entre vencedores y vencidos.
Conmemoración el 31 de agosto de 1840 del "Abrazo de Vergara" en el
"Campo del Abrazo"
En cualquier caso, la prensa de le época se hizo eco de las celebraciones recogiéndose en la edición del 21 de septiembre de 1840 del periódico “El Guardián”, una detallada descripción de lo ocurrido en Bergara, que a continuación presentamos:


Artículo sobre el aniversario del Abrazo de Bergara aparecido en "El Guardián"
el 21 de septiembre de 1840
Según se describe, la conmemoración fue notable y los actos numerosos, bien realizados y concurridos, donde a falta de Maroto y Espartero, acudieron algunos de los oficiales carlistas que se habían acogido al convenio, así como un importante número de tropas liberales. El “Campo de Abrazo” fue notablemente engalanado para los actos:

“[…] El campo del convenio estaba cerrado en forma circular. En medio del él, y precisamente en el lugar donde se dieron el abrazo los generales Espartero y Maroto, se ostentaba un obelisco de buen gusto con inscripciones alusivas al objeto […]. Alzase a poca distancia el tablado donde habían de ejecutar sus danzas los bailarines adiestrados por el venerable patriarca vascongado Iztueta. En tres costados del circo se distinguían los palcos de las tres diputaciones generales de las provincias cada uno con su bandera izada […]. La galería de palcos bajos estaba llena de señoras vestidas con la mayor elegancia, y escusado es decir que sobresalían muchas hermosas, porque las vascongadas tienen justamente en España la fama de serlo. […]”

El 2º aniversario también tuvo su lugar en la prensa. En “El Guardián Nacional” del 12 de septiembre de 1841 aparece la siguiente noticia:

“Ayer se celebró en los campos de esta villa (Bergara) el segundo aniversario del célebre convenio de Vergara. Asistieron las tres diputaciones de las provincias hermanas, el ayuntamiento de esta villa, sus cabildos eclesiásticos, varios jefes y oficiales del ejército, muchas personas distinguidas y un numeroso concurso. Las diputaciones y demás corporaciones se reunieron para las nueve y media de la mañana en la sala consistorial , desde donde se dirigieron á la iglesia de San Pedro, en la que se celebró una función solemne a toda orquesta; en seguida se pasó al “Campo del Abrazo”, se firmó el acta por los diputados generales, y se bailó el baile guerrero del país lo mismo que el año pasado. Por la tarde .se corrieron seis vacas navarras, y la gente bailó hasta cerca de la media noche. Es superfluo el decir que ha reinado el orden mas perfecto en toda la función sin haber ninguna riña ni disputa porque rarísima vez las hay en este país en las funciones públicas.

Se ha victoreado á nuestra inocente reina,a su amable madre y á los fueros. Aunque Vds' y yo aprobemos estos vivas, no faltaran algunos que los reprueben, en particular el de la augusta Cristina; pero deben saber que los vascongados son muy caballeros y no se olvidan de los beneficios que han recibido, aunque su bienhechora se halla tan mal correspondida por tan gran número de ingratos”.

Ya se comprobaba que las celebraciones comenzaban a sufrir los vaivenes de la política del momento donde distintos gobiernos se alzaban y caían en sucesivos pronunciamientos, con proclamas de leyes que eran seguidamente derogadas.

En 1842 la conmemoración del “Abrazo del Vergara” ya no generó tanto entusiasmo. Aún con todo, representantes de las Diputaciones se reunieron, si bien la jornada tuvo más un carácter de reivindicación foral que recordase el 1º punto del Convenio. El monumento, el obelisco de piedra, no se ha levantado y la “primera piedra” languidece en el maizal. 

En 24 de julio 1846 las Diputaciones, ya dueñas completamente de las fiestas de recuerdo pactaron una serie actos de sobrio carácter: reunión, misa y posterior banquete de los representantes de las tres Diputaciones.. El “Campo del Abrazo” quedó al margen. Años después, en 1855 en el periódico “La Época” del 31 de agosto aparece la siguiente noticia:

Decreto sobre los actos conmemorativos
del Abrazo de Bergara del Ministerio de Fomento
en 1856
“Un solo árbol raquítico y maliciento indica el sitio donde Espartero abrazo a Maroto y ese árbol, para mengua nuestra no lo hemos plantado todos los españoles sino un solo hombre, un buen patricio que hoy posee las heredades. Los gobiernos son amor a la gloria que hemos tenido, por ser la gloria fruta verde para ellos, ni siquiera han llegado a comprender la estrecha cuenta que de desprecio les pedirán las generaciones. Como sucede siempre, se pensó y se proyectó construir un monumento en el campo de Vergara. El primer aniversario del convenio verificose en 1840 con gran pompa. En el centro de la vega donde hoy existe el árbol que antes dijimos, se construyo un obelisco, en cuyo plinto se punto la primea piedra de que había de ser grandioso monumento. Juntamente con esto se trazaban los planos de una palacio para las comisiones de las tres provincias vascongadas, que acudirían a celebrar el aniversario y aún se colocó también la primera piedra, provisionalmente en el plinto del obelisco. Asistieron a esa solemnidad el virrey de Navarra, con una división del ejército, las tres diputaciones forales, y las personas más distinguidas del país, sin contar los viajeros y curiosos. Las fiestas que se hicieron en el pueblecito de Vergara duraron tres días. Al cuarto quedo la campiña desierta, olvidado el obelisco, olvidado el palacio, y hasta parecía olvidad la memoria del convenio. El dueño de las heredades siguió labrándolas, porque no se las compraron, y si planto el árbol en cuestión, hizo más de lo que debía. ¿saben nuestros lectores como se celebra hoy el aniversario del convenio? Una comisión de cada provincia vascongada concurre a Vergrara a oír misa en San Pedro, y después sus individuos se despiden con banquete. Ni más festividad religiosa, ni mas fiesta civil. […]”

A finales de ese mismo año el gobierno de la nación deseó retomar el control sobre las celebraciones del “Abrazo”, emitiendo un largo decreto donde se hacía cargo de todo lo relacionado con la conmemoración del Convenio y usurpando el protagonismo a las Diputaciones.

Pero todo queda en papel mojado. En 1859 en el rotativo “La Discusión” del 27 de marzo aparece la siguiente crítica, donde se hace referencia a las luchas entre las distintas corrientes liberales que atenazan la política española e impiden cualquier progreso:


La conmemoración del vigésimo aniversario por parte de las Diputaciones parece que volvió a tener un cierto lustre, según queda recogido en “La Discusión” del 9 de septiembre de 1859:


En 1861 siguen las Diputaciones conmemorando la efeméride y en Madrid los rotativos lamentan que la rememoración del “Convenio de Vergara” se haya transformado en una jornada en recuerdo "local" a los muertos de dichas provincias (“La Iberia” del 31 del agosto de 1861):

"En la mañana de hoy, si hasta esta costumbre no se ha perdido, una comisión de cada provincia Vascongada concurrirá a Vergara a oír misa en San Pedro; después sus individuos se despedirán con un banquete; eso es todo lo que se hace para conmemorar el suceso capital del reinado actual; no hay más festividad religiosa, ni más solemnidad civil. Aquello, si aún lo hay, es simplemente una memoria piadosa de los hijos que perdieron las provincias Vascongadas; cuanto más, un recuerdo local del acontecimiento que terminó con una lucha de seis años entre hermanos".

En  1864, “La Iberia” comentaba lo siguiente respecto al estado en el que se encuentra el “Campo del Abrazo”:

"Una escondida porción de terreno inculto, un pequeño montón de cantos rodados y un raquítico arbusto son el único testimonio que se descubre en el sitio en que tuvo lugar tan tierna escena; y sin embargo, aquel valle es el campo de Vergara, y este terreno inculto, y este montón de piedras, y este raquítico arbusto, las desventuras de la patria, las glorias de nuestros soldados y la apoteosis de la paz; y terreno, y piedras, y arbusto, el monumento del hecho más grande y del acontecimiento más venturoso de nuestra historia moderna: ¡el Convenio de Vergara!"

Con fiesta o sin fiesta, con más o menos solemnidad, los aniversarios fueron puntualmente cumplidos por las Diputaciones forales, pero el “Campo del Abrazo” quedó abandonado. En Madrid siguieron sin ponerse de acuerdo sobre las celebraciones del “Convenio - Abrazo de Vergara”; y también durante la efímera monarquía de Amadeo de Saboya se tocó el espinoso tema, tal y como queda recogido en “La Correspondencia” del 20 del octubre de 1871:


La Destrucción

Para estas fechas el elemento foral volvió a quedar bajo la cobertura de la mezcolanza de descontentos que aglutinaba el carlismo. Muchos de los que hacía 30 años se habían acogido a “el Convenio” se retractaron, volviendo a engrosar la filas del nuevo Pretendiente, Carlos María de Borbón y Austria-Este. De nuevo la sociedad española se fracturó. Los sectores conservadores afirmaban que España, o mejor dicho “Las Españas” del momento, católicas y tradicionales, se encontraban en un claro peligro ante el laicismo y antiforalismo que promulgaba la constitución de 1869. El Convenio y el Abrazo era visto por este sector como un claro ejemplo de traición y de recuerdo ignominioso.

Se produjo un nuevo alzamiento, titubeante al principio y sólido después. Las victorias cayeron del lado carlista, volviéndose a hacer dueños de gran parte de los territorios vasco-navarros. El 13 de agosto de 1873 entró en la villa de Vergara el general carlista Antonio Lizarraga con 3 batallones de gipuzkoanos y el 15 de ese mismo mes, en un acto cargado de simbología, el general se dirigió al “Campo del Abrazo”. Allí mandó formar a sus voluntarios y seguidamente levantó la “primera piedra”, de los 34 años después, inexistente monumento conmemorativo. Así lo describió Francisco Hernando, testigo de lo sucedido:

“[…] mando se desenterrase aquel documento y se le quemase, para demostrar que estábamos resueltos a no tratar con el enemigo y sostener la guerra hasta conseguir el triunfo. La ceremonia se llevó a cabo en medio del mayor entusiasmo de los soldados y el pueblo que había acudido a ella; y aunque no se encontró en la excavación que se hizo el documento original que se buscaba, se quemaron en su lugar otros papeles, y se extendió y se firmó por los presentes un acta.”

Acta de Destrucción del Convenio de Vergara.
Tomado de Rubio (2003): Guerra y Memoria
Este acta de “Destrucción del Convenio de Vergara” cuyo original se encuentra actualmente en los Fondos del Museo del Ejército (Rubio 2003), fue convenientemente distribuido y publicado en los medios de comunicación del momento:

“En la villa de Vergara provincia de Guipúzcoa a los quince días del mes de Agosto del año de gracia de Nuestro Sr. Jesucristo de Mil ochocientos setenta y tres, el Exmo. Sr. Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos, Comandante general de la provincia D. Antonio Lizarraga, dispuso que en presencia de los Batallones “Virgen del Carmen”, “El Triunfo” y “Doña Blanca” se procediese a levantar la lápida que encierra el ignominioso titulado “Convenio de Vergara” y extraído éste y demás efectos que encierra fueran reducidos a cenizas y aventadas para que desaparezca esta obra de la impiedad Masónica.

Y para que conste de haberse verificado extiendo la presente acta que deberá ser firmada por todos los Jefes que han concurrido a tan solemne acto. Vergara quince de agosto de mil ochocientos setenta y tres.

[Le sigue la firma de todos los supuestamente allí presentes]"

Poco importaba que debajo de aquellas piedras del “Campo del Abrazo” no hubiera caja alguna que contuviera el documento del Convenio y que lo que realmente se redujese a cenizas fueran los libros del registro civil. El caso era borrar la "traición manifiesta" que representaba el Convenio,· maquillando convenientemente el acta haciendo participes, tal y como recoge el listado de firmas, a autoridades y personajes tanto presentes como ausentes, incluidos extranjeros que militaban o simpatizaban en las filas del Pretendiente.

Los diarios de época se llenaron de referencias al hecho, no tardando en “afear” la solemnidad del acto carlista haciendo hincapié en que el documento original seguía intacto en manos particulares, en este caso las del historiador Antonio Pirala, tal y como el mismo reconocía en una carta que remitió a los diarios:

La guerra siguió su curso. La curiosa destrucción del “Convenio” se quedó en eso, un acto simbólico. Una vez más la causa carlista no triunfó. Tras la finalización de la guerra, un 21 de julio de 1876 se abolían los fueros. El “Convenio de Vergara” pasaba definitivamente a ser historia.

El Olvido

Mapa de Bergara en 1848. En el extremo inferior
izquierda aparece reflejado la localización del
"Campo del Convenio". Tomado de Albúm Siglo XIX
Hemos comprobado como el “campo del Abrazo” fue paulatinamente perdiendo protagonismo, siendo por última vez escenario de la historia en la función “de destrucción” que protagonizó Lizarraga en 1873. A partir de ese momento fue literalmente olvidado y desposeído de cualquier carga emocional.

Pero… ¿Dónde se encuentra este lugar? ¿Dónde estaba el maizal en el que formaron los batallones carlistas y liberales que vieron el abrazo entre Espartero y Maroto? ¿Dónde se colocó aquel obelisco provisional y la primera piedra en conmemoración del hecho? ¿Dónde buscó Lizarraga el documento que destruyó, ante la algarabía y beneplácito de sus 3 batallones y los presentes allí reunidos? ¿Qué fue del lugar llamado Azcarrunz vide aspico-solua?

En el libro “Espartero: Historia de Vida Militar y Política”·escrita por Jose Segundo Flores en 1844 encontramos un pequeño esquema del lugar en cuestión, con claros topónimos identificativos: 

A: Punto donde se abrazaron los dos Generales
B: palacio de Ozaeta
C: Puente de Ozaeta
D: Puente de Azcarrunz
E: Carretera de Francia
F: Río Deba
G: Casa Yturricoa
N: Balento

La georeferenciación de la “topografía” sobre cartografía actual utilizando herramientas básicas de un Sistema de Información Geográfica (GIS) nos muestra la localización con una margen de exactitud importante del “Campo del Abrazo” y el lugar donde se abrazaron los generales. Destaca el saber que todas las edificaciones a las que hace referencia el plano de época siguen en pie, con una toponimia actualizada: Palacio de Ozaeta, Casa Iturrikoa, Caserío Balento, puentes….

Georeferenciación de la lámina de época sobre ortofoto actual mediante GIS
Una vez localizado el lugar en el barrio de Askarruntz podemos tener una visión de la modificación del paisaje a los últimos 100 años. Poco tiempo después de la finalización de la última guerra carlista, en 1887, se inauguró el “ferrocarril del Deva” y lo curioso es que el trazado del ferrocarril cruzaba el “Campo del Abrazo” y lo hacía justo por medio del lugar donde se supone se materializó el abrazo. 

"Campo del Abrazo" en 1954
La industrialización se fue apoderando de las márgenes del río Deba y el idílico maizal quedó sepultado por un uso industrial de suelo. En 1954 la zona servía como parque de chatarra para los Altos Hornos de Bergara y posteriormente se levantaran otros edificios de carácter fabril que serán posteriormente reutilizados como almacén municipal. Con el avance de los años la zona fue reurbanizada: se construyó en el solar el polideportivo de Labegaraieta y aparecieron nuevas viviendas. En los últimos años la zona se ha convertido en un área de esparcimiento con la puesta en marcha de sistema de tirolinas, al igual que sirve de acceso al río Deba para la práctica del piragüismo.

Nada queda en el lugar que indique referencia alguna al “Campo del Abrazo”. Desde el “google earth” esta es la visión panorámica que se tiene del lugar donde se teatralizó el Abrazo:

A nivel institucional local, conscientes del legado histórico que supone el “Convenio”, en el año 2012 se inauguró en el palacio Irizar de Bergara una sala que muestra de una forma visual el Abrazo y su contexto, editándose un libro por el historiador David Zapirain, donde en una veintena de páginas, se resume un estudio más profundo sobre el tema. De igual forma una de las calles de la villa lleva el nombre de “Convenio” en conmemoración del hecho.

Aquí concluye el repaso geo-histórico a uno de los momentos cruciales de nuestra historia más reciente. Un Convenio y un Abrazo que condicionó durante muchos años la política de "Las Españas", en una confluencia de elementos de paz, foralidad, recuerdo o traición que cada sector político del momento se encargó de potenciar en un sentido u otro. Quedan ya olvidadas, como tristes epitafios, las frases que en 1840 decoraron aquel monolito provisional que se colocó en el “Campo del Abrazo”:

  • Tras larga guerra cruel, los bravos aquí se unieron, y el reyno (sic) robustecieron de la segunda Isabel
  • Hermoso es el laurel de la victoria, dar paz a una nación es mayor gloria
  • Las provincias hermanas, amables y leales, se han estrechado muchísimo entre sí, y todos sus hijos guerreros, fuertes y vivos, han abrazado la paz de corazón
  • Todos somos hijos de una misma madre, y son fuertes los lazos que nos unen, nos amábamos antes, y ahora nos amamos más; ya no habrá discusión alguna entre nosotros

Actualización 29/06/2016: El 9 de junio se inaguró en el museo Zumalakarregi de Ormaiztegi la exposición "1839 Ante el Abrazo de Bergara: Gesto e interpretación". Está exposición temporal será visitable hasta el 23 de agosto, pasando seguidamente al Laboratorium Museoa de Bergara, donde se podrá seguir contemplando desde el 31/08/2016 al 01/11/2016.

sábado, 20 de junio de 2015

C.S.I Somorrostro: Análisis Geoespacial de la Muerte del General Ollo y Radica

Entrada actualizada: 04/02/2018

Introducción

Teodoro Rada "Radica". Tomado de
la Gran Enciclopedia Navarra
No me cansaré de repetir que aunque la última guerra carlista se encuentre relativamente cercana en el tiempo y contemos con abundantes elementos bibliográficos, es complicado pormenorizar hechos particulares. Lo cierto es que encontramos relatos de un mismo acontecimiento presentados de desigual forma, desequilibrados en una dirección u otra, y con revisiones posteriores que complican el obtener una visión realista del hecho en estudio.

En este blog ya hemos hablado de Nicolas Ollo Vidaurreta y Teodoro Rada Delgado. Su muerte, en el campo de batalla de Somorrostro, fue notablemente sentido por ejército carlista que perdió a dos de sus oficiales más capacitados. No hay duda que su fallecimiento estuvo producido por el estallido de un proyectil de artillería, sin embargo el desarrollo de los hechos que llevaron a este desenlace permanece en la oscuridad, cubierto por un manto de descripciones encontradas y afirmaciones no probadas. 

Os propongo realizar un pequeño trabajo al más puro estilo C.S.I (Crime Scene Investigation) para arrojar un poco de luz en la muerte del General Ollo y Radica.

Los Hechos 

Nos encontramos en el campo de batalla de Somorrostro. Es el 29 de marzo de 1874. Tras el baño de sangre que comenzó el 25 de marzo y finalizó dos días después, ambos ejércitos se encuentran extenuados. La victoria “moral” del ejército carlista es innegable, al igual que su clara imposibilidad de mantener el campo atrincherado que han construido por mucho tiempo más. Así se lo hará saber Nicolas Ollo Vidaurreta, al mando de las tropas carlistas destacadas en Somorrostro, a su rey, Carlos VII, en la reunión de altos mandos que mantienen tras la batalla. Sin embargo, y a pesar de las reticencias manifestadas por Ollo, secundado por una mayoría de los oficiales, la voluntad de una minoría de generales se impone. La línea de Somorrostro no se levanta.

Mientras, los fatigados ejércitos siguen lamiéndose las heridas. El liberal lleva desde el 28 de marzo, momento en el que cesó la lucha por la presencia de una espesa niebla, agarrándose al escaso terreno conquistado al precio de litros de sangre, construyendo defensas y baterías, retirando heridos, municionando a sus tropas y atendiendo a la intendencia de las mismas. De igual forma actúan los carlistas, aferrados a su campo atrincherado que tan buenos resultados les está dando, aguantando estoicamente la abrumadora presencia artillera de la que hace gala el ejército liberal.

El presidente/general Serrano ha ordenado hacer avanzar a su artillería para batir con mayor facilidad los reductos carlistas. Según cuenta Pirala, en Las Carreras se construye una zona fortificada para colocar una batería de 12 piezas de “a 8” y más retrasada, otra para 4 piezas “de 16”, con el objetivo de llenar de plomo y hierro San Pedro de Abanto, Santa Juliana y la trinchera del ferrocarril de Galdames. El corresponsal de guerra, Mac Graham en su crónica al periódico “The Evening Standard” comenta que las baterías se situaban a 600 yardas de San Pedro (unos 500 metros) y a 800 de Santa Juliana y San Fuente (unos 700 metros) y añadía: 

“Me quedé asombrado al ver que los oficiales son los que manejan las piezas, porque, como están al alcance de las piezas de los carlistas, los soldados se resisten a servir los cañones, y eso ha ocasionado muchas bajas entre los oficiales”.

Mientras, el fuego de fusilería como de artillería es discontinuo, siendo considerado como de “entretenimiento” por ambos ejércitos. Al amanecer del día 29, y citando de nuevo al historiador Pirala, según la costumbre, los generales carlistas se reúnen en la población de Sanfuentes. Entre las siete y ocho de la mañana llegan al caserío que hace las veces de Cuartel General, Torcuato Mendiry, Antonio Dorregaray y Nicolas Ollo. A las once aparece Joaquín Elío. 

“Comieron a la una y media, saliendo después a tomar el sol y fumar fuera de la casa”. 

La reunión convoca a numerosos oficiales y suboficiales que, a juzgar por lo que comenta Pirala, son ajenos al peligro que suponía la presencia de baterías enemigas cercanas.

“Reunidos se hablaban en un gran corro diferentes generales y brigadieres hablando con una persona bien conocida que acababa de llegar de Zaragoza, y á eso de la tres y media se separó Elío con el forastero algunos pasos, y Dorregaray dijo á Mendiry: Vamos a que nos bajen unas sillas y nos sentaremos a la sombra junto a la casa quemada”. 

Atrás quedaban el general Ollo, el brigadier Teodoro Rada “Radica”, el auditor de navarra (juez del tribunal militar) Jose Escudero, el coronel Pedro Jose Torrecilla, así como otros suboficiales como los hermanos Irazu, procediendo Torrecilla a la lectura de un comunicado. En el momento en el que comenzaba la lectura se escuchó una fuerte detonación. Una granada acaba de estallar en las cercanías del grupo. 

Pasados los primeros minutos de aturdimiento, los heridos son socorridos, tratándoles de urgencia allí mismo para seguidamente ser trasladados a retaguardia. Escudero ha muerto en el instante. Ollo es transportado hasta su alojamiento en San Salvador, donde recibirá la visita de su rey caros VII, muriendo a las tres y media de la mañana. Radica correrá igual suerte, llevado hasta el hospital de Santurce, morirá al día siguiente a consecuencia de sus heridas.

Joaquín Llorens y Fernández de Córdova oficial de artillería carlista al mando de la 4ª Batería de Montaña durante la contienda y testigo ocular de lo ocurrido relataba así los últimos momentos de Radica: "[...] A Radica se le colocó en el hospital de Santurce en una cama de hierro que había en el cuartito, donde sólo había una librería como mueble. [...]. Una hora después dijo deseaba lo pusiéramos sobre el suelo porque creía que la pierna, sobre menos colchones, le dolería menos. Con el colchón fue levantado y sacada de debajo la cámara, se le colocó en el suelo y allí murió [...]".

Fragmento de una carta manuscrita de Joaquin Llorens al Barón de Montevilla fechada el 8 de marzo de 1927.
Fondo Barón Montevilla. Cortesía de Victor Sierra-Sesumaga
Variaciones Narrativas 

La muerte de Ollo y Radica fue un hecho de notable interés en el campo periodístico del momento, donde los corresponsales del momento no duraron en describir con todo lujo de detalles lo ocurrido. Años después, todavía se recordaba la efeméride, que incluía resúmenes del hecho, que tomaban como referencia previas noticias, no dudando en incluir algún dato novedoso. 

Las primeras noticias del fallecimiento de Ollo las encontramos en los periódicos de época a los pocos días de suceder la explosión. Diario “La Iberia” del 5 de abril de 1874:

"El Cuartel Real" del 5 de abril
de 1874
“Efectivamente, Ollo ha muerto, y Radica está sacramentado. Una granada disparada anteayer desde la gran batería de 11 cañones Krupp que se ha levantado en la última casa del camino de Abanto, a 300 metros de la iglesia, dejo tan gravemente herido al general carlista, director de los combates de estos días, que a la noche era cadáver. El famoso cabecilla se hallaba inspeccionando nuestro campo con otros generales desde una altura a la izquierda de San Pedro, cuando fue a caer en el grupo la granada que le ha privado de la vida, juntamente con el auditor de guerra del ejercito carlista, antiguo abogado de la provincia de Burgos”.

Con esa misma fecha, el diario propagandístico carlista del momento, el “Cuartel Real”, presenta en una pequeña reseña la desaparición del renombrado general.

Tres días después, el 8 de abril de 1874, aparece en “La Crónica Meridional”, la transcripción de una carta emitida por el corresponsal J. Alcazar desde Castro Urdiales el 28 de marzo y del que ya se han hecho eco otros diarios:

“[…] La muerte de Ollo, Radica y demás de que ya tienen noticia, fue hija de una casualidad digna de ser conocida. La batería de la carretera que enfila a San Pedro, está mandada por el oficial de artillería Sr. Alberico. Encontrábanse con dicho jefe los Sres. Muro y corresponsal de la Independence Belga, conversando sobre construcciones, y hablando de las fundiciones de Liege. El corresponsal de la Independence indicó al señor Alberico como blanco en uno de los momentos que disparaba la batería, la casa del cura, edificio situado por bajo de la iglesia de San Pedro; Alberico apuntó una pieza, mandó hacer fuego y el proyectil, raspando la arista posterior de la casa, iba a estallar detrás de aquella, donde descansaban tomando el fresco Ollo, Radica, el auditor general y varios jefes. […]”.
Dibujo satírico del "Cañon Krupp"

Por lo tanto, el corresponsal admitía un disparo de fortuna mientras se intentaba hacer fuego sobre la casa cural de San Pedro. Poca “gloria” a repartir teniendo en cuenta el peso específico de las “piezas cazadas”. 

Noticias de similares características fueron una constante en la prensa de la época en las siguientes semanas, incluyendo la satírica y claramente anti-carlista revista del “El Cañón Krupp” que en su edición del 4 de mayo comunicaba:

“Otro telegrama anuncia que Satanás ha recibido con grandes muestras de alegría a sus correligionarios Ollo y Radica”.

"La Lucha" de  12 julio de 1874
Meses después, la muerte de Ollo y Radica sigue acaparando comentarios y noticias en los diarios, destacando esta carta al director aparecida el 12 de julio en el diario “La Lucha”:

El autor de la carta modifica sustancialmente el relato de acontecimientos, añadiendo una multitud de pequeños detalles que en cierto modo “engrandecen” el suceso, a mayor gloria de la “eficiente” artillería liberal. Los oficiales carlistas, en el momento de la explosión, no se encontraban “tomando el freso”, ni tan siquiera “observando las evoluciones del frente”, sino en el interior del caserío, donde acaba de terminar un prestigioso conclave al que acudía el mismísimo Carlos VII y se discutía el futuro del Sitio de Bilbao y el campo de Somorrostro (hecho que había ocurrido el día anterior por la noche en San Salvador del Valle). La granada ya no proviene de la cercana batería de Las Carreras, sino de una más retrasada denominada de “Mira-Torres”. Y ya no se trata de un disparo fortuito, sino de todo un “señor disparo” capaz de colarse dentro de una casa y reventar en las “mismas rodillas de Ollo”.

"El Porvenir" del 7 de agosto
de 1907
Años después, la crónica de la muerte de los renombrados jefes carlistas sigue incrementándose con otros detalles. En este caso la narración que se incluye en la edición del 7 de agosto de 1907 del periódico de corte tradicionalista “El Porvenir”, indica que en la reunión de oficiales carlistas se establecía las bases de un próximo plan que iba a terminar en breve plazo con la campaña. Y tras brindar por el éxito, decidieron “salir a fumar y tomar el sol”. El relato continua admitiendo una clara imprudencia por parte de los oficiales, fruto de un espíritu “necio” (a la par que “valeroso”), donde sabiéndose expuestos al fuego enemigo, no hicieron nada para ponerse a cubierto, permitiendo así la corrección del tiro por parte de los artilleros liberales.

Para aumentar la confusión otros autores como Antonio Brea en su libro “Campaña del Norte de 1873 a 1876” editado en 1897 no dudó en afirmar que la procedencia del proyectil provenía fue de la batería localizada en el monte Janeo. También en el diario de campaña del veterano carlista Telesforo Saenz de Ugarte que escribió tras finalizar la guerra, se hacia la siguiente anotación (publicado gracias a la labor del recientemente fallecido historiador Julio Arostegui):

“Día 29. Estando en el pueblo de San Fuentes observando al enemigo todos nuestros Grales. tiró el enemigo varias granadas de Monte Janeo a dicho pueblo, que dista más de una legua y una de ellas hirió al Gral. Ollo que murió al día siguiente, también al valiente Brigadier Dn. Teodoro Rada (a)Radica, uno de los más valientes del ejército carlista que también murió a los tres días y muerto en el acto el Auditor de Guerra del Ejército del Norte”.

O como Juan Botella Carbonell, que hace un especial “refrito” con las noticias periodísticas en su libro editado 1876, “La guerra civil en España de 1872 a 1876”:

“[…] Al amanecer del día 28 se hallaban en la puerta de la casa llamada del Cura (dos kilómetros a la izquierda de la iglesia, de San Pedro), Elio, Dorregaray, Lizárraga, Ollo, Radica, el auditor de guerra, dos coroneles, los ayudantes de los generales y algunas personas más, hasta el número de unos treinta. Salía el sol, y Elío que padecía de la vista, instó a Dorregaray y Lizárraga a marcharse de aquel sitio, porque le oféndanlos rayos del astro naciente; y en efecto, se bajaron por una cañada cubierta todavía de sombra. Pocos momentos después, de la batería del tercero montado situado en Las Carreras, que mandaban los Sres. Alberico y Michel, se disparaba la primer granada del día contra aquel grupo, que había sido divisado por aquellos vigilantes artilleros y·con tal precisión fue dirigido el proyectil, que cayó en el centro del grupo […]”.

El autor sin duda reinterpreta la noticia inicial (disparo fortuito contra la casa cural de San Pedro que acaba reventando en el campo de Sanfuentes), ensalzando la habilidad de los artilleros y ojeadores liberales, de forma que el primer disparo que realizó la batería de Las Carreras tuvo como destino la reunión de oficiales carlistas que habían divisado saliendo del caserío que recibe el nombre de “casa del Cura”.

El Arma

Existe una lámina que ilustraba uno de los libros de Historia Contemporánea de Pirala que recrea el momento de la explosión de la granada, donde indudablemente el dibujante se tomó no pocas libertades a la hora de describir el hecho.

Muerte del General Ollo
La lámina, no exenta de un dramatismo bastante estático, nos presenta el momento donde una “bomba” esférica, que por su tipología parece de mortero, hace explosión en el centro del grupo… . Nada más lejos de la realidad. La artillería que el ejército liberal lleva a Somorrostro se encuentra entre la más moderna del momento. Cañones de retrocarga rayados, entre ellos, los fiables Krupp de 8 cm de acero, unos temidos Plasencia de montaña y una variedad de calibres superiores de bronce, todos rayados. 

Por otro lado, las granadas que disparan se alejan mucho de las esferas de hierro hueco que muestra la lámina, siendo proyectiles cilíndrico-ojival, con un cuerpo de hierro relleno de pólvora y una espoleta de percusión, donde la explosión por contacto, produce una letal lluvia de cascotes metálicos. El paso previo a este tipo de munición, las granadas de “tetones”, también tiene su importante  hueco en Somorrostro. 

Por lo tanto, ya se puede descartar que el proyectil que hizo explosión se pareciera, ni remotamente, al que presenta la lámina de Pirala. De hecho, en la mayoría de las descripciones, independiente de la fuente, indican que el origen del proyectil eran los famosos cañones Krupp o Plasencia de 8 cm, y la granada, de tipología denominada de “envuelta pesada”, precisamente por una camisa de plomo que recubría el cuerpo de hierro, montando una espoleta de tipo prusiano, modelo 1868. La confirmación a esta hipótesis la encontramos en una carta manuscrita que Joaquin Llorens, como testigo directo de los ocurrido, relataba al Barón de Montevilla en 1927: "[...]. La granada que lo hirió fue la tercera disparada con el cañón Plasencia". 

De hecho, parece ser que fragmentos de esa granada fueron recogidos por los allí presentes y atesorados como recuerdo. Según consta en una noticia del diario “La Iberia” de la edición de 18 de junio de 1883: 

Proyectil de envuelta pesada de 8 cm.
Tomado de http://www.amonio.es/ 
“[…] el Figaro de Paris ha presentado al público, en una de las vidrieras de su exposición permanente, la boina, la faja y el sable que llevaba el cabecilla carlista Ollo, […], el día que fue muerto por la granada Krupp […].La espoleta de la granada que se extrajo de dentro del cuerpo del caudillo carlista, se encuentra igualmente en la vidriera. Estos objetos que están llamando mucho la atención en Paris están destinados al museo histórico que está formando en la lujosa y gran sala de armas del palacio Loredan, en Venecia, el pretendiente D. Carlos de Borbón.”

También el oficial carlista de origen granadino Carlos Calderon Vasco poseía alguna de estas piezas y encontrándose ya en el lecho de muerte (extraído del libro 20 años con Don Carlos): 

“encargó a su ayuda de cámara que, apenas le enterrasen, se fuese a Venecia y entregase a don Carlos, para que los conservase en la sala de banderas del palacio Loredán, varios recuerdos, entre ellos el último sable que había usado durante la guerra, sus condecoraciones y el casco de la granada que mató a Ollo, Radica y Escudero, y al cual estaba todavía adherido un pedazo de paño rojo de un pantalón de uniforme”.

Otra descripción del arma la tenemos en el diario “El Porvenir” en su edición de la 21 de agosto de 1907, donde hace referencia a los últimos momentos de la vida de Radica: 

“[…] examino el pedazo de hierro que le había herido perteneciente a una granada del sistema Plasencia o Krupp y a su parte ojival […]. Por la tarde encontrose tan bien que se entretuvo en sacar, valiéndose de una pinzas, un pedazo de pantalón pegado a la parte cóncava del caso de granada […].”

Las Heridas

En la bibliografía consultada existe un alto grado de similitud en relación con la descripción de las heridas que produjo la explosión de la granada en los hombres que allí se encontraban, si bien, también aquí existen diversas versiones y no pocos adornos posteriores. De hecho, en la confusión de las primeras noticias se indicaba que Ollo no había sobrevivido a la explosión o como en “La Iberia” del 5 de abril 1874 donde se comentaba:

 “[…] la herida de Radica es de un casco de granada en el pecho”.

Por su parte en “La Lucha” del 12 de julio de 1874 aparece esta descripción:

“La pierna derecha del faccioso (Ollo) fue triturada, y en pecho y cabeza recibió heridas de gravedad. Radica con igual suerte recibió fuertes lesiones en las piernas y el auditor murió en el acto.”

Bastantes años después el diario “El Porvenir” del 7 de agosto de 1907, citando la descripción del hecho que aparece en el Estandarte Real de 1889, añade algunos detalles:

 “[…] Ollo cayó sobre el costado derecho pronunciando las palabras ¡Dios Mío!. […] partida por la rodilla la pierna derecha, destrozada la espalda y metida dentro de él la espoleta del proyectil […]”.

La descripción oficial que muestra la “Narración Militar de la Guerra Carlista” (1883) indica lo siguiente: 

Muerte del General Ollo. Tomado de
Album siglo XIX
“[…] Ollo recibió dos heridas, una en un muslo y otra en la espalda, en la cual se le clavó la espoleta […]; Rada fué herido en un muslo, con pérdida de una gran parte de la nalga derecha […]; un casco de granada hirió en la garganta al auditor, que murió también á los cuatro 6 cinco días”.

Lo cierto es que los elementos de heridas en las piernas y espalda se repiten, indicando que tanto Ollo como Rádica presentaban grandes heridas, algunas con pérdida de masa muscular en la zona posterior del cuerpo. Por lo tanto, la lluvia de fragmentos les llegó mientras ellos se encontraban de espaldas a la explosión, llevándose la peor parte, y posiblemente cubriendo con sus cuerpos al coronel Torrecilla que se encontraba frente a ellos y que únicamente recibe heridas leves. Por su parte, el auditor, tiene la mala fortuna de recibir un fragmento de metralla en la garganta. Resumiendo, la lámina que muestra el estallido de la granada en el centro de la comitiva, tampoco se ajusta a la realidad del momento.

Tampoco es muy verosímil la lámina de época que ilustrada la retirada de un Ollo herido en una camilla mientras se despide de sus generales. Las heridas que tenía, con metralla alojada en la espalda y heridas graves en las piernas difícilmente le hubiera permitido estar “cómodo” recostado en una camilla.

El Lugar

"El Regional" del 23 de octubre de 1897
El lugar de la muerte de Ollo y Radica quedó incorporado inmediatamente al imaginario carlista, convirtiéndolo en un lugar de visita obligada, tal y como indica esta noticia aparecida en el periódico “El Regional” con fecha de 23 de octubre de 1897 que hace referencia a la visita que al entonces ya diputado carlista Joaquín Lloréns Fernández de Cordoba, junto con otros reputados tradicionalistas del momento, realizó al lugar.

"El Día" del 27 de junio de 1930
Posteriormente, y ya en el año 1930 la Junta Carlista de Navarra, a cuya cabeza se encontraba Joaquín Baleztena Azcárate, presentó un proyecto para levantar una placa conmemorativa en el lugar donde murieron Ollo y Radica, comunicándole al pretendiente carlista del momento, Jaime III, sus intenciones. La respuesta del mismo se publicó en el diario “El Día” del 27 de junio de 1930. La intención era comprar el terreno y colocar una placa conmemorativa donde se produjo la explosión de la granada. Para ello abrió una suscripción con donativos para recaudar el dinero suficiente. 

Uno de los Caseríos de Sanfuentes
donde según la tradición se reunieron los oficiales
carlistas. Tomado de
http://km-130.blogspot.com.es/
A falta de datos más concretos la localización de este campo en el pueblo de Sanfuentes resultaba de notable complejidad. Sin embargo, por suerte, en la memoria colectiva de la zona ha quedado un importante poso de la carlistada. Carlos Lopez, habitante de San Fuentes, ha recogido de boca de su padre la siguiente información, que se ajusta notablemente a las descripciones bibliográficas:

“Mi padre vivió en la casa de al lado y recordaba como en su juventud, tendría hoy 93 años, en determinada fecha se acercaban por allí viejos carlistas y realizaban algún acto de recuerdo. También comentaba que el terrenito fue adquirido por los carlistas para realizar en el algún monumento conmemorativo, cosa que nunca se materializó. Le pregunte al que actualmente lleva la finca por el propietario y me dijo que era de los carlistas...”.

De hecho, también la tradición oral de la zona es capaz de señalar el caserío donde se reunían los oficiales carlistas, si bien, existen dos caseríos cercanos que se ajustan por tipología a los hechos.  El terreno supuestamente adquirido por los carlistas encuentra junto a estos caseríos, en la ladera que mira a San Pedro de Abanto. Esta localización, resulta crucial para realizar la siguiente parte de la investigación.

Los dos caseríos que según tradición pudieron ser utilizados como punto de reunión para los oficiales carlistas y
campa adyacente donde se produjo la explosión de la granada
Gracias a la amabilidad de Juanjo Diez disponemos de una fotografía procedente del periódico tradicionalista "Estampa Tradicionalista" que corrobora lo antes expuesto, donde a pie de imagen de principios del XX aparece la siguiente leyenda: "La cruz señala el punto preciso en que reventó, por percusión, la granada sistema Plasencia, que mató el 29 de Marzo de 1874 a los generales Nicolas Ollo y don Teodoro Rada, el auditor de guerra señor Escudero, el hirió al secretario de campaña del general Ollo, Coronel Torrecilla, cuando el general se dirigía la inmediato caserío para firmar las órdenes de ataque al campamento constitucional, a las nueve de aquella noche. En este mismo lugar se inaugurará (cuando se pueda) un monumento conmemorativo ya esculpido y costeado por suscripción popular a la incitativa del director de "Estampa Tradicionalista".

Fotografía que marca el lugar "exacto" donde cayó la granada procedente de la revista "La Estampa Tradicionalista".
Foto cortesía de Juanjo Diez

La Procedencia del Disparo

No es la primera vez que hablo en este blog de las bondades de los Sistemas de Información Geográfica (SIG). Esta vez vamos a tratar algunas de las posibilidades del “análisis espacial”, de forma que el SIG nos aporta herramientas para manipular, modelizar y analizar datos espaciales con el objetivo de establecer hipótesis de máxima verosimilitud, en relación con el hecho que estamos estudiando. No es la temática de este blog explicar el funcionamiento interno de un SIG, por lo que vamos a simplificar todo el proceso cálculo, dando únicamente salida a los resultados finales. Estos son los pasos fundamentales:
  • Generación de un modelo 3D: Primeramente hemos generado un modelo en 3D del campo de batalla a partir de un modelo digital de terreno. Esto nos permitirá tener una visión global de la zona, donde vamos a incorporar todos los datos geográficos que se juzguen necesarios. 

  • Georeferenciación de los elementos de partida: Se procede a localizar y a generar de forma específica una capa donde queden registrados la localización geoposicional de todos los elementos de interés. En este caso hemos establecido los siguientes elementos:
  • Campa donde según tradición oral se encontraban los oficiales carlistas 
  • Batería de “Las Carreras”: Hemos optado por una posición de batería “estable”, localizada en una pequeño alto a la derecha de Las Carreras ya que el ejército liberal hizo avanzar y retroceder numerosas piezas, pero mantuvo, en la medida de lo posible, las bocas de fuego en los lugares estratégicos. 
    Lamina de la "Ilustración Española y Americana"
  • Batería de “Mira-torres”: En una de las crónicas se indica que la procedencia del disparo era desde esta batería, sin embargo, su localización ha sido notablemente complicada dado que no existe este topónimo y la única referencia que teníamos era una lámina aparecida en la “Ilustración Española y Americana”. En este sentido hay que agradecer a Armando del blog KM130 las gestiones de consulta que ha realizado para localizar este topónimo. Finalmente optamos por recrear en el modelo 3D la vista generada en la lámina.
  • Batería de Janeo: La geoposición de esta batería no presentaba dudas.  
Igualmente es necesario destacar las posibilidades de trabajo que aporta la herramienta gratuita “Google Earth”, donde la modelación que tiene del 3D del paisaje nos permite “vuelos virtuales” realmente realistas, así como cálculo espaciales sencillos.



Una vez hecho esto, ya estamos en disposición de afrontar las primeras cuestiones: 

Distancia de Disparo

¿Se encontraban los oficiales carlistas “a tiro” de los cañones liberales? Resulta necesario conocer el alcance máxima de un cañón Krupp de 8 cm. La bibliografía habla de una distancia máxima de unos 4.780 metros en condiciones óptimas, sin embargo, es más realista suponer que su fuego efectivo no superase los 3.500 metros, y todo ello, teniendo en cuenta que era necesario apuntar y afinar el tiro a semejante distancia. A 3.500 metros, incluso utilizando unos buenos prismáticos una reunión de 4 hombres se tiene que ver con una cierta dificultad, y calcular un trayectoria parabólica con los medios de 1874 para acertarles tiene que ser complicado.

Hemos procedido a realizar a calcular un área de influencia de 3.500 metros para estas baterías. El resultado se muestra en la siguiente lámina:

Áreas de influencia de 3.500 metros de las baterías
Resulta significativo observar cómo para la batería de Janeo, los oficiales carlistas estarían prácticamente en su límite acción, mientras que en el caso de la batería de “Mira-torres” quedaría fuera de su radio de acción efectivo. En cualquier caso, también es de destacar que San Pedro Abanto, el centro de defensa de línea carlista, se encuentra a distancia efectiva de todos los cañones
.
La Visibilidad de los Artilleros

¿Se encontraban a la vista de los artilleros liberales los oficiales carlistas? Indudablemente el disparo de las baterías estaba condicionado por la orografía de la zona, existiendo lugares fuera del área de visibilidad directa del artillero y donde un disparo parabólico bien pudiera colocar una granada, pero lógicamente, sin contar con una visión directa del blanco. 

Hemos procedido a realizar un análisis de “visibilidad” con el GIS, tomando como referencia la localización de las baterías y el modelo digital de terreno. El resultado es la generación de una capa raster, donde el color verde queda representado el terreno que un observador localizado en el punto de origen es capaz de visionar.

Batería de Janeo 

Desde la batería de Janeo hasta la campa donde se suponen estaban los oficiales carlistas la distancia es de unos 3.800 metros. El análisis de visibilidad muestra que para un artillero situado en Janeo el área visible de la zona de Sanfuentes era notablemente reducida. La línea de visibilidad generada nos indica un disparo de “arriba-abajo”, por distancia posible, pero con la notable dificultad para el artillero de acertar a un blanco pequeño, lejano y con una visibilidad muy reducida. Bastaría que los oficiales se desplazasen unos metros para ocultar su situación.
Análisis de visibilidad de la batería de Janeo a San Fuentes
Batería Miratorres

En el caso de la batería de “Miratorres” la distancia hasta el campo donde supuesta se encontraban los oficiales carlistas es de 4.500 metros. En este caso los artilleros tendrían una perfecta visión de todos y cada uno de los movimientos que se estaba dando en la esos terrenos. De nuevo nos encontramos con un disparo de arriba-abajo, con muchos menos obstáculos, que posibilitaría una fácil rectificación del disparo; si bien es este caso la limitación se encuentra en la distancia de disparo. Tal vez, demasiado lejos.
Análisis de visibilidad de la batería de Miratorres a San Fuentes
Batería Las Carreras

Por último la batería de “Las Carreras”, se encuentra a una distancia de 2.068 metros, con una clara visibilidad del punto que hemos establecido como localización de los oficiales carlistas y de las campas adyacentes. Además, en la trayectoria de fuego nos encontraríamos San Pedro de Abanto, siendo un disparo de abajo-arriba. 
Análisis de visibilidad de la batería de Las Carreras a San Fuentes
Existe otro dato que resulta de interés: las crónicas hablan en muchos casos que ese día se estaba haciendo fuego contra las defensas de San Pedro. Según contó el veterano Isidro Olejua Salinas, navarro nacido en Escaroz al padre Apalategui:

“Somorrostro, Marzo 74. Sobre S. Pedro de Abando (en el fondo del semicírculo entre S. Pedro y Murrieta). La granada que mató a Ollo y Radica pasó sobre nuestras cabezas”
.
Todos indican que el disparo cruzó San Pedro. Si tomamos esto como cierto, las trayectorias que tenemos desde la batería de Janeo o Miratorres no se ajustan a este condicionante. Sin poder descartar las otras, la batería de Las Carreras presenta todos los requerimientos para ser el origen del fuego que acabo con la vida de Ollo y Radica.

¿Disparo Fortuito o Intencionado?

En la crónica del corresponsal J. Alcazar se indica un disparo fortuito que había sido dirigido contra la casa cural de San Pedro de Abanto. Si analizamos el último mapa de visibilidad se observa que la trayectoria del disparo desde Las Carreras es claramente coincidente con lo expuesto…salvo un pequeño detalle… la altura. Es decir, la batería de Las Carreras (Z =111) prácticamente realizaba un fuego directo (en línea recta) sobre San Pedro (Z = 120). Por lo tanto, un disparo errado que tuviera como objetivo San Pedro de Abanto, no caería en la supuesta localización de los oficiales carlistas, que se encuentra a más altura (Z = 142), ya que se tendría que elevar, sino a unos 20 metros más abajo.

Gracias a la amabilidad de Victor Sierra-Sesumaga, hoy disponemos de documentación que da una clara respuesta a esta pregunta. El entonces oficial de artillería Joaquin Llorens estaba presente el fatídico día y relata en una carta manuscrita que fueron tres las granadas que cayeron en las cercanías de los altos mandos carlistas: "La primera la dispararon sobre las 3 de la tarde. [...] La segunda granada la dispararon sobre las 3:30 están doblando Ollo hablando con Radica y fue cuando el primero dijo “vámonos que nos nos tiran”. En esto llegó Torrecilla y Escudero y al dirigirme al caserío cayó la tercera 6 o 8 minutos después de la segunda".

Por lo tanto, los oficiales fueron conscientes del peligro que corrían pero lamentablemente para ellos, los oficiales de artillería liberal únicamente precisaron de escasos 10 minutos para corregir el disparo, recargar el arma y hacer blanco.

La Conclusión

En una posible reconstrucción de los hechos, nos encontraríamos con una reunión rutinaria de los oficiales carlistas en Sanfuentes. Concluida la misma, proceden a “estirar las piernas” y tratar otros temas en el exterior. A estas alturas ya deberían de haber tenido bien claro que el ejército liberal se encontraba trabajando en nuevos emplazamiento de artillería en las últimas casas de Las Carreras y que San Pedro de Abanto era un objetivo diario de las granadas de todas las baterías. Pero, por algún motivo que desconocemos, es muy posible que consideraran que no había peligro, o incluso, desearan comprobar directamente el avance que había realizado el ejército liberal. Lo cierto es que si asumimos como cierto la información que ha quedado en la memoria colectiva de Sanfuentes, el campo donde se encontraban y las zonas adyacentes eran bien visibles desde la batería de Las Carreras y Mira-torres. Muy posiblemente sus actividades fueron seguidas por los artilleros liberales de Las Carreras, más cercanos en la distancia, y que ausencia de la molesta presencia de tiradores carlistas tendrían tiempo suficiente como para seguir la evolución de los oficiales carlistas. Hoy ya podemos afirmar que precisaron de varios disparos para afinar el fuego y finalmente acertar.

Pero todavía nos falta conocer el origen de a de la granada. Aunque cualquiera de las baterías que hemos estudiado pudo colar un disparo de estas características en la zona de Sanfuentes, únicamente las lanzadas desde Las Carreras tienen en su trayectoria las posiciones de San Pedro, aunque como ya hemos comentado, los confiados oficiales carlistas deberían de haberse encontrado unos metros más abajo. 

Y como no podía ser de otra forma, no puedo dejar de incorporar la posibilidad de una "hipótesis conspirativa”, donde prestemos oídos a los rumores de una conspiración interna para quitar del medio a un general que estaba acaparando demasiado poder. No ha sido la primera vez que estas tesis planean sobre la muerte de una general carlista; de hecho todavía hoy en día suscita suspicacias la herida que recibió Zumalacarregui durante el Sitio de Bilbao en la I carlistada. En nuestro caso la granada que mató a a Ollo y Radica, no pudo nunca provenir de la artillería carlista porque en esos momentos el ejército carlista carecía de cañones que disparasen granadas de 8 cm en la línea de Somorrostro; pero… .


Agradecimientos: A Armando del blog Km130, Carlos Lopez, Juanjo Diez y Victor Sierra-Sesumaga.

Actualización del 09/03/2017: Gracias a la amabilidad de Juanjo Diez, se incorpora una antigua fotografía inédita del lugar donde estalló la granada.

Actualización del 04/02/2018: Gracias a la amabilidad de Victor Sierra-Sesumaga se incorporan varios fragmentos de una carta manuscrita de Joaquín Llorens y Fernández de Córdova al Barón de Montevilla fechada el 8 de marzo de 1927.

El día 17 de octubre de 2015 fallecía de forma repentina Armando, autor del blog Km130. Fueron muchas las conversaciones y correos que nos intercambiamos relacionados con el campo de batalla de Somorrostro. Tenía muchos proyectos por realizar y publicar, entre ellos, un estudio demográfico basado en las archivos parroquiales relacionado con los efectos de las batallas de Somorrostro. Era un gran conocedor del terreno y de la historia de los lugares donde había nacido y vivido. También era una excelente comunicador, colaborando de forma altruista en cualquier materia de divulgación que estuviera relacionado con sus múltiples intereses. Gran investigador, un perfecto historiador y sobre todo, una maravillosa persona. Sirvan estas lineas como homenaje a Armando Cruz.